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La academia fantasma

Ochenta y seis mil policías capacitados en una institución que, según el gobierno, no existe.
vie 17 abril 2026 06:05 AM
Las leyes prevén un nuevo modelo de coordinación en las instituciones encargadas de proteger a los ciudadanos.
Lo que México necesita no es un anuncio más con tintes fundacionales. Necesita un compromiso sostenido, multipartidista y financiado con el servicio profesional de carrera policial civil. Necesita que las instituciones que ya existen sean fortalecidas en lugar de ignoradas, apunta Alberto Guerrero Baena. (rashide frias)

"Nunca se había hecho", la frase que lo dice todo

El martes 14 de abril de 2026, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de una Escuela para Mandos dentro de la Academia Nacional de Seguridad Pública.

El objetivo declarado: formar a los mejores secretarios de seguridad de estados y municipios. La frase que condensó el tono del anuncio la pronunció ella misma sin titubear: "Nunca se había formado una Escuela de Mandos."

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Esa afirmación es falsa.

Y no de manera marginal o matizable. Es históricamente inexacta, documentalmente refutable y políticamente reveladora.

Desde el 4 de mayo de 2012, operó en la ciudad de Puebla la Academia de Formación y Desarrollo Policial Puebla-Iniciativa Mérida "General Ignacio Zaragoza."

En sus 12 años de historia, esta institución capacitó a más de 86,000 integrantes de distintas instituciones de seguridad pública a nivel nacional e internacional.

No es una academia de barrio. Con 22.3 hectáreas y certificación internacional CALEA es considerada el mayor pueblo táctico de Latinoamérica, con ocho generaciones de egresados, cuatro programas de licenciatura, dos maestrías y un doctorado.

Y su oferta, desde hace años, incluyó explícitamente formación de mandos, normatividad, estándares de competencia laboral y financiamiento con recursos federales.

La Escuela de Mandos no nació el lunes. Lleva más de una década funcionando, perfeccionándose y formando cuadros. Lo que nació el lunes fue su negación oficial.

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El costo político de no saber lo que ya existe

La omisión no es un detalle técnico. Es el síntoma de un mal estructural en la gestión de la política pública de seguridad en México: la incapacidad institucional de aprender de sí misma. Cada administración reinventa la rueda porque no existe voluntad —ni mecanismo— para revisar críticamente lo que sus predecesores construyeron.

La Academia de Puebla surgió del esquema bilateral de la Iniciativa Mérida, fue creada formalmente por decreto del Ejecutivo estatal, con un Consejo Consultivo integrado por el propio Secretario de la Defensa Nacional y el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Legislación del Estado No fue un proyecto marginal ni una iniciativa local aislada: fue la apuesta más ambiciosa de profesionalización policial de mandos en la historia reciente del país. Decir que nunca existió no solo ofende a quienes la construyeron y egresaron de ella; destruye la credibilidad de la política pública que se anuncia.

Cuando el Estado desconoce su propio patrimonio institucional, los gobernadores y alcaldes que solicitan personal calificado tampoco pueden confiar en que la nueva propuesta federal llegará para quedarse. La historia les enseña que el siguiente gobierno la borrará con otro anuncio igualmente "pionero".

El vacío que nadie nombra: el servicio profesional de carrera policial

Detrás del anuncio hay una ausencia más profunda y más dañina que el simple error histórico. La Escuela de Mandos está diseñada para capacitar a funcionarios provenientes de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad.

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El detalle es elocuente: las policías estatales y municipales, con sus cuadros de carrera civil, aparecen como meras receptoras de mandos, no como fuente de los mismos.

Esta es la pregunta que el anuncio elude con elegancia: ¿qué ocurre con el policía estatal o municipal que lleva 15 años en la corporación, que conoce el territorio, que ha desarrollado inteligencia local, que ha sobrevivido procesos de evaluación y certificación?

La respuesta implícita de la política pública vigente es que ese perfil no interesa como mando.

No se proyecta, no se certifica para ascender, no se incorpora al diseño institucional como cuadro dirigente. Se le ignora. Y con él, se ignora décadas de experiencia operativa acumulada que ningún curso de cinco semanas puede sustituir.

Propuestas: lo que sí debería hacerse

Antes de celebrar cualquier escuela de mandos, el gobierno federal debería comprometerse con al menos cuatro medidas concretas y verificables.

Primero, reconocer formalmente la Academia "General Ignacio Zaragoza" como nodo articulador del nuevo esquema, reintegrándola —no negándola— a la estrategia nacional, con financiamiento ampliado y autonomía académica garantizada.

Segundo, diseñar un sistema nacional de escalafón policial civil, con reglas claras de ascenso basadas en evaluación de desempeño, antigüedad y formación continua, que permita a los policías de carrera acceder a posiciones de mando por mérito y no por designación política.

Tercero, establecer una certificación nacional de mandos con reconocimiento oficial, gestionada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que sea requisito exigible para ocupar una secretaría de seguridad estatal o municipal.

Cuarto, prohibir por ley que personas sin trayectoria policial civil documentada encabecen corporaciones de seguridad pública local, salvo en circunstancias de emergencia declarada y por períodos acotados.

La verdad que incomoda

La Escuela para Mandos “inició” operaciones el 14 de abril de 2026 con capacidad para preparar, durante cinco semanas, a 34 elementos simultáneamente.

Es un esfuerzo modesto con una narrativa desmesurada. El problema no es la escuela: es la pretensión de que inaugurarla equivale a resolver la crisis de profesionalización policial en México.

Lo que México necesita no es un anuncio más con tintes fundacionales.

Necesita un compromiso sostenido, multipartidista y financiado con el servicio profesional de carrera policial civil. Necesita que las instituciones que ya existen sean fortalecidas en lugar de ignoradas.

Y necesita, sobre todo, que quienes gobiernan la seguridad pública dejen de comportarse como si el país empezara con ellos.

La frase "nunca se había hecho" no es audacia. Es amnesia institucional. Y en materia de seguridad pública, la amnesia tiene víctimas.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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