Claro que la vida sería más sencilla si se pudiera avanzar en las cosas sin esfuerzos o tareas de largo plazo. Pero la realidad es mucho más complicada. Para que las necesidades de un país se puedan atender y las carencias se puedan resolver, no hay de otra, hay que trabajar con programas, planeación, perseverancia y la famosa institucionalidad. Cualquier otra cosa es mera retórica. Cualquier otra solución encierra una simulación y el deseo de no realizar un esfuerzo de fondo. Buscar con las palabras lo que solamente el trabajo puede generar. Eso no resiste la prueba de la realidad. Es una ilusión óptica que no se sostiene en el tiempo.
Las instituciones son necesarias
Por eso hay que revisar lo que ha venido pasando en el país en los últimos siete años en cuanto a la forma de atender las necesidades de la nación. En un lugar normal y con sentido común hablaríamos de que lo que prevaleció en todo momento fue la existencia y prevalencia de estudios técnicos, análisis de viabilidad económica, foros amplios de discusión, participación de expertos en los distintos temas, y resoluciones sobre la mejor forma de atacar los grandes problemas del país. Pero además de dichos pasos y estudios, una constante necesaria para trascender en el proceso de cada materia relevante, es que se profundizaran las bases, independencia, autonomía y profesionalización de las instituciones que con mucho esfuerzo, gasto y tenacidad se fueron creando a lo largo de décadas para generar los mejores bienes y servicios públicos.
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Dramáticamente ocurrió algo muy diferente a lo que la recta actuación de un gobierno solvente hubiera requerido. Siguiendo los cánones de los gobiernos populistas que se guían por el insaciable apetito de la concentración del poder, se optó por un camino totalmente distinto a lo que una conducta lógica exige. No se privilegiaron los conocimientos científicos, la experiencia en campo, la solvencia técnica, y la inclusión de mejores prácticas internacionales. Tristememente no fue así. En su lugar se privilegió la improvisación, la narrativa imaginaria, la sumisión, y las ocurrencias. El resultado no se hizo esperar, una devastación total de las capacidades estatales en las distintas materias en que tienen la principal responsabilidad para entregar bienes y servicios públicos de calidad. Cuando se toman malas decisiones, es imposible que haya buenos resultados.
Lo anterior es mucho más grave de lo que parece a primera vista. Lo es porque no solamente se puede hablar (y lo hemos venido haciendo ya por años) de la caída vertiginosa en la forma en que se han dejado de atender las reales necesidades del país. Particularmente grave lo que ha venido sucediendo en áreas tan sensibles como salud, justicia, educación, seguridad, medio ambiente y trabajo. Pero por si eso no fuera suficientemente grave, los gobiernos morenistas optaron por no solamente diluir la prestación de los servicios públicos, sino además minar en forma permanente la capacidad de ejecución de dichas tareas. La forma de lograrlo fue a base de diluir, destruir y/o devastar a las instituciones encargadas de las actividades respectivas, que eran los vehículos específicos para llevar a cabo en forma sistemática las funciones requeridas en cada materia involucrada. Tal parece que la premisa fue no solamente no dar resultados, sino además asegurarse que nadie más lo pudiera realizar en el futuro, sin importar quien llegue al poder en otro momento. La soberbia y borrachera de poder parecen no tener límites. Romperle las extremidades a México para que nadie pretenda avanzar en lo sucesivo.
Llevamos la cuenta de toda la devastación. Veamos los ejemplos más visibles que simplemente no pueden olvidarse porque son los fieles testigos de todo lo malo que ha sucedido en el país y que debe ser materia de cobro en los procesos electorales por venir. En cada caso es evidente la destrucción institucional y los pasos que se dieron para generar los impactos adversos infinitos en las materias respectivas, más lo que se siga acumulando. Y nadie puede reclamar que estamos reiterando enunciados. La gravedad de las acciones y omisiones ameritan que lo digamos tantas veces como sea necesario para que nunca se olvide el daño realizado.
Salud: Se eliminó al Seguro Popular. Se creó y se disolvió el Insabi. En ese proceso se gastaron más de 400 mil millones de pesos y se dejaron sin cobertura de salud a más de 55 millones de personas. Las decisiones en el Covid fueron criminales. La tragedia en falta de atención, carencia de medicinas, y problemas de costos en enfermedades ya se puede medir en cientos de miles de personas que perdieron la vida, incluyendo muchísimas mujeres, mayores y menores de edad.
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Transparencia: Se eliminó el INAI. De esta manera se le quitó a la ciudadanía la posibilidad real de acceder a los datos e información del desempeño gubernamental. Esto genera ya un rechazo a peticiones de datos que son más del 99.6% de las solicitudes presentadas. El resultado es opacidad total para que prive la corrupción, misma que se alimenta con adjudicaciones directas en más del 85% de los contratos hechos por el gobierno federal y las empresas paraestatales. Robos descomunales.
Seguridad: Se eliminó a la Policía Federal. No solamente no se fortalecieron las condiciones de operación de las policías civiles en los 3 niveles de gobierno, sino que se desaparacieron los programas de apoyo federal (como Fortaseg y Subsemun), y se militarizó a través de la Guardia Nacional (con una vocación y estructura de fuerzas armadas). El resultado es un descontrol total en los temas de seguridad pública con los peores niveles de desempeño y violencia en el país. Aunque parece haber un cambio en la estrategia de “abrazos, no balazos”, los problemas son mucho más profundos y no se ve una salida a los defectos estructurales. Por ejemplo, sigue sin hacerse nada con fiscalías, capacitación integral, etc.
Educación: Se eliminó el Instituto de Evaluación Educativa. De esta manera se privilegió el regresar privilegios a los organismos sindicales. Se destruyeron también los libros de texto gratuito. El resultado es que hay temas tan nocivos como la primera caída de más de un millón y medio de la matrícula escolar. Sin educación de calidad no hay posible movilidad social. Hay una vocación por pauperizar al electorado. No hay deseo que la población pueda evolucionar. Que sigan fregados y dependientes del gobierno. Electores cautivos en su diseño indolente.
Medio Ambiente: Se dijo que no se tiraría ni un solo árbol. Se tiraron más de 10 millones de árboles en la península por el trayecto del Tren Maya. Se devastó uno de los ecosistemas más delicados de todo el país, pero como prevalecieron los caprichos se sacrificó a toda la población de esa extensa zona de México. Y aún no vemos todos los daños y problemas. Lo mismo se puede decir de la construcción de Dos Bocas en que igualmente el impacto ambiental es brutal, incluyendo ahora a las escuelas que están en esa zona y que traen a niños con afectación grave en su salud. Las instituciones encargadas de la protección de dichos derechos duermen.
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Justicia: Se destruyó al Poder Judicial. Como otra vertiente de un capricho como lo fue la venganza contra los Ministros de la SCJN, los gobiernos morenistas se encargaron de utilizar la ilegítima sobre representación para modificar la Constitución y establecer un nuevo orden absurdo de elegir por acordeones a quienes sean los titulares de todos los poderes judiciales en el país. Una locura que no tiene referente en ningún otro país del mundo porque no es lógico que una posición que requiere ciencia, conocimientos y experiencia se decida por quienes no conocen las materias y que son inducidos para capturar a los titulares a base de manipulación en los procesos de selección y votación. Un error de magnitudes históricas.
Energía: Se destruyeron las empresas productivas del estado. El resultado fue convertir de nuevo a Pemex y CFE en empresas paraestatales ajenas a una sana competencia y que se transformaron en enormes pozos negros de absorción de recursos públicos y de erosión financiera. Pero además se ha provocado la escasez sistemática de energía eléctrica y el incremento exponencial de pérdidas operativas y carencias en sus entregas al país. Para lo único que sí han servido, es como partes integrales del sistema de depredación y robo de recursos públicos conocido como el huachicol fiscal.
Derechos Humanos: Se deshizo el funcionamiento de la CNDH. En este caso no fue necesario recurrir a la reforma legal para destruir a la institución defensora de derechos humanos, en su lugar lo que se hizo fue cooptar su funcionamiento con una persona que se ha encargado de neutralizar sus actuaciones. En un país en que abundan los abusos de fuerzas armadas, con complicidad con delincuencia organizada, con carencias brutales en atención de salud, educación y salud, etc., lo único que se aprecia es un abandono total en que la CNDH no hace ni el menor esfuerzo de investigar casos y menos de hacer recomendaciones. Está borrada del mapa.
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Electoral: Quieren destruir al INE. En su intento más reciente se pretende por la Presidenta y su equipo quitar el último peldaño de la forma de tener alternancia democrática en el país. Quieren destruir la escalera por la que llegaron al poder. Quieren que no haya cambios pacíficos de poder. Quieren que no haya quienes les debatan el poder. Quieren contar los votos para que nunca más haya elecciones realmente ciudadanas. Se quieren robar el poder porque se saben perdedores ante todo lo nocivo que han hecho en estos últimos 7 años. No quieren instituciones fuertes.
La lista es apabullante por lo nocivo que ha resultado la administración guinda para el país. El retroceso se puede medir ya en varias décadas si comparamos el nivel de avance que ya llevábamos hasta 2018. No todo estaba bien en ese momento, pero comparar contra lo que traemos ahora de saldos es simplemente el fiel reflejo de los peores gobiernos que haya tenido nuestro país en muchísimos lustros. Por esto es que debemos abogar por tener un destino diferente en que sí se puede aspirar a tener una institucionalización permanente y progresiva que no permita nunca jamás volver a tener a lunáticos gobernando que puedan deteriorar los avances que la ciudadanía merece y además para para tener resultados y no caprichos. Hay que empujarlos fuera del poder para que dejen de dañar.
La misión es muy clara, la ciudadanía exige a los partidos políticos seriedad en sus propuestas de trabajo, candidaturas emblemáticas, y programas públicos que ya no vacilen en lo que debe hacerse en todas las materias involucradas para en serio avanzar, y en particular para beneficiar a los que más desprotegidos han estado. Es esa población la que ha estado sujeta a las mayores carencias. Esto no puede seguir sucediendo. De todos nosotros depende que no estemos supeditados a tan malos pseudo-servidores públicos. Requerimos instituciones fuertes, vigorosas y maduras que no fallen en sus objetivos y que no puedan variar su misión fundamental en función de caprichos políticos o malas decisiones por improvisados. Nos toca tomar las decisiones que hagan que los que hoy están en el gobierno pierdan en las urnas para no poder seguir destruyendo y así se les quite la capacidad para deteriorar al país que prometieron proteger. Llegaron y se irán con una votación masiva. Hay que asegurar que nadie permanezca en la apatía o desinterés porque esos elementos sí pueden ser muy graves en no lograr el mejor destino que todos merecemos. Sí se puede. No lo dudemos. A actuar con convicción cada día. No demos tregua al rescate del país y de las instituciones. No lloremos mañana lo que no defendimos hoy.
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P.D.1. El sepelio del Mencho mostró un error fundamental del gobierno federal. Haber permitido que al responsable de tantas muertes y devastación se le rindieran exequias como si se tratare de un héroe y con protección federal en la zona fue imperdonable. Quizá una muestra más del pacto entre gobiernos guindas y la delincuencia organizada.
P.D. 2. La no participación de México en la estrategia hemisférica de seguridad promovida por EUA es otra señal preocupante. Aún más si se entiende que los señalamientos fueron claros en cuanto a que la misión de atacar entre distintos países a los delincuentes pasa por el hecho de que las mayores bandas son las que residen y operan desde México. Somos la sede de los grandes enemigos que Trump ha prometido derrotar, incluyendo con soluciones militares.
P.D. 3. Para el 8M no hay nada que celebrar. Pero menos aún con una Presidenta que decidió arroparse ese día de las fuerzas militares, como si hubiera una relación clara entre el uso de fuerzas armadas y los reclamos permanentes de las mujeres que hoy no ven sino violencia incremental, inseguridad infinita, e impunidad rampante. Pésima decisión por la que dijo que con ella habían llegado todas. Otra mentira más.
P.D.4. La SCJN sigue dando mucho de que desear. No solamente es el hecho de que no muestran solvencia en sus discusiones y resoluciones, sino el que se ha ideologizado su funcionamiento, al grado de sesionar en sitios donde hay asuntos abiertos y en los cuales se emiten decisiones frente a los destinatarios (ignorando su deber de imparcialidad). A ese paso podríamos ver, por ejemplo, que decidan sesionar en las instalaciones del SAT si se van a tomar decisiones de carácter impositivo. Cuidado con la tendencia.
P.D.5. La simulación en las cúpulas de Morena es escandalosa. Se erigieron como las personas que lucharían contra la corrupción y vivirían en la justa medianía. Pues nada de eso ha sucedido. Es cada vez más evidente la rapiña de recursos y el abuso presupuestal. Los robos son millonarios e implican a las más altas esferas del partido y el gobierno. Es inocultable lo que es ya la época del mayor descalabro a las finanzas públicas. De paso han duplicado la deuda pública en tan solo 7 años. Los abusos son ilimitados, y sin fiscalías independientes, solamente se suman las listas de quienes han hecho del gobierno su oportunidad para robar a manos llenas sin temor a ser procesados.
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Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.