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Drones del narco vs. globos de fiesta; elige tu mentira favorita

Los gobiernos de Estados Unidos y México están compitiendo por quién nos toma por más ingenuos, y van empatados.
jue 12 febrero 2026 06:08 AM
El aeropuerto de El Paso, Texas, reanuda vuelos tan solo unas horas después del anuncio de la FAA
Las principales aerolíneas estadounidenses, entre ellas Southwest, Delta, United y American, prestan servicio a este aeropuerto. (Foto: @FAANews )

La farsa del globo de fiesta

11 de febrero de 2026, el Aeropuerto Internacional de El Paso se detuvo durante cuatro horas. Razón oficial: "actividad no autorizada de aeronaves no tripuladas".

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Cuatro horas después, una versión filtrada a medios locales: fue un globo de fiesta. Un maldito globo metalizado con forma de estrella. Eso, según fuentes anónimas de la Administración Federal de Aviación, justificó paralizar un aeropuerto internacional, desviar docenas de vuelos y activar protocolos de emergencia.

¿Un globo de fiesta? ¿En serio?

Mientras tanto, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México emitió un comunicado genérico sobre "colaboración binacional". La Guardia Nacional guardó silencio sepulcral. La Patrulla Fronteriza no confirmó ni desmintió nada sustantivo. Y los ciudadanos de ambos lados de la frontera quedamos en medio de dos narrativas igualmente convenientes: Estados Unidos culpando a México de amenazas fantasma, y México sosteniendo una soberanía territorial que existe solo en discursos oficiales.

Bienvenidos a la posverdad binacional, donde ambos gobiernos mienten por omisión, manipulan por ambigüedad y administran el miedo ciudadano como herramienta de control político.

La evolución real que nadie quiere reconocer

Mientras las autoridades debaten si fue un globo o un dron, la historia verificable grita verdades incómodas. En marzo de 2017, el Cártel Jalisco Nueva Generación lanzó explosivos desde drones en Tepalcatepec, Michoacán.

No fue un globo.

Fueron artefactos militarizados. Para 2020, los cárteles fabricaban drones capaces de cargar cinco kilogramos de explosivos, volar diez kilómetros y operar de manera autónoma. No fueron globos. Fueron sistemas de armas.

Entre 2020 y 2024, los reportes se multiplicaron exponencialmente: drones cruzando la frontera con fentanilo, sobrevolando posiciones militares, coordinando ataques en Michoacán, Guerrero, Jalisco. ¿La respuesta de México? "Tenemos el control". ¿Evidencia del control?

Cero estadísticas públicas, cero desmantelamientos reportados con transparencia, cero rendición de cuentas. ¿La respuesta estadounidense? "Estamos monitoreando". ¿Evidencia del monitoreo? Información clasificada que convenientemente nunca llega al público.

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Y ahora, cuando un aeropuerto se paraliza, la narrativa oficial oscila entre el ridículo del globo de fiesta y el silencio cómplice.

Estados Unidos necesita culpar a México de todo para justificar presupuestos de seguridad fronteriza que no producen resultados. México necesita negar cualquier pérdida de control territorial para sostener la ficción de soberanía plena.

Ambos mienten.

Ambos saben que mienten. Y a ambos les conviene que sus ciudadanos no sepan la verdad.

Geografía de la mentira compartida

Michoacán, Guerrero y Jalisco no son zonas de sospecha; son territorios con control fáctico del espacio aéreo documentado hasta el hartazgo. En Tepalcatepec, los drones del CJNG patrullan con más frecuencia que cualquier helicóptero gubernamental. En Tierra Caliente guerrerense, los sobrevuelos nocturnos protegen laboratorios de fentanilo sin que autoridad alguna los interrumpa. En Guadalajara, talleres clandestinos ensamblan tecnología militar mientras el gobierno estatal insiste en que "todo está bajo control".

Pero la frontera es donde la doble mentira alcanza niveles obscenos. Ciudad Juárez, Nuevo Laredo, Reynosa: ciudades donde residentes reportan sobrevuelos nocturnos constantes que ninguna autoridad confirma públicamente. Cuando periodistas preguntan del lado mexicano, reciben vaguedades patrióticas sobre soberanía inquebrantable. Cuando congresistas cuestionan del lado estadounidense, obtienen briefings clasificados diseñados para no revelar nada mientras simulan transparencia.

Esta complicidad en la opacidad no es accidental. Es arquitectura deliberada de posverdad binacional. México no puede admitir que perdió control de territorios aéreos porque destruiría el mito nacionalista de soberanía territorial absoluta. Estados Unidos no puede reconocer que miles de millones en seguridad fronteriza no detienen drones que cruzan cada noche porque cuestionaría presupuestos enteros y narrativas políticas.

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La comunicación que ambos gobiernos nos niegan

El incidente de hoy cristaliza la obscenidad. Cuatro horas de cierre aeroportuario.

Versión uno: drones no autorizados.

Versión dos: globo de fiesta.

¿Cuál es real? No importa, porque ningún gobierno nos dirá la verdad completa. ¿Cuántos incidentes similares ocurren mensualmente? No lo sabremos. ¿Qué capacidades técnicas se han identificado? Clasificado. ¿Cuántos talleres de fabricación existen? México no publica datos. ¿Cuántas intercepciones exitosas ha habido? Estados Unidos no comparte información.

Esta ausencia de comunicación lineal, asertiva y verificable no es incompetencia.

Es política deliberada de control narrativo. Ambos gobiernos han concluido que gestionar percepciones es más rentable políticamente que enfrentar realidades. México prefiere negar cualquier pérdida de control antes que admitir fracasos y exigir soluciones reales. Estados Unidos prefiere inflar amenazas cuando conviene presupuestalmente y minimizarlas cuando conviene narrativamente.

Pero los ciudadanos no somos idiotas. Vemos los sobrevuelos. Leemos los reportes. Conectamos los puntos que nuestros gobiernos deliberadamente fragmentan. Y entendemos que cuando la versión oficial oscila entre "globo de fiesta" y "amenaza terrorista" según conveniencia política, lo que realmente nos dicen es: "No merecen la verdad".

Lo que exigimos, no lo que suplicamos

Ya basta de posverdad administrada. Exigimos —no pedimos, exigimos— información verificable. ¿Cuántos incidentes de drones no autorizados ocurren mensualmente en la frontera? Publíquenlo. ¿Cuántos talleres se han desmantelado en México? Repórtenlo con nombres, fechas, ubicaciones. ¿Qué tecnología específica se ha decomisado? Muéstrenla. ¿Cuántas intercepciones exitosas ha realizado Estados Unidos? Documéntenlas.

Exigimos legislación pública, no acuerdos clasificados. Si México tipifica el uso criminal de drones como delito federal, que los primeros casos se judicialicen públicamente. Si Estados Unidos firma tratados de persecución transfronteriza, que se publiquen íntegramente, no como memorandos secretos que alimentan sospechas.

Exigimos cooperación operativa con rendición de cuentas ciudadana. El centro binacional de detección que necesitamos debe reportar resultados públicamente: intercepciones, arrestos, tecnología decomisada. Cifras trimestrales, verificables, auditable. No briefings clasificados para políticos cómplices.

Exigimos presupuestos transparentes. Los millones necesarios para equipar unidades anti-drones deben presupuestarse públicamente, con reportes de adquisiciones y despliegues. Queremos saber exactamente qué se compra, dónde se despliega y qué resultados produce. O admitan que prefieren administrar percepciones que resolver problemas.

El desprecio que ya no toleramos

Quizás en esta ocasión fue un globo de fiesta. Quizás fue un enjambre de drones coordinados del CJNG. Francamente ya no importa cuál versión es real, porque ambos gobiernos han demostrado que la verdad es negociable según conveniencia política.

Lo que importa es esto: hay territorios aéreos fronterizos bajo control fáctico de grupos criminales. Estados Unidos lo sabe y miente alternando entre exageración conveniente y minimización estratégica. México lo sabe y miente sosteniendo una soberanía territorial ficticia que solo existe en discursos presidenciales.

Ambos gobiernos nos tratan como imbéciles que merecen migajas informativas, versiones contradictorias y narrativas administradas. Nos niegan la verdad porque la verdad exige responsabilidades que ninguno quiere asumir.

Pero el cielo fronterizo ya no les pertenece. Lo perdieron mientras administraban posverdades. Y nosotros, los ciudadanos de ambos lados, ya no creemos sus mentiras. Ni la del globo de fiesta, ni la de la soberanía inquebrantable, ni la del monitoreo constante.

Queremos verdad. Merecemos verdad. Y si no la obtienen, al menos dejen de insultarnos con globos de fiesta.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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