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Los sinsentidos de la discusión electoral

Hoy que tanto nos rasgamos las vestiduras por los planes A y B de Morena, nada se dice sobre los grandes vicios que generamos en nuestro sistema electoral, por ejemplo, con la reforma de 2008.
lun 23 marzo 2026 06:04 AM
Los sinsentidos de la discusión electoral
En un país donde los debates públicos se han vuelto cada vez más superficiales, más sesgados, más polarizantes y más desinformados, un tema tan relevante como nuestro sistema político electoral debería de buscar más cómo detonar diálogo y convergencias, al ser la base de la democracia, considera Don Porfirio Salinas. (Foto: iStock)

En las últimas semanas, la discusión pública ha tenido como uno de sus ejes centrales las propuestas de reforma electoral del Ejecutivo Federal. Primero, la más ambiciosa, y regresiva, que fue rechazada en el Legislativo. Ahora, el famoso Plan B.

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Sobre la primera propuesta, debemos reconocer que fue un movimiento interesante por parte de la presidenta aventarla, a pesar de saber que no tendría suficiente respaldo de los partidos aliados a Morena por trastocar sus intereses particulares, origen del PT y PVEM como partidos bisagra.

Habría que preguntarse el objetivo real de la presidenta con esta decisión. Por un lado, es claro que era una de las tantas herencias malditas de su mentor, AMLO. Como todas esas herencias, este era un intento más por desarticular el entramado institucional del país.

Por otro lado, la propia presidenta ha mostrado coincidencia en muchos de los intereses de su antecesor por centralizar poder, y desarticular lo poco que queda de las instituciones que por décadas se construyeron como contrapeso al profundo presidencialismos que nos caracteriza.

El haber enviado al Legislativo esa propuesta obradorista, sabiendo que no contaría con el apoyo necesario para aprobarse, puede tener varias interpretaciones.

Una de ellas es la falta de operación política eficiente para tomar control de los temas políticos, que no sería raro dada la trayectoria que hemos visto de su gobierno desde su toma de protesta, y la evidente falta de operadores eficaces.

Aunque otra lectura, y ojalá sea la correcta, es que lo hizo para matar el tema, sabedora de que era una reforma totalmente contraria al sistema democrático y de partidos. Una especie de vacuna en salud para matar el tema, y sus riesgos. Sería un movimiento más estratégico de lo que acostumbra.

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Pero también, su insistencia en enviar un Plan B diluido, que no inofensivo, abre también la lectura de que, aunque en menor medida que su creador político, la presidenta tiene plena convicción con la restricción de vías democráticas e institucionales para gobernar.

Claramente los componentes del Plan B, mucho más acotado que la primera versión, son poco conducentes al fortalecimiento de nuestro sistema político. Además de contrarios a la tradición de reformas que empezó en 1977 para la apertura democrática de México.

Sobre esto se han expresado la gran mayoría de opinadores y comentócratas, y por supuesto el intento que tenemos de oposición, enfatizando los objetivos autoritarios de la 4T para mantenerse en el poder. Y no les falta razón; aunque a muchos sí les falta legitimidad u objetividad para decirlo.

En un país donde los debates públicos se han vuelto cada vez más superficiales, más sesgados, más polarizantes y más desinformados, un tema tan relevante como nuestro sistema político electoral debería de buscar más cómo detonar diálogo y convergencias, al ser la base de la democracia.

Lamentablemente, la mayoría de quienes más se expresan públicamente al respecto están profundamente viciados por sus filias y fobias, opinando más con la víscera que con la razón, varios en un modo nostálgico de lo que alguna vez tuvieron, y perdieron a partir de la 4T.

Poco, o nada, se ha escrito o dicho sobre las dos últimas reformas político electorales que tuvimos: 2007/08 y 2013/14. Dos reformas que no fueron realmente en la línea de todas las anteriores, desde 1977 hasta finales de los años 90.

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Hoy que tanto nos rasgamos las vestiduras por los planes A y B de Morena, nada se dice sobre los grandes vicios que generamos en nuestro sistema electoral, por ejemplo, con la reforma de 2008 que desató la mayor oleada de dinero ilegal en las campañas electorales.

Esa reforma que, como dardo envenenado, pervirtió las contiendas y encareció de manera obscena los procesos electorales, consolidando redes de pseudo empresarios que apostaban a candidaturas que después, ya en sus cargos, les recompensarían generosamente.

O la manera en la que en 2013/14 se hizo una reforma que en nada abonó a mejorar el sistema, regalada por el Peñismo al PAN con el Pacto por México, por haberlos contravenido en la reforma fiscal. Esa reforma electoral que, por cierto, los creadores de Morena votaron en contra llamándola regresiva, a pesar de hoy impulsar algo igual o más regresivo.

En el debate público actual no se ve una discusión real y seria sobre las dolencias y vicios de nuestro sistema democrático, que empezaron mucho antes de la 4T por contubernios de liderazgos políticos corruptos, aprovechas al máximo por AMLO y sus huestes para hacerse del poder.

Estamos enfrascados en una caja de eco, quejándonos sobre las propuestas actuales, sin reconocer que hace mucho que estamos debilitando el sistema. Y mucho menos pensando cómo recuperar el rumbo perdido, para evitar que otra vez una fuerza política se haga de todo el control.

Por supuesto no es un escenario fácil. A la 4T se le facilitó todo, y su líder mesiánico supo aprovecharlo. Pero en la medida que sigamos sin tener políticos y líderes de opinión que realmente busquen un cambio integral, y no solo figurar, el autoritarismo se irá enraizando cada vez más.

Claro que hay que denunciar los riesgos de las propuestas oficialistas. Pero también hay que ir más allá, e impulsar una discusión profunda sobre lo que hemos hecho mal con nuestro sistema político, durante todo este sigo, y cómo revertir los daños para regresar al camino de la apertura democrática.

Es urgente pensar cómo haremos para construir ciudadanía activa en México, interesada, informada y participativa. Cómo generaremos cuadros de políticos ante el vacío que hoy tenemos. Cómo inculcaremos valores de respeto y tolerancia en nuestra sociedad para acabar con la polarización.

Para todo eso no se necesita una reforma electoral. Se necesitan proyectos que realmente vean por el país, y no por intereses particulares. Si nos enfocamos en ello, tal vez algún día podamos salir del atolladero que solos nos construimos, y dejemos atrás la visión centralista que tanto ha permeado.

Quejarse y criticar es mucho más fácil que proponer y construir. Y perpetua círculos viciosos de los cuales es muy difícil salir, con los costos que eso implica.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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