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Abortemos la doble moral

Una sociedad ultraconservadora no puede progresar, no puede desarrollarse, por eso es necesario que la regulación del aborto se realice a nivel federal, escribe Don Porfirio Salinas.
lun 30 septiembre 2019 07:00 AM
Don Porfirio Salinas
Don Porfirio Salinas es híbrido de política, iniciativa privada y escenario internacional. Priista orgulloso de “el valor de nuestra estirpe” (Beatriz Paredes dixit); antagónico al Peñismo, que atentó contra esta estirpe. Convencido de la política como instrumento de construcción de país, desde cualquier trinchera.

El sábado se conmemoró el Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Accesible, que se impulsó desde América Latina en 1990. En México hay poco que celebrar; según datos del Observatorio de Mortalidad Materna, el aborto inseguro es la cuarta causa de muerte materna.

Según la Dirección General de Epidemiología, en 2018 la tasa de mortalidad materna fue de 30.2 defunciones por cada 100,000 nacimientos; 8.7% de esos decesos fueron por aborto.

La situación de abortos clandestinos es preocupante no sólo en México sino en toda América Latina y el Caribe. Según el estudio global sobre Abortos 2017 del Instituto Guttmacher, especializado en salud reproductiva, al menos el 10% de las muertes maternas en la región son por abortos inseguros.

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El mismo estudio arroja que en los países con mayores restricciones legales es donde ocurren más abortos clandestinos, con una tasa de 31%; y en países donde se ha legalizado el aborto y se tienen facilidades para realizarlos, la tasa sólo es de 1%.

En la región, sólo Uruguay, Cuba, Puerto Rico, Guyana y la Ciudad de México tienen despenalizado el aborto; la gran mayoría de los países tienen marcos legales altamente restrictivos, y algunos países lo permiten bajo circunstancias extremas como violación o riesgo a la salud.

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El 25 de septiembre, Oaxaca se unió a la lista ejemplar, al convertirse en la segunda entidad en México que lo ha despenalizado, después de una discusión estatal de 10 años. Esto revivió el debate público nacional sobre el aborto.

Los resultados positivos de la despenalización son claros. Por ejemplo Uruguay, donde a siete años de haberlo legalizado, casi han erradicado las muertes de mujeres por abortos clandestinos, pasando de 40% a sólo 8% según la revista Gynecology & Obstetrics.

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La Ciudad de México es otro ejemplo. A 12 años de despenalización, hoy hay cero muertes por abortos clandestinos; y 25% de quienes abortan vienen de otras entidades. Según el INMUJERES capitalino, antes de 2007 seis de cada diez mujeres que abortaban en la Ciudad morían.

Pero la situación en México es crítica. Chiapas, Chihuahua, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nayarit, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán y Nuevo León criminalizan totalmente el aborto.

Esto ha generado que en México se iniciaran más de 2,000 carpetas de investigación por aborto entre 2015 y 2018, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

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Y a pesar de que en 2016 se reformó la NOM-046 sobre Prevención y Atención de Violencia de Género para establecer que todos los hospitales públicos garanticen la interrupción legal de embarazos por violación, sin necesidad de presentar denuncia ante MP; hay estados que se resisten.

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El mismo 2016, Baja California y Aguascalientes, haciendo gala de conservadurismo trasnochado, impugnaron esta reforma a la NOM, alegando que era ilegal y violatoria de sus atribuciones.

Afortunadamente, el 5 de agosto pasado la SCJN desechó esas controversias constitucionales, avalando así la obligación para hospitales públicos de respetar la NOM-046. Esto sienta un precedente histórico, al que se sumó Oaxaca, y al que ahora se espera que se sume Hidalgo.

Además, por supuesto, de la iniciativa de Ley de Amnistía presentada recientemente por el Presidente, que contempla excarcelación de mujeres convictas por aborto.

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Pero el problema del aborto no se entiende sin otro problema estructural: los embarazos no planeados. Entre 2010 y 2014, América Latina tuvo la tasa más alta del mundo: 96 por cada 1,000 mujeres de entre 15 y 44 años; dentro de la región, el Caribe tuvo 116 por cada 1,000.

Y este problema se agudiza cuando se trata de embarazos adolescentes, donde desde 2018 México es primer lugar de los países de la OCDE, con 77 por cada 1,000.

Esta situación, como el aborto, afecta más a las mujeres con menos recursos. Y aunque se habían hecho algunos logros, desde 2006 se rompió la tendencia y la tasa creció exponencialmente.

Casualmente, en el sexenio de Calderón, con Margarita Zavala en el DIF, se detuvieron todos los programas de prevención así como de educación sobre anticonceptivos, por razones moralinas.

Y eso coincide justamente con la oleada de discusiones públicas que, entre 2007 y 2010 provocó que en muchos congresos locales se aprobaran leyes estatales criminalizando el aborto".

En un país donde la violencia de género es cada día más común y más grave, en donde los casos de abusos sexuales comienzan por el propio seno familiar a edades muy tempranas, es imposible voltear la cara y dar la espalda.

Una sociedad ultraconservadora no puede progresar. Una sociedad moralina no puede desarrollarse. Una sociedad que esconde sus problemas por apariencias nunca podrá resolverlos.

Rara vez se ve a los antiabortistas pugnando por el respeto a las mujeres. Rara vez se les ve luchando contra la violencia sexual. La doble moral en México demuestra que no se trata de defender el “derecho a la vida”, sino de cuidar el “qué dirán”.

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Por eso, es claro que la regulación del aborto debe realizarse a nivel federal, y no puede ni debe ser facultad de las entidades federativas ante la gravedad del problema. Es urgente que desde el Congreso de la Unión se emita una Ley Nacional que aplique en todo el país.

Este tema, como la muerte digna, o la mariguana o la adopción, no pueden ser materia local si queremos avanzar hacia la modernidad.

Debemos de una vez por todas salvaguardar los derechos y libertades ciudadanas. Esa debería ser la prioridad de la 4T que, viniendo de las luchas históricas de la izquierda, está dejando mucho que desear.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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