Washington exagera, pero no miente
Es necesario ser ecuánimes: la estrategia estadounidense tiene sesgos graves.
Minimiza con comodidad su propia demanda estructural de drogas —el mercado que financia todo este ecosistema criminal—, ignora la crisis de opioides que sus propias farmacéuticas desataron, y omite convenientemente el flujo masivo de armas que viaja desde Estados Unidos hacia México, armando a los mismos cárteles que ahora declara enemigos de su seguridad nacional.
Designar al fentanilo como arma de destrucción masiva y a los cárteles como organizaciones terroristas no es un análisis técnico: es retórica de guerra con implicaciones operativas que justifican intervención extraterritorial, presión financiera sistémica y acciones unilaterales encubiertas.
México podría enfrentar lo que estratégicamente se llama una intervención funcional sin intervención formal.
No necesitas tropas para perder el control de tu territorio; bastan sanciones, inteligencia ofensiva y presión financiera sostenida.
Aun con esos sesgos, el diagnóstico sobre México es técnicamente defendible. Y esa es la tragedia.
Lo que México debe hacer antes de que alguien más lo haga por él
Las soluciones no son un misterio. Son una decisión política que ningún gobierno reciente ha querido tomar con la dureza que la situación exige.
Primero: recuperación territorial focalizada. Identificar y atender con despliegue permanente —fuerzas armadas, inteligencia operativa, justicia y servicios básicos integrados— los municipios donde el Estado simplemente no existe. Sin control territorial, toda estrategia es simulación.
Segundo: construir inteligencia criminal estratégica real. México investiga delitos, pero no entiende redes. Hay que integrar al SAT, la UIF, la FGR, Defensa y Marina en centros de fusión de inteligencia con análisis de redes criminales transnacionales. El objetivo debe cambiar: de capturar personas a desmantelar estructuras.
Tercero: golpe financiero al crimen. El dinero es el centro de gravedad de cualquier organización criminal. La Unidad de Inteligencia Financiera debe judicializar —no solo congelar— con extinción de dominio ágil y coordinación fiscal-penal efectiva.
Cuarto: rediseño policial real. Certificación obligatoria, depuración con consecuencias, salarios dignos y carrera policial. Las policías locales están rebasadas o capturadas, y eso no se resuelve con más Guardia Nacional sino con instituciones municipales y estatales reconstruidas desde sus cimientos.
Quinto: reconfigurar la relación bilateral. México debe pasar de reaccionar a negociar. Tiene argumentos sólidos —el flujo de armas, la demanda estructural estadounidense, la corresponsabilidad documentada— y debe usarlos en una estrategia de interdependencia equilibrada, no de subordinación progresiva.