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Déficits para cumplir con el derecho humano al trabajo

No es posible construir un país próspero y justo sobre la base de la exclusión y la precariedad. El trabajo digno no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano fundamental.
(Mujer trabajando en un taller de costura)
Vivimos la paradoja de enfrentar escasez de personal, vacantes no cubiertas y alta rotación, mientras millones de personas no tienen trabajo, plantea Rogelio Gómez Hermosillo. (Oli Scarff/©Getty Images)

El sistema laboral en México arrastra graves déficits acumulados por décadas. Al menos 57 millones de personas (en adelante: M) carecen de trabajo digno, lo que impide el ejercicio de un derecho humano fundamental, habilitante para el bienestar y para otros derechos como alimentación, educación, salud y vivienda.

El más reciente reporte del Observatorio de Trabajo Digno, con datos INEGI – ENOE 1er trimestre 2026, muestra que, pese a los avances por la reforma laboral, la recuperación del salario mínimo, la prohibición del outsourcing abusivo, el aumento de vacaciones y la reducción de la jornada, 21.7 M aún están excluidas de su derecho al trabajo y al menos 36 M tienen trabajo, pero precario (ver reporte ).

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Exclusión

Vivimos la paradoja de enfrentar escasez de personal, vacantes no cubiertas y alta rotación, mientras millones de personas no tienen trabajo. La ilusión de un país sin desempleo es absurda. Confundir desocupación con el desempleo completo es ver sólo la punta del iceberg.

La desocupación (1.6 M, 2.55%) refleja solo a quienes buscaron trabajo activamente la semana previa. Pero hay otras 4.9 M "disponibles" que no buscan porque consideran que no tienen posibilidades (aunque lo hicieron recientemente). En total, el desempleo completo alcanza 6.5 M de personas, con una tasa ajustada de 9.7%, mayor para mujeres: 14% y jóvenes: 15%.

Además, hay que visibilizar a personas no disponibles para trabajar, que podrían y necesitan hacerlo: Hay 15.2 M que no buscan trabajo por asumir labores de cuidado no remunerado en su hogar, 94% (14.3 M) son mujeres. Esta exclusión, con claro sesgo de género, puede enfrentarse si pasamos de hablar del sistema de cuidados a actuar: estancias infantiles, escuelas de horario ampliado y otros servicios que faciliten a las mujeres que así lo decidan incorporarse al trabajo remunerado.

Precariedad

La otra cara del déficit es trabajar en condiciones precarias. Su expresión más clara y medible es la carencia de acceso al seguro social: servicios de salud y protección al ingreso ante enfermedad, embarazo o vejez. Hoy, 35.9 M carecen de él (61%). Son la expresión más nítida de la informalidad.

Como he mostrado en colaboraciones recientes, la "informalidad" refleja en realidad a personas que se ganan la vida "como pueden" en trabajos precarios sin derechos laborales (Ver Expansión 9/1/2026 , 23/1/2026 ó 10/7/2026 ). De 32.6 M con trabajos informales, 99.5% carecen de seguro social y 87% se concentran en micronegocios (con 1 a 10 personas ocupadas).

La otra forma de precariedad es la carencia de salario suficiente. Sin embargo, como los datos de la ENOE reflejan cada vez menos el ingreso laboral real, pues muchas personas declaran ingreso “0”, dejamos pendiente ese análisis para un siguiente reporte del Termómetro Salarial basado en datos del IMSS.

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Indefensión

La precariedad es también indefensión para defender derechos laborales. Los indicadores del OTD revelan que 86% de quienes tienen un trabajo subordinado carecen de organización sindical para la negociación colectiva y que 48% no cuentan con un contrato estable. Esta ausencia de representación y certeza explica, en parte, por qué el deterioro de las condiciones laborales no se revierte sustancialmente a pesar de los avances legales.

El reporte 29 del OTD concluye con 5 recomendaciones para enfrentar estos déficits: 1) Ampliación de servicios de cuidado. 2) Estrategia integrada de primer empleo formal para jóvenes. 3) Alinear incentivos frente a la informalidad con un esquema subsidiado de acceso al IMSS para quienes trabajan por cuenta propia y en micronegocios. 4) Actualizar las tablas de retención para desgravar los salarios bajos. 5) Impulso empresarial al ingreso digno.

Pretender que el "libre comercio" u otras fuerzas de mercado —por más positivas que sean— resolverán por sí solas estos déficits es ignorar décadas de evidencia en contrario. Tampoco bastan reformas legales parciales, aunque ciertamente han sido avances necesarios. Se requiere un compromiso más profundo: política pública enfocada, responsabilidad empresarial y participación ciudadana activa.

Seguiremos insistiendo: No es posible construir un país próspero y justo sobre la base de la exclusión y la precariedad. El trabajo digno no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano fundamental. Su cumplimiento es condición indispensable para el bienestar de las personas, para el futuro de México y también para una economía fortalecida y equilibrada.

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Nota del editor: Rogelio Gómez Hermosillo es Presidente Ejecutivo de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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