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El común caso del empresario pobre


Cada vez hay más empresarios pobres en México. Sin una estrategia para atender esta forma de precariedad millones serán atraídos a partidos de derecha.
lun 17 enero 2022 11:59 PM
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Los microempresarios mexicanos viven en muchos casos en una forma de autoempleo, sin mayores expectativas de crecimiento.

En México hay 28 millones de personas que trabajan y aun así viven en pobreza, es decir con ingresos menores a 3,899 pesos al mes . De esas personas, una tercera parte son empresarios, es decir, personas que trabajan para sí mismos o tienen empleados.

El fenómeno del empresario pobre es grave y está muy extendido. De hecho, pocos lo saben, pero proporcionalmente hay más empresarios pobres que trabajadores pobres. El 57% de los empresarios son pobres, comparados con solo el 43% de los trabajadores. En México, ser empresario es, en la mayoría de los casos, ser un autoempleado pobre.

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La pobreza, además, ha aumentado mucho más entre los empresarios que en el resto de la población. En los últimos doce años, el número de empresarios pobres aumentó en 40%, mucho más que el número de trabajadores pobres que solo aumentó en 25% (compara 2008-2020). Parece increíble, pero ser empresario es por mucho, la forma de pobreza que más se ha multiplicado en México.

El típico “empresario pobre” de México es un hombre de 49 años que trabaja en el comercio ganando en promedio 2,000 pesos al mes. Su jornada laboral es de 45 horas a la semana en una zona urbana. Entre las mujeres, la “empresaria pobre” promedio es igual pero más joven (45 años) y trabaja un poco menos (36 horas) ganando casi lo mismo. Otros empresarios precarios se emplean típicamente en la agricultura, la manufactura y el alojamiento temporal.

Los empresarios pobres son potencialmente una fuerza política muy poderosa. En total, los 8.1 millones de empresarios pobres que hay en México representan el 17% del total de los votos emitidos en la elección del 2021, una cantidad suficiente para determinar el resultado de cualquier elección competida.

El problema es que hasta ahora estos empresarios pobres no están representados por ningún partido.

Claro que algunos pertenecen a sociedades, cooperativas informales o mercados, pero su representación proviene más de la tradición (así se han organizado siempre) que de la convicción (una agenda que los entusiasme y esté diseñada para ellos).

Por un lado, Morena no tiene políticas para atender a los empresarios pobres. Su programa empresarial de “tandas del bienestar” resultó ser inefectivo y desapareció . Tampoco hay una política para promover a la pequeña empresa y los créditos a la palabra han resultado ser solo ayudas a fondo perdido, no incubadoras de política industrial y mejoras empresariales.

 

Peor aún, tal parece que Morena no parece tener clara la diferencia entre el empresario rico y el empresario pobre, y por tanto, no tiene una agenda de políticas públicas para eliminar monopolios, erradicar prácticas abusivas de grandes empresas hacia sus proveedores pequeños, mejorar los concursos mercantiles para pequeñas empresas o apoyar la inversión en logística para disminuir costos.

Por su parte, el PRI-PAN está colonizado por los intereses de las grandes empresas las cuales los han convencido de que deben rendirles pleitesía y darles todo gratis porque “crean empleos”.

A nivel local hay todo tipo de abusos. Los gobernadores se han convencido de que les conviene trabajar en favor de las grandes empresas. Se llenan la boca de hablar en favor del empresario pequeño pero sus acciones solo benefician a los más grandes. Su verdadero ideal de desarrollo es desaparecer al empresario pequeño para convertirlo en un empleado de una empresa más grande.

Convertir al empresario pobre en empleado de una empresa más grande podrá ser una idea atractiva para algunos de los empresarios pobres, pero no para todos. La máxima de los gobiernos del PRI y del PAN ha sido “cualquier empleo es mejor que ningún empleo” lo cual es falso. Para el mexicano promedio “ser empresario pobre es mejor que ser empleado pobre” y los datos lo muestran.

Es momento de crear una agenda que saque de la pobreza, no solo a los trabajadores o a las personas sin capacidad de trabajar, sino también a los empresarios. Esto requiere principalmente dos cosas.

Primero, un programa de mejoramiento urbano que ayude a erradicar la carencia de combustible, un aspecto que afecta al 29% de los empresarios pobres (comparado con 17% en la población pobre no-empresarial). Es decir, la carencia de gas o electricidad en sus casas. Esto es importante porque sin combustible los negocios se ven muy limitados, sus precios se incrementan y su calidad baja.

Segundo, se necesitar crear un programa de capacitación directamente dirigido a los empresarios pequeños. Esto es importante porque, entre los empresarios pobres, el rezago educativo es abismal. El 34% de los empresarios no tiene el nivel educativo que se esperaría de una persona de su edad, comparado con solo el 27% del resto de la población pobre no-empresarial.

 

El rezago educativo les impide emplearse en otras empresas (en caso de así desearlo) y limita el crecimiento de sus propias empresas. La capacitación empresarial debe enfocarse, no en que terminen grados académicos, sino en habilidades para el trabajo como computación, administración y logística.

En general, habrá que erradicar la idea de que la pobreza es un fenómeno rural de trabajadores explotados. No lo es. El capitalismo mexicano ha creado múltiples formas de vulnerabilidad y una de ellas, la que tiene mayor crecimiento, es la del empresario pobre. El partido político que se dé cuenta de esto en 2024 tendrá amplia posibilidad de ganar.

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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