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El juego del calamar de la Secretaría de Cultura

Con Alejandra Frausto las artes han sido relegadas a vivir de la caridad de grandes empresas y con procesos tan torpes que ni la caridad llega.
lun 31 enero 2022 11:59 PM
La secretaria de Cultura, Alejandra Frausto
La secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, en una develación de estatuas de mujeres forjadoras.

Hay solo una cosa peor que dejar de apoyar con dinero público a las artes: dejar de apoyarlas e impedir también que privados lo hagan.

Tal es la situación actual de la Secretaría de Cultura, dirigida por Alejandra Frausto, que ha convertido al estímulo fiscal EFIARTES en una especie de “juego del calamar”, donde muchos proyectos artísticos compiten despiadadamente por obtener caridad por parte de grandes empresas y mueren por racimos en cada paso del proceso.

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EFIARTES no es nuevo. El incentivo fiscal comenzó en 2011 y permite que las empresas otorguen caridad a proyectos culturales en vez de pagar parte de su ISR. EFIARTES solía ser duramente criticado por López Obrador pues permitía que las empresas “ presumieran con sombrero ajeno ” porque la supuesta caridad que otorgaban, no venía de su dinero, sino de condonaciones fiscales. Por eso, decía el presidente, “esa política no va a continuar, vamos a cambiar las cosas”.

A cuatro años del sexenio, EFIARTES no solo no ha cambiado, sino que se ha convertido en prácticamente la única forma de financiar la producción artística en México porque el presupuesto público para la cultura se ha reducido abismalmente .

Así, la producción artística cada vez depende más de la caridad empresarial. Tanto así que el INBAL, en vez de dedicarse de lleno a promover las artes, ahora ocupa una parte importante de su tiempo en pedirle dinero a empresarios. O como ellos le llaman, a realizar “campañas de sensibilización” para convencerlos.

Irónicamente, la austeridad ha convertido al INBAL en un facilitador de la caridad, un organizador de “boteos” para EFIARTES. La misma subdirectora general del INBAL, Laura Ramírez Rasgado, ha declarado que ella personalmente se reúne constantemente con empresarios de Monterrey y la Ciudad de México para mandarles propuestas, los cuales, se lamenta, le han dicho que “ahorita por la pandemia no podemos invertir”.

 

Esto es grave. EFIARTES está fomentando el capitalismo de cuates al hacer que artistas y gobierno tengan que recurrir a reuniones privadas con las familias más ricas de México para pedirles dinero. En México solo hay 1,576 empresas mexicanas suficientemente grandes como para poder donar 2 millones de pesos a las artes. El universo de posibles donantes a la cultura es la cúpula de la cúpula empresarial. Y perversamente, el incentivo, fijado por EFIARTES, es que el gobierno ande pidiéndoles favores.

Lo peor es que participar en EFIARTES es tremendamente difícil porque a diferencia de los gobiernos del PAN, cuya meta ideológica era que las artes se financiaran a través del mercado, la meta de Morena es pretender que las artes pueden hacerlo, pero ponerles el pie.

EFIARTES no facilita el acceso a los recursos, lo dificulta. Los artistas tienen que entregar proyectos diseñados a un nivel de detalle ridículo, papeleos y pruebas complicadas. Presentar todo en orden es tan difícil que el INBAL ha tenido que diseñar cursos de varias horas para enseñarle a los artistas a aplicar. Aun así, el 34% de los proyectos mueren en el concurso por cometer errores simples.

La intención del papeleo pareciera ser asesinar la mayor cantidad de proyectos. Esto es evidente en el hecho de que las autoridades se niegan a hacer cosas sencillas como establecer un periodo de prevención para saldar errores simples en los documentos (por cierto, el INBAL ha declarado que, quien se niega es la Secretaría de Hacienda de Ramírez de la O).

Además, no existe retroalimentación para saber por qué un proyecto no pasa. Según el Colegio de Productores de Teatro, no hay transparencia en las calificaciones, la forma de calificar o si quiera, en quién pertenece al comité evaluador. Al paso actual, la convocatoria para proyectos 2022 saldrá sin que haya claridad respecto a por qué los proyectos del 2021 no fueron aceptados.

 

Por todo lo anterior, EFIARTES está creando privilegios para las compañías de teatro que pueden dedicarle el tiempo a hacer las convocatorias. Por ejemplo, infamemente la convocatoria pide que se diseñe un presupuesto extremadamente detallando la escenografía, algo que requiere una gran cantidad de recursos. Así, las artes de ciudades medias o de artistas sin experiencia en papeleo quedan imposibilitadas a aplicar por falta de tiempo y recursos.

Peor aún, EFIARTES precariza a los trabajadores al no imponer condiciones a quienes reciben el subsidio de pagar bien. Por el contrario, como el monto del incentivo fiscal se ha reducido en términos reales en 36% desde 2011, la industria cada vez tiene más excusas para decir que por eso pagan mal. Tampoco se ha avanzado en la propuesta de crear un sistema de seguridad social para los artistas que trabajan por proyecto.

Así, el gobierno federal no solo no está financiando las artes con recursos públicos, sino que está creando todo un ecosistema perverso: pidiéndole a los artistas que vivan de la caridad empresarial, fomentando el capitalismo de cuates y dificultando el acceso al financiamiento privado por exceso de papeleo.

El legado de López Obrador a la cultura es una combinación mortal: una Secretaría de Cultura con menos dinero y un EFIARTES con 42% menos recursos. En 2018 el EFIARTES (antes EFITEATRO) subsidiaba 82 proyectos al año, ahora solo 52.

En lo personal no pienso que las artes deban vivir de la caridad empresarial. Si no tenemos ese ideal, al menos no se le debería de poner el pie al financiamiento privado. El sector cultural apoyó a López Obrador. La traición al gremio no puede continuar.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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