Y sin embargo, Michoacán no tiene un solo artículo en su Código Penal que tipifique el reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes como delito autónomo.
La entidad aparece entre los 10 estados con mayor incidencia en el país, y el marco jurídico local actúa como si el problema no existiera.
Eso no es un descuido legislativo. Es una decisión política disfrazada de omisión.
Zamora, Morelia, Jacona, Uruapan: la geografía del abandono
El mismo informe federal identifica con precisión los cuatro municipios de mayor riesgo: Zamora, Morelia, Jacona y Uruapan. En esos territorios operan simultáneamente el Cártel de Sinaloa, el CJNG, la Nueva Familia Michoacana, Los Viagras y escisiones de Los Caballeros Templarios.
No es una coincidencia que sean también zonas de alta deserción escolar, violencia intrafamiliar y desempleo juvenil. La investigación de REDIM y el Centro de Estudios Antonio de Montesinos —realizada entre 2018 y 2025 con apoyo de la Unión Europea— lo confirma con datos georreferenciados y testimonios directos: los menores no llegan al crimen organizado exclusivamente por coerción física.
Llegan porque la pobreza, la ausencia de instituciones y la búsqueda de pertenencia construyen un camino que el Estado dejó libre y el cártel pavimentó. Eso no los hace cómplices.
Los hace víctimas de un sistema que llegó tarde —o no llegó.
El reclutamiento que se disfraza de autobús voluntario
En junio de 2026, el Fiscal General Carlos Torres Piña ( que en lugar de atender estos temas, se encuentra ya en campaña por la nominación de Morena por la candidatura al gobierno de Michoacán) confirmó tres casos de reclutamiento forzado con cuatro víctimas, todas rescatadas en tránsito hacia Tierra Caliente.
Lo que hace especialmente preocupante el patrón no es la coerción visible, sino su ausencia: las víctimas abordaron autobuses por su propio pie. Una venía de Jalisco. Otra, del Estado de México.
Los enganchadores operan con lógica transnacional y las instituciones responden con lógica municipal. Las autoridades locales de Morelia revelaron, casi de manera incidental, que existe evidencia de campos de adiestramiento a las afueras de la capital michoacana.
La pregunta incómoda es inevitable: si esa información llegó a través de una detención fortuita, ¿qué tan robusto es realmente el sistema de inteligencia preventiva del estado?