Fiscalías que persiguen carpetas, no fenómenos
Aquí reside quizá la falla conceptual más profunda del modelo actual.
Las fiscalías mexicanas fueron diseñadas —y siguen operando— como máquinas procesadoras de expedientes. Cada caso llega, se registra, se clasifica y eventualmente se archiva o se judicializa.
El sistema mide su productividad en función de la velocidad con que procesa esa carga.
Lo que ningún indicador mide es si ese trabajo tiene algún efecto sobre la criminalidad real. ¿Se desarticuló alguna red de extorsión? ¿Se identificó la estructura financiera detrás de una banda de secuestradores? ¿Se redujo la presencia territorial de una organización que opera en determinado municipio?
La respuesta, en la gran mayoría de los casos, es no.
No porque los fiscales sean incompetentes, sino porque el modelo institucional no fue diseñado para ese propósito.
La persecución penal estratégica —que orienta la acción del ministerio público hacia fenómenos criminales y no hacia carpetas individuales— sigue siendo una aspiración retórica en México, no una práctica institucionalizada.
Inteligencia criminal: la gran ausencia
Las fiscalías que mejor funcionan en el mundo no operan en modo reactivo. T
rabajan con análisis criminal sistemático, inteligencia financiera, georreferenciación del delito, minería de datos y análisis de redes criminales.
No esperan que llegue una denuncia para comenzar a investigar: construyen conocimiento sobre los mercados delictivos que operan en su territorio y orientan sus recursos hacia los nodos de mayor impacto.
En México, esta capacidad es marginal o inexistente en la mayoría de las fiscalías estatales. Los equipos de análisis criminal son pequeños, mal equipados, escasamente formados en metodología y frecuentemente subordinados a lógicas administrativas que los neutralizan.
El resultado es predecible: instituciones que reaccionan al delito sin nunca anticiparlo, que investigan hechos sin nunca comprender fenómenos.
La policía que condiciona todo
Existe un factor que con frecuencia se omite en los análisis sobre fiscalías: ninguna institución de procuración de justicia puede ser mejor que la calidad de las investigaciones policiales que recibe. Una fiscalía depende, en buena medida, del trabajo previo de las policías preventivas, las policías de investigación y los servicios periciales.
En México, ese eslabón es críticamente débil.