En México existen hoy municipios donde la policía local es, funcionalmente, una extensión del crimen organizado regional. No como excepción. Como norma operativa documentada.
Decirle a esos municipios que el gobierno federal les enviará programas de capacitación no es una estrategia. Es un insulto disfrazado de política pública.
Hablar de fortalecimiento sin hablar de depuración es simulación. Hablar de capacitación sin hablar de infiltración es negación. Hablar de proximidad social mientras policías municipales son asesinadas o subordinadas por cárteles es retórica vacía con presupuesto federal.
El silencio más peligroso: la captura criminal de gobiernos locales
El tercer y más peligroso vacío es el silencio sobre la captura criminal de gobiernos locales.
En mis años de trabajo he podido observar algo que la mayoría de los documentos oficiales evitan con cuidado: la violencia en México ya no puede entenderse como un conflicto entre Estado y crimen.
En amplias regiones del país existe una integración funcional entre élites políticas locales, economías ilegales, redes empresariales y estructuras criminales.
Esa simbiosis no es accidental ni reciente. Es el producto de décadas de instituciones débiles, impunidad estructural y financiamiento político no regulado.
El programa sectorial prácticamente no aborda el financiamiento criminal de campañas, la captura electoral, las redes político-criminales ni la corrupción sistémica municipal.
Y lo que no se nombra no se combate.
Lo que no se mide no se corrige. Lo que no se reconoce oficialmente se normaliza. Esa normalización es la mayor amenaza de largo plazo para la viabilidad del Estado mexicano, y este programa la convierte en política pública por omisión deliberada.
Indicadores para no medir nada: la evaluación como instrumento de simulación
Sobre los indicadores debo ser especialmente severo, porque es el terreno donde la simulación alcanza niveles técnicamente vergonzosos.
Reducir la evaluación de la política de seguridad a tasas de incidencia delictiva es, en el México de 2025, una decisión metodológicamente indefendible.
Las tasas de incidencia miden denuncias, no realidad criminal.
En un país con cifra negra superior al 90%, ese indicador mide fundamentalmente la disposición ciudadana a denunciar, no la reducción del crimen.
Un gobierno puede bajar la tasa de incidencia delictiva simplemente haciendo que denunciar sea más difícil, más peligroso o más inútil. Y de eso, desgraciadamente, también tenemos experiencia documentada.
Un sistema de evaluación serio mediría control territorial criminal, desplazamiento forzado, penetración criminal en instituciones, debilitamiento financiero de organizaciones criminales, recuperación real de municipios bajo dominio criminal.