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Ser PECES

Revisemos nuestros deberes y nuestra actuación diaria: cada día es un ladrillo de la construcción que queremos para nosotros y nuestros hijos.
Asistentes Zócalo Grito Independencia
Si los mexicanos adoptamos un código de conducta personal, es perfectamente posible cambiar lo que no funciona e impedir que un grupo haga lo que quiera, apunta Juan Francisco Torres Landa. (Héctor Vivas/Getty Images)

A la memoria de mi tío Juan José Torres Landa García, un hombre generoso, exitoso, enérgico, polifacético y de impacto eterno. QEPD.

Vivimos una época en la que muchos nos hacemos la misma pregunta una y otra vez: ¿qué debo hacer para incidir en lo que sucede a mi alrededor y, sobre todo, en el país? Millones de mexicanos nos preguntamos si hay salida a la situación cada vez más precaria que vive México frente a un gobierno populista, inepto, destructor y crecientemente autoritario.

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No hay fórmula mágica, pero sí hay conductas que podemos practicar todos los días. Solemos pensar que la historia la cambian los grandes actos de heroísmo, como una guerra o una revolución. La realidad es otra: son las conductas sostenidas, día con día, las que transforman a una nación.

La patria se construye con pequeñas dosis de constancia y perseverancia que se suman voluntad por voluntad. Se destruye cuando esas acciones dejan de hacerse y toleramos que unos cuantos irresponsables la erosionen. El problema es la tolerancia individual del mal; la solución, la actitud contraria. Pensemos en una playa: cuando millones de granos de arena se mueven en una misma dirección, el efecto es enorme y visible, aunque cada grano sea minúsculo. Así funciona una sociedad.


Lo que propongo en esta entrega es sencillo: si los mexicanos adoptamos un código de conducta personal, es perfectamente posible cambiar lo que no funciona e impedir que un grupo haga lo que quiera solo porque se siente con poder e impunidad. Hoy unos cuantos deciden por capricho lo que nos pasa a todos. Eso puede cambiar si cada uno de nosotros se vuelve intolerante ante el abuso, no en teoría, sino como una responsabilidad diaria y compartida.

Ese código se resume en cinco compromisos personales, que debemos asumir todos los días y no solo en momentos especiales. Los he llamado ser PECES.

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Participativos: Nadie puede quedarse en la banca. La apatía y el desinterés no son opción. Debemos estar presentes en las discusiones y decisiones de nuestro entorno, desde la junta familiar y la asamblea vecinal hasta las campañas y los procesos electorales. Quien calla deja que otros decidan por él y abre la puerta al abuso. Todo cuenta. La participación no tiene días de descanso.

Exigentes: Participar no basta; hay que exigir resultados. Quienes están en el poder deben saber que los ciudadanos vamos a reclamar cada vez que no los haya. Nada de improvisación ni de ocurrencias que no resuelven nada. Nada de medir el desempeño por lo que se gasta: lo que cuenta son los beneficios tangibles. La rendición de cuentas no es una concesión, es una obligación.

Contestatarios: Al poder se le critica, no se le alaba. Necesitamos un ojo clínico que les recuerde a los servidores públicos que están bajo escrutinio y que no toleraremos malas decisiones. Hay que desenmascarar el engaño, rebelarse ante la mentira, no aceptar excusas y, sobre todo, desterrar la idea de que quien gobierna está por encima de los gobernados. Se les contrata para servir, no para servirse, aunque muchos lo olviden en cuanto se suben al ladrillo.

Excelentes: No podemos conformarnos con lo mediocre, ni en lo público ni en lo personal. Cuesta lo mismo hacer las cosas bien que mal, pero desperdiciar recursos por improvisación es imperdonable. El erario lo sostenemos los contribuyentes y merece respeto absoluto de quienes lo administran temporalmente; el gobierno no es una miscelánea. Y para exigir excelencia con autoridad moral, empecemos por practicarla en nuestro propio trabajo.

Solidarios: En México persisten una enorme desigualdad y rezagos sociales que revelan una injusticia acumulada. Todas las decisiones públicas deben contribuir a que la pobreza, en sus distintas facetas, se resuelva y a que el piso parejo sea una realidad. La movilidad social debe ser el eje transversal de toda política pública. Cada uno de nosotros debe velar por que se ataquen las causas de fondo de la marginación, no con discursos huecos ni medidas electoreras, sino con un compromiso real con quienes menos tienen.

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Estos son los cinco compromisos si queremos trabajar juntos por un mejor destino para el país. Si todos somos PECES, los retos se vuelven superables. En la película Bichos (Pixar), las hormigas descubren que, unidas, pueden liberarse de los saltamontes que las oprimían convencidos de su impunidad. No es casual que en México llamemos «grillos» a los malos políticos. Las hormigas somos quienes, unidos y congruentes, no debemos dejar espacio a sus abusos.

Morena apuesta a que basta con su narrativa para que una población desunida siga soportando su impericia y sus abusos; da por hecho que no tenemos la disciplina para actuar de manera coordinada. Aquí sostenemos lo contrario: sí hay salida del túnel en el que nos metieron desde 2018, y el destino lo escribimos nosotros, no quienes ocupan el poder de manera pasajera.

Con una población unida en el propósito de frenar la destrucción del país, ninguna narrativa oficial alcanza. Si hubiera habido más PECES hace décadas, el engaño difícilmente habría encontrado tierra fértil. Pero el hubiera no existe.

Lo que sí existe es el presente y el futuro, y dependen de lo que cada uno pensemos y hagamos todos los días. No podemos esperar a que otros actúen por nosotros. La próxima cita es la jornada cívica del 6 de junio de 2027. Ahí, como PECES, debemos pasar factura a quienes no merecen seguir dañando al país.

Revisemos nuestros deberes y nuestra actuación diaria: cada día es un ladrillo de la construcción que queremos para nosotros y nuestros hijos. O nos comprometemos cada día, o arriesgamos perder la patria. Ser PECES no es opcional: es indispensable.

También puedes ver:

P.D.1. La permanencia de Guadalupe Taddei al frente del INE era insostenible. Una institución que requiere confianza absoluta no puede encabezarla alguien cuya probidad está en entredicho. Las acusaciones deben investigarse a fondo y, de acreditarse, sancionarse. Ahora es indispensable que quien ocupe el cargo goce de plena confianza, pues tendrá a su cargo el proceso electoral más importante de la historia en 2027.

P.D.2. Los episodios de descontento social en Europa llaman poderosamente la atención. Reflejan un problema estructural: una juventud que no ve futuro, sino incertidumbre. Preocupa en especial el endeudamiento de gobiernos que, para ganar elecciones, ofrecieron programas impagables, sobre todo en pensiones, cuyo peso recaerá sobre una generación menos numerosa.

P.D.3. La situación financiera de Pemex sigue siendo una preocupación permanente. La apuesta de Morena por rescatarla a cualquier costo y priorizar la refinación ha creado una bola de nieve que compromete seriamente las finanzas del país. Pemex debería reestructurarse como lo hizo Petrobras hace alrededor de una década: desinvertir los activos improductivos y dejar que los operen manos privadas.

P.D.4. Lamentamos el fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. QEPD. Fue uno de los artífices de la democratización del país desde finales de los años ochenta, y su postura en 1988 evitó un riesgo real de violencia. Reconocido eso, también hay que decirlo: frente a los abusos de López Obrador y de Morena hizo falta una voz suya mucho más firme. La regresión autoritaria ameritaba un pronunciamiento contundente que, tristemente, ya no llegará.

P.D.5. La inseguridad en las carreteras sigue siendo alarmante. Los transportistas ya no soportan los riesgos materiales y personales. En tramos muy transitados, como las Cumbres de Maltrata, las bandas asaltan a quien pasa mientras la autoridad no actúa. Esa inacción exige explicaciones. Hoy viajar por el país es un riesgo para todos.
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Juan Francisco Torres Landa* es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s.

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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