El Mundial como radiografía del Estado mexicano
La Copa Mundial FIFA 2026 no es solamente un evento deportivo. Es una radiografía en tiempo real de la capacidad del Estado mexicano para garantizar seguridad en condiciones de máxima exigencia y máxima exposición internacional.
Guadalajara, sede neurálgica del torneo en México, es simultáneamente el corazón territorial e histórico del CJNG. Esa coincidencia geográfica no es menor: es una vulnerabilidad estructural que exige una respuesta de seguridad sin precedentes en la historia reciente del país.
El riesgo más real no es necesariamente un ataque espectacular. Es la extorsión sistémica silenciosa sobre la cadena de servicios del evento, la parálisis logística puntual en momentos clave, o simplemente la percepción internacional de inseguridad incontrolable que ahuyente delegaciones, patrocinadores y turistas.
Para el crimen organizado, sembrar incertidumbre es tan eficaz como sembrar violencia. Y en eso el CJNG ha demostrado ser extraordinariamente competente.
Las políticas públicas que México no puede seguir postergando
El gobierno mexicano tiene una ventana de oportunidad estrecha para construir una respuesta estratégica real. Las propuestas siguientes no son ideales inalcanzables: son acciones concretas, viables y urgentes.
En el corto plazo, resulta indispensable activar un Centro de Fusión de Inteligencia interagencial permanente que integre a la Sedena, la Guardia Nacional, la FGR, el CNI y sus contrapartes de Estados Unidos y Canadá, con protocolos de información compartida en tiempo real orientados específicamente al monitoreo del CJNG y su reestructuración.
Paralelamente, las sedes del Mundial deben ser intervenidas bajo estándares antiterroristas internacionales antes del inicio del torneo, no durante.
A mediano plazo, México necesita con urgencia una política de inteligencia financiera preventiva coordinada con el Departamento del Tesoro estadounidense, orientada a congelar activos y cortar la liquidez operativa de las células que hoy compiten por el control interno del cártel.
Adicionalmente, debe diseñarse una estrategia de presencia institucional real en los territorios donde el vacío de poder criminal es más pronunciado, no con lógica de ocupación militar, sino con oferta legítima de Estado: justicia, servicios y certeza jurídica.
A largo plazo, la política de seguridad mexicana debe abandonar definitivamente el modelo reactivo y construir una doctrina de inteligencia prospectiva institucionalizada, con evaluaciones periódicas de amenaza, células de análisis especializado en crimen organizado transnacional y mecanismos de rendición de cuentas que hoy simplemente no existen.