Energía:
· Hechos: Se abandonó la reforma energética de 2014, que comenzaba a generar resultados tangibles. A Pemex y a la CFE se les despojó del carácter de empresas productivas del Estado para regresarlas al modelo de paraestatales ineficientes: pozos sin fondo de subsidios y asignaciones presupuestales. Ambas perdieron valor, comprometieron su operación y acumularon deudas que amenazan la viabilidad de las finanzas públicas. Para blindar ese modelo fallido se crearon barreras constitucionales que les garantizan monopolios. El resultado: no hay energía suficiente, los apagones son rutinarios y México depende de importaciones para cubrir necesidades básicas de abasto.
· Contrafactual: La Reforma Energética habría seguido multiplicando sus resultados: en 2019 ya había generado el costo más bajo de energía eléctrica en el mundo. Pemex habría evolucionado hacia un modelo de eficiencia comparable al de Petrobras. La CFE, con competencia privada en los segmentos de producción, habría fortalecido su rentabilidad en otras fases, ofreciendo un sistema de distribución amplio y eficiente. Los sistemas nacionales de distribución de hidrocarburos y electricidad se habrían robustecido. México tendría hoy energía de sobra para crecer.
Campo:
· Hechos: Se prometieron apoyos al campo y se entregaron programas clientelares sin infraestructura ni financiamiento productivo. Se desaparecieron las instituciones de crédito rural. La producción de maíz y otros cultivos estratégicos cayó, profundizando la dependencia de importaciones, principalmente desde los Estados Unidos. El sector agroindustrial opera sin certeza jurídica. La extorsión es ya un problema estructural en las zonas rurales. México, con todo su potencial agrícola, pierde soberanía alimentaria día a día.
· Contrafactual: México habría avanzado en la tecnificación del campo e impulsado las exportaciones de hortalizas y productos con ventajas competitivas climáticas y de calidad. El financiamiento a organizaciones productoras habría crecido en volumen y alcance. La complementariedad agrícola con Estados Unidos —una de las oportunidades más claras del T-MEC— se habría profundizado. La balanza comercial sería más favorable y la soberanía alimentaria, una realidad en construcción.
Política Exterior:
· Hechos: Se menospreciaron por completo los vínculos internacionales de México. La retórica populista produjo afirmaciones sin sentido como que “la mejor política exterior es la política interior”, bajo la cual México se fue marginando de organismos y foros internacionales clave. Se generaron roces y alejamiento con Estados Unidos, España, Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia y otros países. El resultado: un México que perdió posición, respeto y capacidad de influencia justo cuando más lo necesitaba. Una tradición diplomática de décadas, destruida en pocos años.
· Contrafactual: México ejercería hoy un liderazgo constructivo en los organismos multilaterales y en la defensa de los mecanismos de resolución de controversias. En América Latina sería un referente de institucionalidad democrática. La coherencia entre su política interna y sus compromisos internacionales le daría la estatura para defender con firmeza el T-MEC y otros tratados. Tendríamos un México respetado, confiable y con agenda robusta.
Medio Ambiente:
· Hechos: Se prometió que la construcción del Tren Maya no talaría un solo árbol. Se talaron más de 10 millones, y nunca se rindió cuentas sobre el destino de esa madera. La refinería de Dos Bocas se construyó sin evaluación ambiental rigurosa. En ambos proyectos —y en muchos otros— se ignoraron los controles mínimos para proteger ecosistemas sensibles. Daños que en muchos casos son irreversibles. Paralelamente se recortaron los presupuestos de las autoridades ambientales y se optó por producir electricidad quemando carbón y combustóleo, abandonando los proyectos eólicos y solares. Un desprecio sistemático y documentado por el entorno natural.
· Contrafactual: México habría continuado fortaleciendo su sistema de protección ambiental. Los ecosistemas de la Península de Yucatán —incluyendo el suelo cárstico, uno de los más sensibles del planeta— no habrían sido afectados. La refinería de Dos Bocas nunca se habría construido: las refinerías existentes se habrían reconfigurado y modernizado. La CFE habría avanzado en la generación limpia. México sería hoy un país con credenciales ambientales sólidas y energía renovable en expansión.
Militarización:
· Hechos: Morena prometió, antes de llegar al poder, que las tropas regresarían a los cuarteles. Ocurrió exactamente lo contrario: el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional asumieron cientos de funciones antes a cargo de autoridades civiles, ejerciendo presupuestos multimillonarios en opacidad absoluta. Las fuerzas armadas se distrajeron de su misión constitucional de seguridad nacional, se vieron desbordadas en tareas de seguridad pública para las que no están diseñadas, y se contaminaron con redes de corrupción. El resultado es un deterioro múltiple: en eficacia operativa, en impunidad institucional y en la aprobación ciudadana de las propias fuerzas armadas.
· Contrafactual: México habría seguido consolidando el sistema penal acusatorio. Las policías y fiscalías habrían recibido presupuestos crecientes y formación especializada. Las fuerzas armadas, concentradas en seguridad nacional y en la cooperación con autoridades internacionales para desmantelar estructuras criminales, mantendrían su credibilidad institucional intacta. Lejos estarían de esquemas de corrupción institucional. Serían el brazo fuerte del Estado Mexicano.
Combate a la Delincuencia:
· Hechos: Morena dijo que sabría pacificar el país. Lo que hizo fue exactamente lo opuesto. La estrategia de “abrazos, no balazos” fue, en los hechos, un pacto: si los grupos criminales operaban electoralmente a favor de Morena, el gobierno no los combatiría. El resultado fue la expansión territorial de la delincuencia organizada por casi todo el país, la normalización de la extorsión como condición de operación para cualquier negocio y la participación abierta de esas organizaciones en procesos electorales. El huachicol fiscal es el producto más visible de esas ligas. Las recientes acusaciones desde Estados Unidos contra funcionarios vinculados a cárteles en Sinaloa no son casualidad: son consecuencia. Y la lista sigue creciendo, porque las conexiones llegan a los niveles más altos del poder. Es por eso que no se entregan los indiciados reclamados por EUA, aunque ello ponga en riesgo la relación binacional, incluyendo la no renovación inmediata del T-MEC.
· Contrafactual: Con aplicación plena de la ley y coordinación efectiva con autoridades de Estados Unidos, México habría seguido acotando los negocios ilícitos de las organizaciones criminales. La participación de cárteles en elecciones o en la designación de candidatos habría sido impensable e impracticable. Los contrapesos institucionales —organismos constitucionales autónomos, poder judicial independiente, prensa libre— habrían seguido funcionando. El avance democrático habría continuado. A los delincuentes se les hubiera siguiendo persiguiendo y procesando. No se les hubiera consentido ni protegido. El crimen organizado estaría siendo minado y con cada vez menor influencia en la vida nacional.
El recuento anterior no puede ser exhaustivo, pero es bastante representativo de lo ocurrido y lo que pudo ser un destino distinto. Tampoco es una lista de quejas: es la medición de la devastación. Sector por sector, decisión por decisión, México perdió lo que tenía y dejó de construir lo que pudo haber sido. La acumulación de daños en salud, educación, seguridad, justicia, corrupción, infraestructura, energía, campo, política exterior, medio ambiente y Estado de derecho no tiene paralelo en la historia contemporánea del país. Es de esa magnitud el golpe: comparable, en sus efectos sobre la institucionalidad y el bienestar ciudadano, al de los populismos totalitarios del siglo pasado.
Pero el peor análisis contrafactual sería el que habría que hacer en unos años si hoy no actuamos. La oportunidad de cambiar el curso está delimitada por una fecha: el 6 de junio de 2027. En esas elecciones o demostramos voluntad democrática plena, o esta generación no volverá a ver un México con libertades y derechos reales. No es momento de lamentarse: es momento de actuar. Cada quien tiene algo que aportar. Y la cita es única, impostergable y para todos. Que el próximo análisis contrafactual sea el que celebre que supimos estar a la altura de los riesgos para el país. Los problemas están frente a nosotros. No hay espacio para el error, no después de tanta evidencia de lo que sucederá si les permitimos seguir en la ruta actual de devastación.