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“Acabamos con él". Trump, El Mencho y la soberanía que México no tiene

En el salón más poderoso del mundo, México fue reducido a escenario, y su Ejército, a herramienta anónima de una victoria ajena.
jue 26 febrero 2026 06:06 AM
 “Acabamos con él". Trump, El Mencho y la soberanía que México no tiene
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia el primer discurso sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato ante una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, DC, el 24 de febrero de 2026. (KENNY HOLSTON/AFP)

El discurso y el despojo simbólico

La noche del martes 24 de febrero de 2026, Donald Trump se paró ante el Congreso de su país y, con la soltura de quien cobra una deuda cobrada de antemano, pronunció cuatro palabras que deberían haber estremecido a cualquier funcionario mexicano: "Acabamos con el jefe del cartel más importante de México. Lo vieron ayer".

Sin mencionar el nombre de Nemesio Oseguera Cervantes. Sin pronunciar el alias de El Mencho. Sin reconocer que fueron soldados mexicanos quienes cayeron bajo el fuego del CJNG en Tapalpa, Jalisco, el domingo anterior.

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En el salón más poderoso del mundo, México fue reducido a escenario, y su Ejército, a herramienta anónima de una victoria ajena.

La omisión no fue un descuido retórico. Fue política.

Trump construyó en ese discurso una narrativa de dominio hemisférico: él designó a los cárteles como terroristas, su administración compiló la inteligencia, su gobierno presionó hasta que el objetivo cayó.

El operativo del 22 de febrero, ejecutado con sangre y bajas del lado mexicano, con decenas de muertos, con Jalisco en llamas y narcobloqueos desde Veracruz hasta Colima, fue presentado ante el Congreso estadounidense como un trofeo de caza propio. El cazador nunca menciona al perro que siguió el rastro.

¿Por qué Estados Unidos no reconoció a México?

La respuesta tiene capas.

La primera es doméstica: Trump habla para su base, que no distingue entre cárteles y el Estado mexicano, que ve a México como territorio fallido donde Washington debe actuar. Atribuir el éxito al Ejército mexicano habría debilitado la narrativa que él mismo construyó: la de un país vecino que no puede —o no quiere— gobernarse sin tutela estadounidense.

La segunda capa es estratégica. Al adjudicarse el operativo, Washington consolida una doctrina que lleva meses instalando: la de que los cárteles mexicanos son un problema de seguridad nacional estadounidense que los propios americanos deben resolver, con o sin la anuencia de Ciudad de México. Es la lógica que justificó la designación de grupos terroristas, el despliegue de activos militares en la frontera, y los globos aerostáticos de vigilancia que el gobierno de Sheinbaum protestó y luego toleró en silencio. Cada vez que Washington actúa y México reacciona tarde, la doctrina se afianza.

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La tercera capa es la más incómoda: porque hay algo de verdad en el relato de Trump. Fue su administración la que, según exfuncionarios citados por medios estadounidenses, compiló el paquete de inteligencia de objetivos y lo entregó al gobierno mexicano. Fue la presión de los aranceles, de la designación terrorista y del ultimátum implícito la que terminó por mover a las Fuerzas Armadas mexicanas a ejecutar una operación que llevaba años pendiente. El reconocimiento, aunque exagerado y politizado, tiene fundamento.

¿Era necesario minimizar la acción mexicana?

No. Y ese es el punto.

La Casa Blanca, en sus comunicados del domingo, sí reconoció que la operación fue ejecutada por fuerzas armadas mexicanas con apoyo de inteligencia estadounidense. Esa es la narrativa técnicamente correcta.

Pero Trump, ante el Congreso, la desdibujó. No era necesario hacerlo para validar su política de seguridad. Era conveniente hacerlo para consolidar su posición de fuerza ante México, ante su electorado y ante el mundo.

La minimización fue un acto de poder, no de precisión.

Las reacciones que México debería tener —y probablemente no tendrá

El gobierno mexicano debería responder con firmeza diplomática calibrada, no con indignación performativa ni con el silencio cómplice que tanto le ha costado.

La cancillería tendría que convocar al embajador estadounidense para exigir un reconocimiento formal y público de la participación soberana de las Fuerzas Armadas mexicanas. Debería emitir una declaración clara, con nombre y grado de los militares que participaron en el operativo, que ponga rostro y patria al sacrificio de quienes ejecutaron la misión.

Adicionalmente, México debería formalizar los canales de inteligencia compartida mediante instrumentos bilaterales transparentes que establezcan con claridad los roles de cada parte, de modo que ningún gobierno pueda apropiarse unilateralmente del resultado.

No se trata de romper la cooperación —que es necesaria y beneficiosa— sino de regularla con marcos que impidan ser borrado del mapa cuando los focos se encienden.

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La posición política ideal del gobierno Sheinbaum

Claudia Sheinbaum tiene que elegir entre dos males. Puede protestar en voz alta y arriesgarse a una escalada con Washington en un momento de alta vulnerabilidad arancelaria y económica.

O puede guardar silencio —como ha hecho en otras ocasiones— y normalizar que la narrativa de seguridad en México la escriban otros.

La posición ideal no es ninguna de las dos: es reclamar sin confrontar.

Reconocer la cooperación de inteligencia como un ejercicio binacional exitoso, exigir que así sea presentado públicamente por ambas partes, y sostener sin titubear que el operativo fue ejecutado por soldados mexicanos bajo mando mexicano en territorio mexicano.

Eso no es antiamericanismo. Es elemental autorespeto institucional.

Entre la dignidad y el pragmatismo

México necesita con urgencia una estrategia de seguridad que no dependa estructuralmente del humor político de Washington.

Eso implica:

Primero, invertir sostenidamente en capacidades propias de inteligencia y en la profesionalización de las Fuerzas Armadas para operaciones de alta complejidad.

Segundo, negociar un mecanismo bilateral de atribución compartida de resultados operativos, similar a los acuerdos de coautoría que existen en cooperación científica, que establezca protocolos de comunicación pública conjunta.

Tercero, diversificar los socios de inteligencia y seguridad, incluyendo a la Unión Europea y a organismos multilaterales, para reducir la dependencia unilateral de Washington.

Cuarto, exigir en el marco de la revisión del T-MEC una cláusula de cooperación en seguridad que vincule cualquier acción de inteligencia bilateral a principios de soberanía y atribución equitativa.

La soberanía como slogan

La pregunta más incómoda que deja el discurso de Trump es también la más obvia: ¿tiene México la soberanía que tanto proclama la presidenta Sheinbaum?

La respuesta honesta es que la tiene en la letra, en el protocolo y en los discursos mañaneros, pero la ejerce a medias en los hechos.

Un país soberano no necesita que un presidente extranjero explique ante su Congreso qué operativos realiza en su propio territorio. Un país soberano no llega a ese operativo empujado por aranceles y amenazas de intervención militar. Un país soberano no desaparece de la narrativa cuando llega el momento del aplauso.

México tuvo la valentía operativa de ejecutar el golpe más importante contra el crimen organizado en años. Sus soldados pusieron el cuerpo. Sus generales dieron la orden. Su suelo absorbió la sangre.

Y sin embargo, en el discurso más visto de la política norteamericana, el país no existió.

Eso no es un detalle diplomático. Es el retrato fiel de una relación bilateral donde México sigue siendo, demasiadas veces, el territorio de la operación y nunca el sujeto del logro.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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