La lógica operativa no ha cambiado porque nadie ha tenido los incentivos —ni la voluntad política— para cambiarla.
Lo que ocurrió en estas dos jornadas de celebración por los triunfos de la Selección Mexicana en el Mundial 2026 no fue una anomalía. Fue la expresión natural de un modelo de gobernanza del espacio público que ha decidido, sistemáticamente, que el festejo futbolístico es una zona de excepción cívica.
Los hechos que el "saldo blanco" no contabiliza
La camioneta de trabajo de José Daniel Gallegos Rosales fue destrozada por aficionados frente a decenas de elementos policiales. Nadie fue detenido por ese hecho específico.
Una parada del Metrobús fue utilizada como trampolín hasta que personas comenzaron a caer y lesionarse. Nadie fue detenido. Conos de tránsito fueron lanzados como proyectiles entre la multitud sobre Paseo de la Reforma. Cinco personas fueron arrestadas por peleas en toda la jornada del 18 de junio: una cifra que no guarda ninguna proporción con la escala de los incidentes documentados en video.
La Secretaría de Obras y Servicios movilizó 360 trabajadores, 23 vehículos y 6 hidrolavadoras para recoger 40 toneladas de basura.
Al cierre de este análisis, el gobierno capitalino no había publicado el balance económico de los daños al patrimonio urbano. El silencio sobre el costo real no es descuido administrativo: es parte de la narrativa.
2,500 policías para no intervenir
El operativo del 18 de junio desplegó 2,500 elementos en la zona del Ángel ante una concentración estimada de 400 mil personas. La ratio resultante —un policía por cada 160 ciudadanos— supera con creces los estándares internacionales para eventos de riesgo alto, que establecen entre 1:50 y 1:80 en zonas de alta conflictividad identificada. Pero el problema no fue cuantitativo: fue de diseño.
El propio secretario de Seguridad lo dijo con una transparencia que debería alarmar: "con tanta gente, muchas veces puede no ser la decisión correcta" intervenir.
Con esa declaración, el funcionario no describió una limitación operativa: describió una política.
Un operativo diseñado para contener y orientar, no para disuadir ni sancionar, es un operativo diseñado para no funcionar ante el desorden.
La doctrina moderna de manejo de multitudes —el modelo post-Hillsborough, las directrices OSCE— exige zonificación diferenciada por densidad y riesgo, con microequipos de intervención rápida en nodos de alta conflictividad.
No existe evidencia pública de que algo parecido haya sido implementado.