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#Opidemia | Reforma perfeccionista

De aprobarse, la reforma de la presidenta Sheinbaum sería la sexta en esa serie. Lo que llama la atención aquí son aquellas reformas que no se enlistan en el documento.
jue 05 marzo 2026 07:18 AM
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Kenia López Rabadán, presidenta de la mesa directiva en la Cámara de Diputados, fue la encargada de recibir la iniciativa. (Foto: Graciela López/Cuartoscuro)

Una sexta reforma para un tercer esquema político que busca la perfección democrática. Así puede resumirse y de ese tamaño es la aspiración de la iniciativa de reforma electoral que propone la presidenta Claudia Sheinbaum. Propuesta que, finalmente y tras varios amagos, llegó a la Cámara de Diputados para su discusión.

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1. Sexta reforma. En la exposición de motivos de la iniciativa se reconocen cinco reformas electorales como antecedente. Se acepta que dieron respuesta y atendieron una serie de exigencias concretas, tanto políticas como sociales:

“Las reformas electorales de 1977, 1990, 1996, 2007 y 2014 respondieron a exigencias sociales y políticas concretas: mayor democracia, ampliar la representación, autonomía de la autoridad electoral, equidad en la contienda y control del financiamiento a los partidos políticos”.

De manera que, de aprobarse, la reforma de la presidenta Sheinbaum sería la sexta en esa serie. Lo que llama la atención aquí son aquellas reformas que no se enlistan en el documento.

Una de ellas es la de 1986-1987, de la que surgió el Código Federal Electoral y en la que las curules de representación proporcional, asientos en la Cámara de Diputados, aumentaron de 100 a 200.

En este año fue también cuando se agregó una cláusula de gobernabilidad que garantizaba que el partido más votado tuviera la mayoría absoluta (51%) incluso sin haberla obtenido en las urnas a través de la asignación de plurinominales, generando una sobrerrepresentación.

Sobrerrepresentación que, por cierto, si bien con base en otros mecanismos, pervivirá incluso de aprobarse la iniciativa.

Tampoco se refiere la reforma electoral de 1994, que ciudadanizó al INE. No es menor lo que ocurre este año: un paso trascendental rumbo a la autonomía de la autoridad electoral.

Los consejeros ciudadanos son nombrados a propuesta de los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados y ya no del presidente en turno, además de que se hacen del control del consejo general.

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2. Tercer esquema. En la propuesta se distinguen dos modelos o esquemas políticos: uno en el que priva la hegemonía de un partido y otro, en contraste, que puede caracterizar de plural y con competencia, logrado justo a partir de las reformas electorales.

De acuerdo con la exposición de motivos, México se encuentra en una tercera etapa o modelo, uno de transformación profunda: “nunca se había tenido un gobierno verdaderamente democrático en donde la voluntad popular fuera respetada de manera irrestricta”.

3. Perfección democrática. Una pregunta que surge en torno de la reforma es cuál es el objetivo de plantearla y hacerlo justo en este momento. La respuesta es que es necesario perfeccionar la democracia y atender demandas populares que han quedado pendientes.

En la iniciativa puede leerse: “la actualización del marco constitucional, particularmente en materia electoral, responde a la necesidad de fortalecer la confianza ciudadana, perfeccionar las instituciones democráticas y garantizar que el ejercicio del poder público se mantenga permanentemente vinculado al interés general, al bienestar colectivo, a los derechos humanos y a la centralidad del pueblo como titular originario de la soberanía”.

Se agrega en otro párrafo: “una democracia verdadera no teme perfeccionarse, por el contrario, asume como una necesidad su constante revisión y fortalecimiento. En este sentido, una de las demandas populares aún pendientes se refiere a la necesidad de garantizar que la representación depositada en ambas cámaras del Congreso de la Unión sea efectiva, es decir, que se base en un vínculo real entre la ciudadanía y sus representantes, cuestión que se ha desvirtuado con candidaturas plurinominales al legislativo designadas por las cúpulas partidistas”.

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4. Reforma diluida. ¿Qué tan suavizada puede considerarse esta reforma electoral? Basta con recordar el plan A del expresidente Andrés Manuel López Obrador: sustituir al INE por el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC); eliminar los OPLE y los tribunales electorales locales; eliminar el financiamiento público ordinario de los partidos y permitir el financiamiento privado; eliminar 200 diputaciones federales para quedar en 300 electas mediante listas votadas en cada entidad federativa; eliminar las 32 senadurías de representación proporcional, y reducir el número tanto de integrantes de los congresos locales como de los ayuntamientos.

Así la reforma electoral en sus propias palabras: una sexta reforma para un tercer esquema político que busca la perfección democrática con toques de moderación. Adelante con su análisis, que venga la discusión.

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Nota del editor: Javier Rosiles Salas ( @Javier_Rosiles ) es politólogo. Doctor en Procesos Políticos. Profesor e investigador en la UCEMICH. Especialista en partidos políticos, elecciones y política gubernamental. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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