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Nuevo León debe ser lección electoral

Ante el pésimo gobierno del Bronco y el vacío de PRI y PAN, la cuarta alternancia para el estado de Nuevo León viene con un gran riesgo, advierte Don Porfirio Salinas.
lun 07 octubre 2019 06:30 AM
Don Porfirio Salinas
Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera.

En 2021 se eligen 15 gubernaturas, ahora que el TEPJF confirmó que Baja California sólo será de dos años. De estas 15, Nuevo León es de particular importancia, por su peso económico, su población, y por el comportamiento electoral que ha tenido los últimos 20 años.

La elección de 2015 dio al histórico primer y único gobernador independiente del país, con congreso y alcaldías divididas. Y marcó la tendencia federal de 2018, para los pocos que quisieron verla. En 2018, AMLO ganó con proporciones similares y por razones muy parecidas.

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Muchos han opinado sobre la victoria del Bronco, enfocándose en su campaña. Pero pocos realmente han analizado todo lo que pasó antes, y que sentó las bases de su éxito electoral.

No ganó por una “gran campaña” en redes sociales, ni una “novedosa plataforma”, ni su “lenguaje franco”. Fue por los errores, excesos y soberbia de PRI y PAN, que le pavimentaron el camino.

El ambiente preelectoral era complejo. Había un profundo enojo social contra el exgobernador Rodrigo Medina por su corrupción descarada, su lejanía con la sociedad, y sus prácticas de división y opresión a su propio partido político, el PRI.

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Eso no le importaba, pues Medina tenía una gran cercanía con el entonces presidente Peña, con su vicepresidente Videgaray, y con el obscuro líder del PRI en el Senado, Emilio Gamboa.

En la contienda había dos tipos de aspirantes. Las jóvenes y muy conocidas Margarita Arellanes, entonces alcaldesa panista de Monterrey; e Ivonne Álvarez, entonces senadora del PRI. Y los políticos prestigiados Cristina Díaz e Ildefonso Guajardo del PRI, y Felipe Cantú del PAN.

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El debate público estatal y nacional parecía confundido, y muchos pensaban que la popularidad de Margarita e Ivonne eran determinantes. Otros, los más enterados, tenían claro que no era así.

Los estudios eran claros. La sociedad detestaba a Medina, pero quería darle una segunda oportunidad al PRI, siempre y cuando la candidatura fuera para una figura madura, con trayectoria nacional, respetada, y sin relación alguna con Medina.

Pero el PRI cometió un error fatal: fue el primero en nombrar candidata. Peña eligió a Ivonne, todo lo contrario a lo que la gente pedía. Manipulado por Gamboa y Medina en sus famosos juegos de golf, lo convencieron de que Margarita sería la candidata del PAN, y que sólo Ivonne podía ganarle.

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La reacción social fue brutal. Los nuevoleoneses se sintieron ofendidos y traicionados. “¿Quién cree Peña que somos? ¡NL no es Atlacomulco, acá sí queremos gobernantes de calidad!”, se decía.

Lo que nunca escuchó Peña es que, si bien Margarita e Ivonne eran las más conocidas, la gente las repudiaba, no las quería como gobernadoras. Del PRI, sólo aceptaban a Cristina e Ildefonso.

Los dos, que hoy siguen vigentes, eran piezas fundamentales del sexenio. Ildefonso como el respetadísimo secretario de Economía, único miembro del gabinete sin escándalos, que amortiguaba con el empresariado los constantes embates de Videgaray, y que salvó al TLCAN.

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Cristina, la prestigiada presidenta de la Comisión de Gobernación del Senado que operó muchas reformas presidenciales. Había conducido dos cambios de dirigencia nacional del PRI para Peña y dirigía la CNOP nacional, uno de los bastiones del partido. Hoy, alcaldesa de Guadalupe.

El Bronco comenzó su ruido el verano de 2014, cuando pidió una diputación federal, que Medina le negó. Renunció al PRI. En enero, aunque ya posicionado, no alcanzaba las 100 mil firmas de registro.

En sólo una semana a partir del nombramiento de Ivonne, el Bronco recaudó 300 mil firmas, cortesía de muchos priistas enojados, y de nuevoleoneses decepcionados con el nombramiento del PRI. El PAN, por su lado, en febrero eligió a Felipe Cantú, como algunos anticipaban, y no a Margarita.

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La campaña del PRI fue en picada, con eventos masivos vacíos, perdiendo votos diario. Y Felipe, aunque favorito, hizo una campaña tímida y débil; todo lo contrario a lo que la gente buscaba de él.

Ante la ausencia del PRI y el PAN, el Bronco creció; y cuando ambos quisieron atacarlo, sólo lo fortalecieron. Ganó con 26% de ventaja; con más votos que PRI y PAN juntos.

Así, se dio la tercera alternancia en NL. En 1997, el PRI perdió por primera vez el estado contra el PAN. En 2003, el PRI lo recuperó. Y en 2015, ganó el Independiente".

Desde los 90 las votaciones en NL son competidas y diferenciadas. La zona metropolitana de Monterrey, con 70% de la población en 12 municipios, está dividida. PAN y PRI tienen sus bastiones, y varios municipios alternan seguido, incluidos Monterrey y Guadalupe, las joyas de la corona.

En el Congreso Local la mayoría se ha alternado entre PRI y PAN, no siempre correspondiendo al partido en el gobierno. Pero a partir de 2018, por primera vez ningún partido tiene mayoría.

Hoy, la cuarta alternancia viene con un gran riesgo. Ante el pésimo gobierno del Bronco, su uso de recursos públicos para la campaña presidencial, y el vacío de PRI y PAN, la gente está harta. Hoy, el aspirante puntero a gobernador es el senador Samuel García de Movimiento Ciudadano.

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De poca sustancia, Samuel es un joven estridente que juega a política gracias a la “empresa” facturera de su padre, muy cercano al padre de Medina. Ganó la senaduría por MC, a pesar de los pronósticos; sin aliarse con el PAN y ante las pésimas candidaturas de PRI, PAN y Morena.

Hoy, con PRI y PAN dinamitados; un Morena débil; y sin un Independiente, el camino parece dibujado para otro sexenio más de retrocesos para NL. Sería la segunda gubernatura de MC, junto a Jalisco; dos de los estados más importantes. Y sería un gobierno totalmente adverso al Presidente.

Nuevo León merece mucho más, como motor que es del país. Nadie quiso entender la lección de las elecciones de 2015. ¿Estarán dispuestos los partidos a asumir responsabilidad, o dejarán que esta nueva desgracia para NL afecte una vez más al país?

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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