Es el crimen político perfecto: un cuerpo que satisface la narrativa de mano dura sin que abra la boca jamás.
El calendario y sus conveniencias
El contexto geopolítico no es accidental. Jalisco es sede del Mundial 2026.
Trump presionaba con aranceles y amenazas de intervención directa. La administración de Claudia Sheinbaum necesitaba con urgencia una moneda de cambio que desactivara esa presión sin ceder soberanía de forma explícita.
El fundador del cártel, ya operativamente prescindible, clínicamente deteriorado por una enfermedad renal severa, representaba exactamente esa moneda: un sacrificio que le costaba poco a los herederos de la organización y que valía mucho en la mesa bilateral.
La nueva gerencia, encabezada por figuras como "El Jardinero" y "El 03", asume el control de forma limpia. La empresa criminal no se interrumpe. Solo cambia de rostro visible.
Las voluntades políticas
Si existe voluntad real de transformar esta situación en algo distinto al eterno reseteo del tablero, hay medidas concretas y viables que deben plantearse.
Primero, México necesita un mecanismo de transparencia procesal post-captura auditado por un órgano ciudadano autónomo. Cada detención de alto perfil debería activar protocolos de salud y custodia con registro público en tiempo real, eliminando la opacidad que permite muertes convenientes en traslados.
Segundo, la estrategia anticrimen debe redirigirse hacia las estructuras financieras. Los Cuinis, el brazo bancario del cártel, y el control de los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas son los nodos reales de poder. Sin golpear el dinero y la logística de exportación química, decapitar líderes simbólicos es solo gestión de imagen.
Tercero, México debe exigir que la cooperación con Estados Unidos incluya cláusulas de reciprocidad en persecución de lavado de activos en territorio norteamericano. La deuda está en los dos lados de la frontera.
Cuarto, el Congreso debe legislar un estatuto de protección para testigos cooperantes de alto valor, un marco que incentive la revelación de redes de complicidad institucional sin que el destino del declarante sea la celda o el ataúd.