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México en Múnich 2026: brillante por su ausencia

El décimo país más grande del mundo sigue buscando su asiento en la mesa.
mié 18 febrero 2026 06:03 AM
Frontera Tanqueta
México comparte la frontera más transitada del mundo con la potencia que hoy lidera la demolición del orden multilateral. El informe de Múnich menciona explícitamente a México como uno de los países contra los cuales el gobierno de Trump ha contemplado el uso de la fuerza, señala Alberto Guerrero Baena. (Foto: Carlos Sánchez Colunga/Cuartoscuro.)

Cada febrero, el Hotel Bayerischer Hof de Múnich se convierte en el escenario donde los arquitectos del orden mundial comparan planos y negocian los cimientos del futuro.

La Conferencia de Seguridad de Múnich —la más influyente en su género— reúne a jefes de Estado, cancilleres, generales y estrategas de los cinco continentes para radiografiar el estado del planeta.

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En su edición de 2026, el diagnóstico no puede ser más sombrío: el informe oficial, titulado Under Destruction, describe con precisión quirúrgica cómo el orden internacional de posguerra —construido con sangre, negociación y visión durante ochenta años— está siendo desmantelado, no por guerras convencionales, sino por la política de la demolición, ese nuevo estilo de gobernar que prefiere la maza al bisturí, la destrucción la reforma, la ruptura al diálogo.

México observa desde una butaca incómoda y sin altavoces esta función.

Lo que ocurra en Múnich no es un asunto europeo lejano. Es, en muchos sentidos, el libreto de lo que ya estamos viviendo.

El peso estratégico de una conferencia que el mundo ya no puede ignorar

La Conferencia de Seguridad de Múnich nació en 1963 como un foro discreto de defensa transatlántica. Seis décadas después, se ha convertido en el termómetro más preciso de la salud del sistema internacional. Su importancia estratégica en 2026 radica no sólo en los temas abordados, sino en el momento en que se celebra: cuando la arquitectura de reglas e instituciones que gobernó la segunda mitad del siglo XX enfrenta su mayor amenaza desde la Guerra Fría, pero desde adentro.

El informe lo dice sin eufemismos: la "política de la bola demoledora" —wrecking-ball politics— se ha instalado en las democracias occidentales.

Figuras como Javier Milei con su motosierra, Elon Musk con su DOGE y, sobre todo, Donald Trump con su retiro masivo de organismos multilaterales —66 organizaciones internacionales en un solo decreto presidencial de enero de 2026, incluida la Convención Marco sobre Cambio Climático— están desmantelando estructuras que costó generaciones construir. Lo revelador del informe de Múnich es que este no es un fenómeno externo a las democracias: es un síntoma de su propio agotamiento.

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Aquí radica la paradoja central que Múnich ilumina con crudeza: el país que más hizo por construir el orden multilateral posterior a 1945 es hoy el principal agente de su destrucción. Washington ya no es el guardián de las reglas; es el primero en romperlas.

Las posiciones de los países: un mundo que se reorganiza entre el miedo y la ambición

Lo que distingue a la Conferencia de Múnich 2026 no es sólo el diagnóstico, sino la respuesta —o la falta de ella— de los distintos actores.

Europa está aterrada y reaccionando tarde. Frente a la retirada estadounidense del compromiso de seguridad colectivo, la Unión Europea acelera su autonomía estratégica, eleva sus presupuestos de defensa y busca nuevas asociaciones. El canciller alemán Friedrich Merz declaró que "Occidente ya es apenas una etiqueta geográfica, no un vínculo normativo". Es un epitafio que hubiera sido impensable hace cinco años.

En el Indo-Pacífico, China avanza con paciencia depredadora mientras la credibilidad de las garantías de seguridad de Washington se erosiona. En el Sur Global, el optimismo inicial ante el "shock Trump" —la expectativa de que la multipolaridad traería más equidad— se ha estrellado contra la realidad de aranceles brutales aplicados incluso a India y Brasil, la interferencia en sus procesos democráticos, y el reemplazo de la agenda climática y de desarrollo del G20 por una lógica de "América Primero".

El informe documenta un dato que debe gravarse en la memoria: entre 2000 y 2024, el uno por ciento más rico acumuló el 41 por ciento de toda la nueva riqueza generada en el mundo, mientras que el cincuenta por ciento más pobre recibió apenas el uno por ciento. La demolición del orden no libera a los pobres. Los aplasta bajo los escombros.

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El futuro que se avecina: ruinas habitables o caos sin mapa

El informe de Múnich esboza tres escenarios posibles para el orden emergente, y ninguno es tranquilizador. El más probable es la consolidación de esferas de influencia: un mundo dividido entre el bloque estadounidense, el chino y el ruso, donde las naciones medianas y pequeñas negocian su lugar desde la debilidad. El segundo escenario es el de una multipolaridad caótica sin reglas compartidas, donde prevalece la ley del más fuerte y la diplomacia transaccional reemplaza al derecho internacional. El tercero —el más esperanzador pero también el más improbable— es que los actores que aún creen en el multilateralismo sean capaces de construir nuevas arquitecturas de cooperación desde abajo, sin esperar el liderazgo de Washington.

La señal de alarma más clara del informe es el ascenso en la percepción del riesgo que representa Estados Unidos.

Por primera vez en la historia de este índice, los ciudadanos de casi todos los países del G7 y del bloque BRICS consideran que Washington es una amenaza más seria que el año anterior. Esto no es retórica antiestadounidense. Es la consecuencia medida y verificable de políticas que han sacudido las bases del sistema global.

México: la vecindad del peligro y la ausencia del debate

En este panorama, México ocupa una posición geopolítica única y peligrosa.

El país comparte la frontera más transitada del mundo con la potencia que hoy lidera la demolición del orden multilateral. El informe de Múnich menciona explícitamente a México como uno de los países contra los cuales el gobierno de Trump ha contemplado el uso de la fuerza.

No es una mención marginal: es la constatación de que la "Doctrina Donroe" —el renovado imperialismo hemisférico de Washington— tiene en México uno de sus principales objetos de presión.

Sin embargo, la respuesta mexicana ante este escenario histórico ha sido, en el mejor de los casos, reactiva y, en el peor, ausente del debate estratégico global.

El principio de no intervención —piedra angular de la política exterior mexicana— es una herramienta defensiva valiosa, pero insuficiente cuando la propia arquitectura del derecho internacional que lo sostiene está siendo demolida.

No basta invocar a Estrada cuando la casa Westfalia se derrumba.

México necesita una política exterior de Estado que trascienda los ciclos electorales y los temperamentos presidenciales, que construya coaliciones activas con los países del Sur Global que también están siendo presionados, que defienda en foros internacionales la vigencia de las instituciones multilaterales, y que use su posición de décima economía del mundo para ser algo más que un vecino ansioso del colapso ajeno.

Propuestas de política de seguridad: lo que México puede y debe hacer

La primera propuesta es articular una diplomacia de coalición activa con los países latinoamericanos, africanos y asiáticos que comparten la preocupación por la erosión del multilateralismo. México debe convertirse en un nodo articulador del Sur Global, no sólo en el discurso, sino en mecanismos concretos de coordinación política, comercial y de seguridad. El CELAC, el G20, y los espacios de Naciones Unidas ofrecen plataformas que hoy están subutilizadas.

La segunda propuesta es diversificar urgentemente las relaciones económicas y de seguridad. La dependencia excesiva de Estados Unidos —más del ochenta por ciento del comercio exterior— es una vulnerabilidad estratégica que el nuevo contexto geopolítico hace insostenible. La profundización del acuerdo con la Unión Europea, el desarrollo de vínculos con la ASEAN y la consolidación de relaciones con Canadá ofrecen alternativas reales que deben activarse con voluntad política.

La tercera propuesta es construir una política de seguridad interior que no dependa de la validación extranjera. México debe fortalecer sus instituciones de inteligencia, investigación y justicia con una visión de Estado que trascienda la presión de Washington en temas como la presencia de carteles y el fentanilo, asumiendo el liderazgo de su propio diagnóstico y soluciones.

Construir cuando otros demuelen

Las conclusiones de la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 es, en el fondo, una advertencia y una invitación;

La advertencia: en un mundo donde los actores más poderosos usan la maza en lugar del bisturí, los más vulnerables serán aplastados por los escombros si permanecen como espectadores.

La invitación: quienes aún creen en reglas compartidas, en cooperación genuina, en la dignidad de los más débiles, tienen la responsabilidad histórica de convertirse en constructores audaces, no en custodios nostálgicos de un orden que ya se va.

Para México, esto significa una sola cosa: dejar de reaccionar y comenzar a proponer.

El país tiene historia, tamaño, posición y legitimidad para ser un actor relevante en la reconfiguración del orden global. La pregunta no es si el mundo cambiará. Ya está cambiando. La pregunta es si México tendrá la valentía y la visión de ayudar a decidir hacia dónde.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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