El doble rasero como política de Estado
Gobernar con doble rasero no es un accidente; es una decisión.
Cuando el gobierno mexicano abre canales de colaboración con actores estatales rusos en materia educativa, ideológica o de seguridad, mientras simultáneamente legisla contra la intervención extranjera apuntando exclusivamente hacia el norte del continente, estamos ante una inconsistencia que no admite explicación técnica: solo admite explicación política.
La soberanía selectiva no es soberanía; es política exterior disfrazada de principio constitucional.
Una democracia que se blinda frente a ciertos actores internacionales mientras permite —o peor, estimula— la influencia de otros, no está defendiendo su integridad electoral: está eligiendo quién puede influir en ella.
Esa elección tiene un nombre en la teoría política y en el derecho internacional, y no es precisamente "neutralidad".
Lo que sí se puede y se debe hacer: política pública con visión de 360 grados
Las soluciones existen y son técnicamente viables, aunque políticamente incómodas para cualquier gobierno que opera con alianzas ideológicas internacionales:
Primero, dotar a la ley secundaria de la reforma electoral antiinjerencia de un mecanismo de activación universal y ciego al origen ideológico, donde el criterio de activación sea la evidencia de intervención, no la bandera del país interviniente. Eso requiere un órgano técnico autónomo —no político— con capacidad forense digital y de inteligencia.
Segundo, crear un Protocolo Nacional de Detección de Influencia Extranjera que opere de manera permanente, bajo supervisión del INE, la UNAM y órganos de inteligencia civil, con facultad para emitir alertas públicas sin importar la procedencia de la intervención. Rusia, China, Estados Unidos: mismo rasero, mismo protocolo.
Tercero, profesionalizar y fortalecer la Unidad de Inteligencia Electoral, hoy prácticamente inexistente como entidad especializada, con presupuesto etiquetado, perfil técnico y rendición de cuentas ante el Congreso, no ante el Ejecutivo.
Cuarto, México debe suscribirse a los marcos internacionales de monitoreo de desinformación y operaciones de influencia ya operativos en Europa —en particular los desarrollados desde el mecanismo EEAS de la Unión Europea—, adaptados a la realidad latinoamericana, sin alinearse a ningún bloque, sino a los estándares técnicos de detección.
La conclusión que duele: la reforma que pudo ser histórica
La iniciativa de Monreal pudo haber sido una reforma histórica, un hito en la madurez democrática de México.
Tenía el andamiaje constitucional correcto, el momento político adecuado y la legitimidad de un principio irrebatible: ninguna potencia extranjera debe interferir en la voluntad popular mexicana.