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Los populistas. La historia no miente

En nuestro país tristemente se está repitiendo una escena de deterioro absoluto como resultado de un guion muy gastado e insostenible al cual se acogen los gobiernos populistas.
vie 01 mayo 2026 06:02 AM
Populismo
Arribo democrático: estos gobiernos suelen llegar al poder por la vía del voto popular. Es decir, no son resultado de un golpe de estado abrupto. Pero una vez que se instalan en el poder, deciden que no van a permitir que nada ni nadie los reemplace, lo que revela un evidente sesgo antidemocrático, apunta Juan Francisco Torres Landa. (RapidEye/Getty Images/iStockphoto)

Uno de los grandes temas en esta vida es lo que se debe aprender de la historia. Y es que aunque hay escenas y tendencias que se han visto en el pasado, no es extraño que errores se vuelvan a repetir. No aprendemos de las experiencias previas, a pesar de saber que se han confirmado enormes casos de abusos y fallas estructurales. La memoria es muy flaca y parece que la humanidad está dispuesta a volver a caer en el mismo hoyo sin entender todo lo malo que puede suceder otra vez.

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La reflexión viene al caso porque en nuestro país tristemente se está repitiendo una escena de deterioro absoluto como resultado de un guion muy gastado e insostenible al cual se acogen los gobiernos populistas. No hay nada nuevo bajo el sol. Todo es una repetición vulgar de la misma receta y se abusa de la buena fe de la gente que cae presa de una narrativa hueca que sin embargo impacta la toma de decisiones y la afinidad a cierta propuesta electoral.

Los gobiernos fascistas de los años 30 del siglo pasado en Italia y Alemania son de las expresiones más claras de cómo líderes carismáticos pueden llevar a sociedades aparentemente sólidas hacia extremos de actuación que amenazaron no solamente la estabilidad de dichas naciones, sino que extendieron la crisis a muchos otros países de la región, y en un extremo muy complicado, a una conflagración mundial de un gran desgaste humano.

A pesar de la evidencia flagrante de qué tan mala puede resultar una receta populista para cualquier país, el modelo se ha seguido reproduciendo en varias latitudes con temas comunes de consecuencias nefastas. Es igualmente reconocible la secuencia de que no hay beneficio o resultado tangible alguno. Pero sí vemos varios patrones que deben reconocerse para entender los alcances de este tipo de gobiernos, para definir su origen, existencia, y sobre todo su vida efímera.

Arribo democrático: estos gobiernos suelen llegar al poder por la vía del voto popular. Es decir, no son resultado de un golpe de estado abrupto. Pero una vez que se instalan en el poder, deciden que no van a permitir que nada ni nadie los reemplace, lo que revela un evidente sesgo antidemocrático. Su fin es minar las instituciones que los llevaron al poder para impedir que alguien más lo logre. La contradicción de términos es evidente y los devela como lo que son: gobiernos de extremo y sin vocación de competir en igualdad de circunstancias. Creen cumplir con un fin divino.

Creación de enemigos: para lograr su propósito de presentarse como salvadores de la nación y del pueblo, se dedican a polarizar a todos creando grupos en el país a quienes ellos definen como enemigos. A esos sectores que se crean ideológicamente como nocivos, se les achacan todos los males y se convierten en los hechos en la excusa para no dar resultados y no responsabilizarse de absolutamente nada de lo malo que suceda.

Eliminación de contrapesos: siguiendo la misma tónica de absolutismo, se dedican a minar todos los elementos que sean límites al poder. No les interesa reconocer límites legales ni obstáculos para sus decisiones. Parte de su plan radica en eliminar todos los instrumentos diseñados para fijar áreas en las que no se puede ejercer el poder. Esto pasa por violentar la misma Constitución y destruirla de ser necesario. Por el poder, todo. No hay límites en sus mentes.

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Devastación de instituciones: para lograr lo anterior, la agenda implica la erradicación de la arquitectura que sustenta a organismos cuya misión es ser diques a posibles excesos y arbitrariedades. En los hechos, se devastan las estructuras que tomaron años o décadas generar y que resulta indispensable desaparecer para que no haya quien señale que determinados actos son ilegales. La única voluntad que según ellos cuenta es la que se ejerce desde la estructura del poder populista. No hay pluralidad.

Vínculos con delincuencia organizada: a efecto de tener mayor eficacia en tiempos electorales, los gobiernos populistas se alinean con delincuentes que operan en favor de ellos para forzar votos de amplios sectores de la población. El problema grave es que, a cambio de ese pacto, el gobierno se dedica a dejar que las organizaciones delincuenciales operen impunemente, lo que en los hechos implica dejar a la ciudadanía a su suerte ante severos problemas de secuestros, robos, derecho de piso, extorsión y otras formas de expoliación. El Estado abdica a su principal obligación de dar seguridad a cambio de favorecer a quienes les aseguran votos a la mala. Una locura.

Incapacidad de gobernar: en los hechos estos gobiernos no dan resultados. Su misión es concentrar poder, culpar a los grupos disidentes de todos los males del país, premiar a los incondicionales, no profesionalizar las decisiones o actos de gobierno, y jamás aceptar responsabilidad de errores o pifias. Esto los lleva a ir navegando entre las distintas crisis que ellos generan, lo que en los hechos va creando una bola de nieve incontrolable.

Irresponsabilidad financiera: otra parte de la conducción de estos gobernantes es que dedican enormes recursos a la compra de voluntades entre el electorado a base de programas que dotan de recursos líquidos a los destinatarios, pero no elementos reales de movilidad social u otros de servicios públicos que permitan realmente procurar mejoras estructurales. De hecho lo que se pretende es generar una serie de dependencias con sectores de la población, pero jamás permitir cambios en sus condiciones reales de vida para que los apoyos se constituyan en un poderoso instrumento electoral. El problema es que los gastos se incrementan sin control y como el país no tiene un funcionamiento económico viable, entonces las finanzas públicas se erosionan progresivamente.

Inviabilidad operativa: la serie de problemas que hemos descrito propicia un desastre precisamente por la forma en que se manejan los recursos de la nación. La irresponsabilidad de no generar confianza, destruir las bases de inversión y minar la calidad de desempeño del gobierno produce un efecto de desgaste incremental hasta que se vuelve inmanejable y revienta la burbuja de problemas. Literalmente truenan al país porque su incapacidad para gobernar es extrema.

Destrucción sistemática: finalmente lo que se ocasiona es que estos gobiernos colapsan todo a su alrededor y logran una implosión de su propia narrativa para exponer sus fallas estructurales y ser confirmados como viles depredadores del poder, corruptos hasta la médula, e incapaces de hacer cosas buenas por el país. El despertar es complejo, pero inevitable. Se tienen que salir para no hacer más daño, y eso se logra con la unidad del electorado que finalmente sale del sueño inducido por los populistas.

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Y son todas estas características las que nos llevan a una conclusión clara y final. Los gobiernos populistas son insostenibles. Las únicas preguntas fundamentales son hasta cuándo duran y cuál es la magnitud de los daños que hayan causado cuando colapsan. Tenemos los ejemplos cercanos de Cuba y Venezuela para entender la magnitud de la devastación que se puede causar a una sociedad con este tipo de gobiernos, y a decir por las noticias recientes, no debemos estar ya muy lejos de ver que vengan cambios profundos en los gobiernos de dichas naciones porque la pauperización es ya insoportable. Hungría ya se deshizo de su gobernante populista, algo que parecía impensable hasta hace unos cuantos años.

Eso nos lleva a la pregunta clave: si los hechos se repiten, entonces la calamidad populista que llegó a México en 2018 también está condenada a extinguirse por cumplir todas las variables de la ruta de destrucción e insostenibilidad. Pero en ese contexto hay un elemento muy nocivo: los que ocupan el gobierno no entienden con facilidad que se deben ir por incompetentes y rapaces. Piensan o dicen que tienen derecho a permanecer eternamente por encarnar la voluntad del pueblo. Se autoconvencen de sus mentiras. Son adictos al poder. En el fondo son simplemente corruptos y voraces.

La salida de ese túnel pasa por una fórmula muy clara y contundente: la voluntad masiva ciudadana de abrir los ojos ante una fórmula de gobierno que es improductiva y letal. Insistimos en que recientemente vimos cómo los húngaros lograron precisamente el reemplazo del populista que ya llevaba más de 16 años gobernando. Esa es la salida inteligente, porque la otra alternativa es una que puede tener vertientes violentas como aconteció el siglo pasado en Italia y Alemania.

No podemos seguir permitiendo que Morena destruya todas las bases de convivencia democrática. En la historia reciente, la muy referida sobrerrepresentación les dio la ilegítima posibilidad de unilateralmente modificar las reglas constitucionales y destruir las bases de división de poderes, contrapesos e instituciones autónomas. Una tragedia que tristemente nos ha tocado presenciar y que constituye la razón de por qué hay que parar esta forma tan lesiva de querer gobernar. No podemos ser cómplices de tantos daños a la nación. La hemorragia tiene que parar.

En nuestras manos está entonces el repetir el ejemplo húngaro y ajustarlo a lo que mejor convenga para nuestra propia realidad. Sin duda, la máxima unidad posible entre la oposición, campañas eficaces, comunicación convincente, candidatos atractivos y unión de causas son indispensables para dar el campanazo. Ya las alarmas están en rojo. Ahora queda definir cómo queremos salir de esta pesadilla. Si queremos parar la tragedia, tenemos que ser estratégicos en las elecciones de 2027 para imprimir el mayor número de derrotas a Morena, demostrar que en efecto no son invencibles, y así fraguar la unión máxima que permita tener en 2030 la muy necesaria alternancia. Será en ese momento que demostremos que la historia no miente y que a los populistas se les bota con el voto masivo. No nos equivoquemos: en nuestras manos está reescribir el destino nacional. Es la oportunidad histórica que tenemos y la cual implica una cita a la cual no podemos fallar.

P.D.1. La visita de la Presidenta al evento de presidentes radicales en Barcelona hace unos días demostró que los gobiernos populistas se apoyan unos a otros y que están dispuestos a simular su solvencia a pesar de que en sus respectivos países las crisis que han generado confirman su insostenibilidad y destrucción institucional. Pura narrativa. Cero resultados.

P.D. 2. El caso de Edith en CDMX nos deja muy claro que cuando a las instituciones se les debilita, la remuneración oficial se reduce, y la corrupción se incentiva, entonces no hay forma de atender las legítimas causas de impartición de justicia. La cruda realidad es que se pierden hasta las más elementales razones para dar justicia, y en el caso específico haber evitado un feminicidio dolorosísimo para todos. Simplemente indolencia en el actuar.

P.D. 3. El engaño de seguridad social generalizada es brutal. No contentos con haber destruido el Seguro Popular y todos los asideros de una política de salud respetable, ahora salen con la novedad de que van a dar cobertura universal a la población, esté asegurada o no. Es una locura porque no existen ni las condiciones físicas, ni las finanzas que permitan absorber dichos gastos. Otra vil mentira para exhibir sus aspectos más débiles de sentido común y responsabilidad.

P.D.4. La visita de funcionarios de la ONU en temas de desaparecidos puso al descubierto los enormes vacíos que existen en la atención de este problema tan grave en el país. No es menor que una de cada 1,000 personas en México esté desaparecida y que ese número se siga incrementando. Realmente una situación de lesa humanidad y un gobierno que quiere minimizar los problemas que requieren atención en serio.

P.D.5. Los no preparativos para el Mundial en la CDMX están haciendo crisis. Tenemos un evento de visibilidad global y la ciudad está hecha un desastre. Iniciando con un aeropuerto inoperante, calles con baches, accesos insuficientes, y ahora la petición de la Jefa de Gobierno de que los locales no salgamos de la casa en los días de partidos. La solución entonces es que nos ocultemos para no hacer patentes las deficiencias. Vaya desprecio por todos los pobladores de la urbe.

P.D.6. La imputación al Gobernador de Sinaloa (y 8 personas más vinculadas a su gobierno) por parte de las autoridades de EUA, dejan claro que los vínculos de Morena con la delincuencia organizada no son solamente temas de referencias en la prensa, sino ahora es parte del proceso de persecución que en EUA se hace contra quienes se ligan a organizaciones que allá se definen como terroristas. Veamos hasta donde llega esta persecución sabiendo que hay muchos más servidores públicos con problemas similares, incluso a nivel del Ejecutivo y sus familiares y amigos.

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Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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