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El juego fuera de la cancha: el Mundial 2026 arranca en México en medio de tensiones y desigualdades

El Mundial más caro de la historia inicia con los países sede sumergidos en tensiones políticas, con retos de seguridad y con obras a contrarreloj.
9 de cada 10 mexicanos no puede ir al Mundial que se juega en su país: la Copa de la desigualdades y tensiones
El 90% de la población mexicana que no puede pagar los costosos boletos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 estimados en más de 50,000 pesos quedó fuera del torneo. (Foto: Expansión)

Nota editorial: Esta entrevista forma parte del número de junio "Las 500 empresas de México" de la revista Expansión, que puede consultarse aquí.

México juega en casa su tercer Mundial. Si bien el país tiene experiencia como sede de este evento deportivo, en 2026 sale a la cancha en un terreno distinto al de hace 40 años, cuando un polémico y memorable Diego Armando Maradona se coronó con Argentina al vencer a Alemania en el estadio Azteca.

Los cambios son muchos dentro y fuera de la cancha. Como dice el escritor Juan Villoro, “el futbol ocurre en la hierba y en la agitada conciencia de los espectadores”. Del estadio Neza, por ejemplo, solo quedan recuerdos. Allí ya no habrá partidos, como en el último mundial de México, en 1986. El recinto quedó fuera del juego, al igual que el 90% de la población mexicana que no puede pagar los costosos boletos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 estimados en más de 50,000 pesos, cuando el salario promedio mensual en el país fue de 10,800 el año pasado.

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En México, el Mundial no ha traído solo fiesta y pasión, también exclusión y un agravamiento de las desigualdades. Efrén Pérez, especialista de Oxfam México, explica que este campeonato fortaleció el fenómeno de encarecimiento de la vivienda que ya atravesaba el país. Las rentas de casas y otros hospedajes aumentaron sin regulación y han provocado desalojos forzados en algunas partes de la Ciudad de México.

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El Mundial fortaleció el fenómeno de encarecimiento de la vivienda que ya atravesaba el país. (Foto: Cuartoscuro)

La inversión en infraestructura, como la remodelación del metro, tampoco trae solo beneficios. Las obras se financian con deuda pública, no contribuyen a resolver los principales problemas de movilidad y se realizaron sin consulta ciudadana. “¿A qué costo estamos financiando un evento deportivo que va a tener solo una lógica de derrama económica, no de beneficio a largo plazo?”, cuestiona Pérez.

Justo esta derrama, asegura el especialista, no beneficia a toda la población y tampoco es suficiente para cubrir la inversión en las obras hechas específicamente para el torneo. Lo sucedido en otros países lo demuestra.

Un análisis del medio estadounidense ProPublica encontró que las ganancias del Mundial son mínimas para las ciudades sede, que, además, en las últimas ediciones han recibido menos visitantes que los esperados. A Brasil llegó solo el 64% de las inversiones esperadas y a Sudáfrica, el 66% de los turistas previstos, según Viridiana Ríos, especialista en temas de desigualdad y políticas públicas.

A esto se suma la exclusión de la mayoría de la población. Nueve de cada 10 mexicanos no pueden pagar los boletos del Mundial, estimados en más de 50,000 pesos por las nuevas modalidades diseñadas por la FIFA para comprar entradas y acudir a los partidos. “El nivel de precios sí es significativamente alto para el poder adquisitivo que tenemos en el país”, explica Axel González, coordinador de datos de México, ¿cómo vamos?

Para la reinauguración del estadio Azteca, por ejemplo, donde jugaron la selección mexicana y la de Portugal, los precios por boleto oscilaron entre 6,500 y 36,000 pesos, ilustra el especialista. Las dos cantidades, sin embargo, resultan altas para los ingresos de la mayoría de los hogares mexicanos. “Solo un porcentaje muy pequeño de la población tiene la posibilidad de ir a este Mundial. El nivel de ingresos necesario para asistir a uno de los partidos solo lo tiene alrededor del 10% de la población en nuestro país”, agrega González.

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En su libro Dios es redondo, Juan Villoro dibuja otros mundiales distintos, como el de Francia 98. Ahí veía a “las multitudes llenar los estadios ilusionadas por algo que no solo pasa en la cancha”. Pero el Mundial cambió de lógica. Los expertos coinciden en que transitó hacia una meramente comercial.

“El ocio, el acceso a la cultura y al deporte son derechos que tendría que garantizar el Estado. El problema es que se topan con que el deporte y la cultura también son negocios”, señala Pérez, de Oxfam.

Ahora el juego es el estatus social, los eventos de élite, que relegan el futbol, ese deporte que, por años, hizo que el mundo contuviera el aliento, según Villoro. Si antes el futbol salía del barrio, ahora la Copa 2026 excluye el barrio del futbol.

La tensión trilateral

Hoy en día, tres países comparten la sede del torneo, pero llegan con tensiones en su relación trilateral en temas de seguridad y comercio. A la par, México invierte en obras contrarreloj que no son prioritarias para la CDMX, Guadalajara y Monterrey.

Y aunque las autoridades pronostican una derrama económica de hasta 3,000 millones de dólares, los pequeños comerciantes dudan que los salpique. En este contexto político, económico y social, el país da el silbatazo inicial.

Pero hay que recordar el antecedente. Bajo el lema ‘United 2026’, México, Estados Unidos y Canadá unieron esfuerzos en 2017 para presentar su candidatura para ser anfitriones del Mundial. Buscaban proyectar al mundo una imagen de integración, cooperación, fortaleza regional y que el futbol es un puente para unir países. Nueve años después, el contexto regional es muy diferente y contrasta con el espíritu de colaboración.

La relación atraviesa uno de los momentos más tensos de su historia a causa del comercio, la economía y la seguridad. “La región se encuentra a la mitad de una serie de tensiones, acusaciones e intrigas”, plantea Carlos Manuel López Alvarado, internacionalista y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El Mundial no llega en el momento óptimo de la relación.
Carlos Manuel López Alvarado, internacionalista de la UNAM.

Entre México y Estados Unidos hay desconfianza y se mantiene la amenaza, principalmente, por temas de seguridad. La alianza entre Estados Unidos y Canadá se debilitó por disputas comerciales y arancelarias, y con México no hay tanta cercanía.

Como sea, los tres países comparten no solo la anfitrionía del Mundial que se realiza entre el 11 de junio y el 19 de julio, y en el que, por primera vez, participarán 48 selecciones que disputarán 104 partidos; sino la revisión conjunta de su tratado de libre comercio, el T-MEC.

En la región, donde viven más de 500 millones de personas y que aspira a ser de las más competitivas del mundo, las tensiones tienen un factor común: el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, que derivó en una política comercial agresiva, aranceles y declaraciones que juntan la economía con la seguridad.

“Es una relación de amor-odio”, explica Miguel Sigala, profesor e investigador del Centro de Estudios sobre América del Norte de la Universidad de Guadalajara (CUCSH). “Por un lado, podemos ser socios, podemos tener una interdependencia profunda, compartir lazos sociales, culturales, familiares, económicos y un interés geopolítico similar; pero, por otro lado, existe desconfianza y hay tensión, un temor identitario y temor de la soberanía de los tres países”, señala.

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Con México, el tema de la seguridad mantiene un momento crítico con Estados Unidos. Desde que Trump regresó a la Casa Blanca, ejerce presión para que México haga más contra los cárteles, a los que declaró organizaciones terroristas extranjeras (OTE).

Incluso, en abril la tensión se elevó debido a que se reveló que dos agentes de la Agencia de Investigación Criminal (CIA) participaron en un operativo para desmantelar un laboratorio de drogas en el estado de Chihuahua, lo que implicó una violación a la Constitución y a la Ley de Seguridad Nacional, y por las acusaciones que desde el Departamento de Justicia se hicieron contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al vincularlo con el narcotráfico.

“¿Cómo tener una relación de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, una comercial y una deportiva exitosas con socios que no se tienen confianza, que no se hablan para colaborar, que tratan temas mediáticamente?”, cuestiona Anabel Ortega Muñoz, internacionalista y catedrática de la Universidad La Salle.

Entre Estados Unidos y Canadá, tampoco se atraviesa el mejor momento, sobre todo, por la política arancelaria de Donald Trump que no solo impuso aranceles del 25% al país del maple, sino que también sugirió la anexión de la novena economía a la primera.

La relación entre México y Canadá, aunque es importante, tampoco es igual de estratégica. Con Canadá, por ejemplo, el comercio es de alrededor de 44,539 millones de dólares, el 5% del comercio con Estados Unidos, que asciende a 872,834 mdd.

La cooperación entre las tres naciones es clave para garantizar la movilidad, la infraestructura mundialista, la gestión de riesgos y, sobre todo, la seguridad. El gobierno de México anunció, por su parte, la estrategia de seguridad denominada Plan Kukulkán, que desplegará 100,000 elementos entre militares, policías y guardias privados para blindar las tres ciudades mundialistas.

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La falta de unidad

El sorteo final de la Copa Mundial, realizado el 5 de diciembre de 2025, pudo haber sido la única ocasión en la que los jefes de Estado de los países anfitriones estuvieron juntos. Junto a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, Sheinbaum posó con Mark Carney y a Donald Trump, cada uno sosteniendo el nombre del país que gobierna y que son la cabeza de los grupos A, B y D.

México es el socio más vulnerable del T-MEC: enfrenta la desaceleración de EU y Canadá con presión extra
Para el arranque del Mundial no habrá foto de los tres mandatarios, pues la presidenta Sheinbaum regaló su boleto. (Mandel Ngan - Pool/Getty Images)

De la histórica inauguración del Mundial, que se estima será vista por 6,000 millones de personas en diversas plataformas, no habrá fotografía de sus mandatarios. Y en la fiesta, en la que el mundo olvida sus diferencias por algunos días, no estarán juntos los anfitriones, pues la presidenta Sheinbaum regaló su boleto.

“En política, la forma es fondo”, enfatiza López Alvarado, de la UNAM. “Estar juntos mandaba un mensaje de unidad, de fortaleza entre los tres socios importantes, de integración a América del Norte envidiable, pero cada uno optó por reforzar sus discursos internos”.

La CDMX a prueba

La exclusión y la desigualdad no solo se refieren a las pocas posibilidades de obtener boletos, sino a la posibilidad de que diferentes comercios prosperen. Esto alcanza a los restaurantes o tienditas, que enfrentan restricciones para operar y costos adicionales, mientras ven de lejos las proyecciones de que la Ciudad de México anote un gol con una derrama económica de 50,000 millones de pesos entre boletaje y consumo.

“Al pequeño comercio, estamos calculando que va a ser más del 80% de esta derrama”, apunta Manola Zabalza, titular de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco). Sin embargo, pequeños restaurantes y tiendas de barrio de alrededor del estadio CDMX se muestran pesimistas ante el Operativo de Última Milla, con el cual la policía y las autoridades de gobierno capitalino restringen el acceso peatonal y vehicular en un kilómetro y medio a la redonda del Coloso de Santa Úrsula.

Paola Peña, dueña del restaurante de antojitos mexicanos Mi Chingón Homero, resistió un año y 10 meses pagando renta pese a que cayeron sus ventas por el cierre del estadio para su remodelación. “El año pasado, no generamos nada porque quitaron la banqueta, nos quedamos sin toldo, no había paso en ningún lado, estuvimos en ceros. (…) Yo me aferré para no perder este lugar porque pensé que iba a estar muy bien”, cuenta.

Pero el operativo vial y de seguridad dificultó la llegada de clientes a su negocio en la reapertura del estadio con el partido de México vs Portugal el 28 de marzo y le mostró un escenario de lo que podría ser el Mundial. “Allá adentro (en el estadio) sí va a estar superbien, pero a nosotros no nos está funcionando”, afirma Peña.

La ciudad también tiene el reto de garantizar la seguridad de los miles turistas que acudirán a alguno de los cinco partidos en la capital mexicana, para lo que el gobierno federal planea desplegar más de 52,000 elementos.

Para disuadir, detectar y atender posibles actos delictivos, la policía se apoyará también con la tecnología, con drones, sistemas de reconocimiento facial para identificar revendedores en las cercanías del estadio y la red de 113,000 videocámaras conectadas al C5, apunta el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez.

“Esa densidad de cámaras, muchas de ellas colocadas en las zonas que sabemos que van a ser estratégicas para el Mundial, nos van a permitir no solo reaccionar ante incidentes, también ir regulando los flujos de tránsito y de la gente que se va aproximando [al estadio]”.

Para garantizar la llegada al Coloso de Santa Úrsula, reduciendo el uso de autos particulares, el gobierno de la ciudad apuesta por el transporte público y park and ride. Para ello, se destinaron 1,500 mdp para la remodelación de la línea 2 del metro, de Cuatro Caminos a Taxqueña; mientras que en el Tren Ligero se amplió la terminal Taxqueña y se intervinieron siete estaciones más.

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El Metro en la CDMX continúa en renovación. Si bien las obras se quedarán, no están listas del todo para el torneo. (Foto: Cuartoscuro)

Aunque las obras avanzan contrarreloj de cara al comienzo del Mundial el 11 de junio, la que ya fue inaugurada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, es la Ciclovía Gran Tenochtitlán, que miles de ciclistas estrenaron el 19 de abril.

Para los partidos se habilitará el servicio de park and ride con unidades de trolebús y RTP, que llevarán a las personas desde puntos estratégicos –como Auditorio, Santa Fe y Plaza Carso– prácticamente hasta la puerta del estadio.

“Vamos a implementar ocho servicios que vamos a operar exclusivamente con trolebuses, vamos a aprovechar la autonomía que tienen estas unidades con un avance tecnológico donde pueden operar cuando menos 75 kilómetros sin estar conectados a la catenaria”, explica Martín López Delgado, director del Servicio de Transportes Eléctricos (STE). “Eso nos va a permitir poder trasladar, cuando menos, 15,000 personas que se van a dirigir al estadio a ver los partidos”.

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En tanto, las obras en las otras ciudades que albergarán el torneo también continúan en curso, en espera de que el tiempo alcance para su conclusión previa a la Copa. La situación del costo de los boletos no es diferente en Guadalajara y Monterrey, como tampoco lo son los temas de seguridad y la poca esperanza en el crecimiento de los pequeños comercios.

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