Una parte crítica de los procesos judiciales que están ocurriendo en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York es que hay condiciones procesales que serán aplicables a los nuevos destinatarios de las acciones. El proceso será muy similar al de un caso previo que Morena no se cansó de aplaudir como un caso de éxito y de justicia: la condena de Genaro García Luna. Ese antecedente es clave porque ahora no les queda otra más que aceptar un estándar de prueba en el que las declaraciones de testigos cooperantes tuvieron un peso determinante, complementadas con evidencia circunstancial. Lo que tanto aplaudieron ahora lo tendrán que aceptar en carne propia. Nadie sabe para quién trabaja. Y las pruebas parecen abundantes.
En fechas recientes Morena se ha multiplicado en buscar distractores para no hablar de lo trágico que resulta para su supervivencia el hecho de ser considerados formalmente como un gobierno asociado a organizaciones terroristas. En este proceso se volcaron contra Maru Campos, la gobernadora de Chihuahua, por supuestamente haber autorizado un operativo de captura de líderes delincuenciales en territorio chihuahuense en el que habrían participado agentes de la CIA. Curiosamente dicho operativo contó con la vigilancia perimetral del ejército mexicano, es decir, una autoridad federal. Pero en el esfuerzo de distraer la atención de lo que sucede en el caso del Gobernador, Senador y otras autoridades de Sinaloa, incluso se sugirió que la gobernadora chihuahuense era sujeta de un posible desafuero y proceso por responsabilidad penal. La realidad es muy distinta. El que tengamos un narco estado institucionalizado desde las más altas esferas de Morena hace que la definición de traición a la patria cobre una nueva dimensión. Y la estructura en Sinaloa encuentra semejanzas en Tamaulipas, Sonora, Michoacán, Morelos, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Baja California, entre otros. Y por derivación también a nivel del gobierno federal. Dios los hace.
En un intento desesperado de Morena por salvar a sus filas de las acusaciones desde EUA y la petición respectiva de detención inmediata y eventual extradición, la presidenta decidió que la forma de tratar de salir del callejón sin salida era exigir que se aportaran pruebas. Ignorando el texto del Tratado de Extradición y la importancia de la relación con EUA, la petición de pruebas rayó en lo absurdo. Pero cuando pensaron que tenían algo que decir, se dieron cita los testigos protegidos que desde el gobierno de Sinaloa se entregaron a las autoridades que llevan el caso en Nueva York. Así es que si pedían pruebas ahora los que declaran allá las aportarán a manos llenas. Menudo problema que tendrán los guindas ante la imposibilidad de decir que no hay evidencia de la culpabilidad de quienes claramente se asociaron con los hoy terroristas. Se acabó la fiesta.
La salida de este laberinto implica al menos tres cosas. Primero, que Morena y sus dirigentes asuman que ya salió al descubierto su cohabitación con los terroristas. Segundo, que si no se depuran rápidamente quedará evidente que el liderazgo actual es fiel a la apuesta de su precursor y, por lo tanto, que son también delincuentes. Tercero, que desde EUA no se les dará margen de maniobra: los que no actúen con rectitud y demuestren no ser cómplices de organizaciones terroristas estarán expuestos a la persecución judicial desde Nueva York u otros tribunales en ese país.
Y es que hemos estado sujetos a una mafia desde el poder en que se aliaron con la delincuencia por la vil y reprobable finalidad de hurtar recursos, dilapidar activos, y hartarse de ejercer atribuciones sin recato legal o moral alguno. Un ejemplo que los desnuda por completo es el huachicol fiscal: el esquema de facturación falsa y desvío de recursos públicos mediante empresas fantasma que permite a funcionarios y cómplices sustraer miles de millones de pesos del erario. En este ecosistema de corrupción se aliaron los delincuentes con el gobierno federal completo. El sistema solamente pudo haber tenido operatividad con la anuencia, complicidad y dirección de la Presidencia de la República. Ni más ni menos. Y esa responsabilidad migró a la actual presidenta puesto que ni se ha suspendido plenamente la actividad, ni se ha procesado a todos los inmiscuidos, y se ha tratado de desviar la atención a temas menores. A la ciudadanía nos toca reprobar ampliamente para que esta situación no se prolongue ni se repita. No podemos dejar que la alianza del narcoestado actual siga vigente. Esto no es normal. No lo debemos aceptar.
Está claro entonces que en 2027 nos jugamos el pellejo. En esta guerra un elector en cada hijo nos dio. No dejemos de participar y ser parte de la solución. No hay mañana si no nos comprometemos. La única forma de romper este pacto de impunidad pasa por las urnas. Debemos rescatar la vigencia de la máxima de punibilidad, que quien la hace la paga. Ya basta de tener a tantas personas que desde el poder y con sus aliados se han burlado sistemáticamente del estado de derecho. No podemos depender de los reclamos desde EUA, aunque en la coyuntura son bienvenidos y necesarios. Busquemos cómo dar el ejemplo democrático: votemos, participemos como observadores electorales, exijamos transparencia en las campañas y no permitamos que la desinformación sustituya al debate público. El país nos pide un acto de decencia mínima. No permitamos que este pacto se perpetúe en México. Merecemos mucho mejor destino. Que los que tanto daño han hecho finalmente paguen sus fechorías. En nuestras manos ese cambio.
P.D.1. La población de Chihuahua no se dejará engañar con trampas. Los ataques a Maru Campos desde el poder no sirven cuando es claro que los que critican a la gobernante son quienes están aliados con la delincuencia organizada. Ni en Chihuahua ni en el resto del país se va a permitir que esta putrefacción política siga contaminando la vida pública. Ya basta.
P.D. 2. En mi vida profesional como abogado conocí hace unos años un colega que huyó del autoritarismo en Venezuela. Con tenacidad y perseverancia el colega se naturalizó y se certificó para ejercer la profesión en México. Hace unos meses me anunció que emigraría a los EUA porque no podía volver a vivir el avance autoritario en un país. Su expresión fue lapidaria: van en la misma ruta que Venezuela, pero más rápido.