No es una mención marginal: es la constatación de que la "Doctrina Donroe" —el renovado imperialismo hemisférico de Washington— tiene en México uno de sus principales objetos de presión.
Sin embargo, la respuesta mexicana ante este escenario histórico ha sido, en el mejor de los casos, reactiva y, en el peor, ausente del debate estratégico global.
El principio de no intervención —piedra angular de la política exterior mexicana— es una herramienta defensiva valiosa, pero insuficiente cuando la propia arquitectura del derecho internacional que lo sostiene está siendo demolida.
No basta invocar a Estrada cuando la casa Westfalia se derrumba.
México necesita una política exterior de Estado que trascienda los ciclos electorales y los temperamentos presidenciales, que construya coaliciones activas con los países del Sur Global que también están siendo presionados, que defienda en foros internacionales la vigencia de las instituciones multilaterales, y que use su posición de décima economía del mundo para ser algo más que un vecino ansioso del colapso ajeno.
Propuestas de política de seguridad: lo que México puede y debe hacer
La primera propuesta es articular una diplomacia de coalición activa con los países latinoamericanos, africanos y asiáticos que comparten la preocupación por la erosión del multilateralismo. México debe convertirse en un nodo articulador del Sur Global, no sólo en el discurso, sino en mecanismos concretos de coordinación política, comercial y de seguridad. El CELAC, el G20, y los espacios de Naciones Unidas ofrecen plataformas que hoy están subutilizadas.
La segunda propuesta es diversificar urgentemente las relaciones económicas y de seguridad. La dependencia excesiva de Estados Unidos —más del ochenta por ciento del comercio exterior— es una vulnerabilidad estratégica que el nuevo contexto geopolítico hace insostenible. La profundización del acuerdo con la Unión Europea, el desarrollo de vínculos con la ASEAN y la consolidación de relaciones con Canadá ofrecen alternativas reales que deben activarse con voluntad política.
La tercera propuesta es construir una política de seguridad interior que no dependa de la validación extranjera. México debe fortalecer sus instituciones de inteligencia, investigación y justicia con una visión de Estado que trascienda la presión de Washington en temas como la presencia de carteles y el fentanilo, asumiendo el liderazgo de su propio diagnóstico y soluciones.