Lo que hay que hacer: políticas públicas sin anestesia
Si algo distingue a las democracias funcionales de las que simulan serlo, es la capacidad de articular respuestas integrales a problemas sistémicos. México tiene ese pendiente desde hace décadas. Las soluciones existen. Lo que falta es voluntad política real y arquitectura institucional para ejecutarlas.
Primero, es imprescindible formular una Política Criminal Nacional que integre —bajo una sola estrategia verificable— los sistemas de seguridad, procuración e impartición de justicia. Cada detención debe derivar en investigación; cada investigación, en sanción efectiva. La trazabilidad de casos no puede seguir siendo una aspiración: debe ser una métrica de gobierno.
Segundo, las unidades conjuntas de investigación territorial entre policías y fiscalías deben dejar de ser proyectos piloto y convertirse en la norma operativa nacional. Sin inteligencia compartida, no hay cadena de valor en la persecución del delito.
Tercero, la profesionalización policial no puede reducirse a más horas de capacitación. Requiere transformar las condiciones laborales de los cuerpos municipales, donde hasta el 80% carece de seguridad social y menos del 8% tiene acceso a crédito para vivienda. Una policía empobrecida es una policía vulnerable a la cooptación.
Cuarto, el combate a la corrupción debe construir instrumentos reales de identificación de beneficiarios finales en contratación pública y establecer mecanismos que rompan las redes político-criminales, no que persigan a operadores menores mientras los arquitectos del sistema permanecen impunes.
El punto de inflexión que no podemos desperdiciar
México llega a 2026 en un momento que algunos analistas llaman "punto de inflexión".
La pregunta que nadie responde con claridad es: ¿inflexión hacia dónde?
La reforma judicial en curso dejó fuera, de manera inexplicable y políticamente sospechosa, el primer eslabón de la cadena: policías y ministerios públicos.
Sin transformar ese eslabón, cualquier reforma al Poder Judicial es cosmética.
Reemplazar jueces sin cambiar el sistema que produce impunidad es como cambiar la tubería sin cerrar la fuga.
La corrupción es hoy percibida como el problema más importante del país, según el 46% de la población, seguida por la inseguridad con 39%.