Y en México, tenemos a AMLO. Desde su llegada al poder, buena parte de la opinocracia se ha dedicado a criticar apasionadamente todo lo relacionado con sus errores de gobierno y su incongruencia entre dichos y hechos, señalándolo como el creador de la polarización en el país.
Pero convenientemente, sus críticos han ignorado los problemas sociales estructurales que venían de mucho antes de su llegada, y que dieron el amplio caldo de cultivo para su base votante.
Los grupúsculos privilegiados que se sintieron ofendidos por la 4T, se radicalizaron al mismo nivel que ellos mismos acusan en AMLO. Y en el proceso, olvidaron los excesos, abusos y corrupción del Calderonismo y el Peñismo. Ineficiencia y descontrol del foxismo. Rencor y revancha del zedillismo.
Pero sobre todo, se ha ignorado la profundización de las desigualdades sociales, de la discriminación e incluso del racismo en México. La degradación por décadas del poder adquisitivo. La expansión, validada por FCH y EPN, del crimen organizado. El paro absoluto de la movilidad social.
Por supuesto que nada de eso ha cambiado con la llegada de AMLO y su sucesora. Pero todos esos elementos son los que explican el enojo y el hartazgo sociales que los impulsaron al poder, derivado de los errores acumulados por años en gobiernos anteriores.
La oleada que estamos viendo en el mundo deja claro que no importa si los líderes populistas son de izquierda o derecha. El hilo conductor es el enojo de una amplia base social. El rencor. El ánimo de revancha. La frustración por la pérdida de calidad de vida. El hartazgo con los privilegios.
La decadencia de los sistemas democráticos está impulsada por la caída libre en el nivel de los políticos, que se han preocupado más por sus intereses personales y de grupo, olvidando su obligación de diálogo y de búsqueda de convergencias.
La pérdida de la búsqueda de convergencias. Polarización y confrontación. Cooptación, coerción y compra de votos legislativos en lugar de negociación (¿les suena el Pacto por México?). Clases dirigentes arrogantes que pensaron saber mejor que la población sus necesidades, negándose a escuchar.