El sistema estadounidense no acusa por intuición
Un principio que todo operador de inteligencia criminal conoce bien: el sistema judicial federal estadounidense, particularmente el Distrito Sur de Nueva York, conocido como el tribunal que procesó a Joaquín "El Chapo" Guzmán, no construye acusaciones sin haber procesado durante meses o años información de inteligencia, testimonios de testigos colaboradores, registros financieros, comunicaciones intervenidas y cadenas de custodia verificadas.
No especula. Documenta.
Que el gobierno mexicano retrate esta acusación como una afrenta a la soberanía nacional cuando se trata de un proceso contra doce personas con evidencia suficiente para obtener una orden judicial, revela una lectura ideológicamente forzada de la realidad jurídica internacional.
La soberanía nacional es un principio irrenunciable.
Pero invocarla para proteger a funcionarios señalados de colaborar con el narcotráfico no es soberanía: es impunidad con bandera.
México tiene el derecho y la obligación de revisar que toda solicitud de extradición cumpla los requisitos del tratado bilateral.
Lo que no puede hacer es convertir ese proceso de revisión en una trinchera de protección política.
Lo que un Estado serio haría
La respuesta institucional seria ante una solicitud de detención provisional con fines de extradición que presenta deficiencias formales no es una conferencia de prensa con diapositivas.
Es una nota diplomática técnica solicitando los elementos faltantes, mientras se activan de manera paralela los mecanismos propios de investigación para determinar si existen elementos en territorio mexicano que justifiquen una investigación independiente.
México puede y debe exigir el cumplimiento estricto del Artículo 11 del Tratado, pero simultáneamente tendría que abrir carpetas de investigación propias, fortalecer la Unidad Especializada en Investigación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita de la FGR, y garantizar autonomía real al Ministerio Público para operar sin interferencia del Ejecutivo. Nada de eso ocurre.
Lo que ocurre es una presentación en PowerPoint que le dice al mundo que México prefiere la forma sobre el fondo cuando el fondo incomoda.
La institucionalidad de la seguridad pública no se construye defendiendo a los acusados del poder.
Se construye garantizando que ningún cargo ni ninguna lealtad política sean escudo frente a la ley.
Mientras eso no ocurra, el documento del 4 de mayo no será recordado como una defensa de la soberanía.
Será recordado como la evidencia de que en México, el derecho todavía sigue siendo, demasiadas veces, una herramienta al servicio del poder y no de la justicia.
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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.