Lo que México debe hacer: propuestas operativas urgentes
La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum ante cada convulsión en Washington ha seguido un patrón preocupante: la negación inmediata seguida de la adaptación silenciosa.
Ante la destitución de Noem, la presidenta aseguró que la estrategia de seguridad del país no tendría modificaciones Maya Comunicación. Ese reflejo reactivo no es diplomacia; es parálisis con nombre. México necesita urgentemente al menos cuatro acciones concretas.
Primero, una política criminal de Estado con doctrina propia. La experiencia de análisis indica que el país requiere un marco claro de prioridades y responsabilidades que ordene el uso del sistema penal, concentrando recursos en los delitos que más daño generan y coordinando instituciones bajo métricas de reducción real de violencia, no de volumen de detenciones.
Segundo, la creación de una unidad técnica permanente de análisis bilateral, adscrita a la Cancillería y la SSPC, que monitoree los cambios en el gabinete estadounidense y produzca inteligencia anticipatoria —no comunicados reactivos.
Tercero, la diversificación urgente de la cooperación en seguridad hacia aliados europeos, el sistema de Naciones Unidas y la INTERPOL, para reducir la dependencia estructural de la agenda securitaria de Washington.
Cuarto, el diseño e implementación de una política social territorial focalizada en los cien municipios con mayor captación de jóvenes por parte del crimen organizado, articulando empleo, educación y justicia restaurativa bajo un modelo de intervención que vaya más allá del operativo y el despliegue militar.
La postura que México no puede seguir postergando
En los primeros 13 meses de la administración Sheinbaum se registraron más de 37,000 detenciones por delitos de alto impacto y el aseguramiento de casi 300 toneladas de droga. Sin embargo, ese viraje ha sido ante todo una decisión política, más que una apuesta de fondo por la reconstrucción institucional.
Eso se llama gobernanza de vitrina: suficiente para negociar, insuficiente para transformar. Mientras Estados Unidos purga generales en plena guerra y destituye fiscales a media semana, México carece de una doctrina de seguridad que le permita negociar desde la solidez y no desde el miedo.