El gobierno mexicano rechaza explícitamente reconocer esta categorización en su propio marco jurídico, aduciendo soberanía e implicaciones constitucionales.
Las consecuencias operativas son directas y severas: si no se reconoce el narcoterrorismo, no se desarrolla doctrina para combatirlo como tal.
Si México no comparte la categorización de FTO, el intercambio de inteligencia en tiempo real durante el Mundial puede presentar fricciones operativas críticas con la CIA, la DEA, el FBI y el ODNI, quienes sí operan bajo ese marco.
Los grupos criminales han demostrado capacidad de bloqueos masivos, uso de drones armados y ataques coordinados. Un ataque a visitantes extranjeros durante el Mundial —aunque motivado por disputas criminales y no por ideología— tendría efectos estratégicos idénticos a un atentado terrorista convencional.
Lo que sí se puede y debe hacer ahora
Las soluciones existen y son aplicables. No requieren magia, requieren voluntad política y decisión técnica.
La primera medida urgente es la creación inmediata de un Grupo de Tarea Antiterrorista ad hoc para el Mundial, con participación real de SEDENA, SEMAR, CNI y representantes del FBI y la CIA bajo acuerdos de intercambio de inteligencia vinculantes y en tiempo real.
Segundo: implementar perfiles de riesgo migratorio en la frontera sur con alertas compartidas con Interpol, Europol y las agencias de los países participantes.
Tercero: reconocer operativamente el narcoterrorismo como categoría de amenaza en los protocolos de seguridad del evento, independientemente del debate jurídico-conceptual interno, porque en caso de incidente no habrá tiempo para ese debate.
Cuarto: extender la autorización del Senado para los instructores del USSOCOM hasta al menos el 15 de agosto de 2026, cubriendo el periodo completo del torneo.
Y como legado institucional del Mundial, crear formalmente una Unidad Nacional Contraterrorista con mandato, doctrina y presupuesto propios, inspirada en los modelos del GIGN francés, el GEO español o el Yamam israelí.