Las medidas propuestas: el cierre de bares y el gobernador que invadió casa ajena
Armenta no descartó una posible reforma legal para regular los horarios de bares y antros, argumentando que las cuatro de la madrugada es un horario "muy complicado". La propuesta tiene un problema de fondo y uno de forma que merecen examinarse por separado.
El de fondo: el ataque no ocurrió dentro del establecimiento.
Ocurrió en la vía pública, ejecutado por operadores que llevaban 30 días planeando con precisión. Cerrar los bares a las dos de la madrugada no habría detenido a grupos que rentaron departamentos, adquirieron motocicletas y realizaron vigilancia sistemática durante semanas. Habría desplazado la hora del ataque, no su lógica ni su capacidad. Reducir el horario nocturno es una medida de gestión urbana que puede tener otros fundamentos válidos, pero presentarla como respuesta a una ejecución organizada es, en el mejor de los casos, una confusión analítica; en el peor, una distracción deliberada.
El problema de forma es igualmente grave: el horario de operación de centros nocturnos en la capital es, constitucionalmente, una atribución del ayuntamiento de Puebla, no del Ejecutivo estatal. Que el gobernador anuncie esa medida —incluso como posibilidad— revela una tendencia a escenificar autoridad sobre competencias ajenas cuando los reflectores están encendidos. Es el centralismo de emergencia en su expresión más pura: cuando algo sale mal, el actor político de rango superior invade el espacio institucional del inferior para apropiarse del protagonismo de la respuesta y diluir la responsabilidad compartida.
Lo que sí funcionaría: propuestas con base en realidad
Tres medidas concretas y viables podrían transformar la situación de fondo.
Primera: una unidad de inteligencia territorial permanente con intercambio real de información entre policía estatal, municipal y fuerzas federales, enfocada en detección temprana de patrones anómalos —arrendamientos inusuales, cambios en movilidad, vigilancias sostenidas— en zonas de alto tráfico y valor económico.
Segunda: depuración y certificación efectiva de mandos policiales, con supervisión ciudadana vinculante y estructuras salariales que reduzcan la permeabilidad institucional a la corrupción. La confianza en la policía no se reconstruye con conferencias de prensa: se reconstruye con policías que el sistema haga confiables.
Tercera: coordinación formal y protocolizada entre el Ejecutivo estatal y el Ayuntamiento de Puebla para saturar preventivamente con presencia policial los puntos de mayor concentración nocturna en los horarios de mayor riesgo, sin suplantar competencias municipales sino articulándolas con voluntad política real.