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Seguridad y futbol, dos religiones nacionales sin dios estable

Mucha fe, pocos milagros, ningún plan.
lun 23 marzo 2026 06:03 AM
Estadio Banorte Azteca
El Mundial 2026 se jugará en junio. Ni los estadios están listos. Tampoco está listo el equipo. La seguridad tampoco, señala Alberto Guerrero Baena. (Hector Vivas/Getty Images)

El espejo roto de dos grandes fracasos nacionales

Hay algo perturbador en la manera en que México organiza sus grandes proyectos colectivos: los construye sobre arena, los evalúa en tiempo real y los destruye antes de que echen raíces.

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El futbol y la seguridad pública son, en ese sentido, gemelos disfuncionales criados en el mismo hogar de la inmediatez, la demagogia del resultado y la alergia institucional al mediano plazo. Ambos espacios comparten un mismo pecado estructural: la incapacidad de sostener un proyecto más allá del próximo partido o del siguiente sexenio.

El Mundial 2026 se aproxima con sus tres sedes mexicanas y su promesa de grandeza, mientras la Selección Nacional acumula mundiales sin convencer en su rendimiento, llega con el entrenador más blindado contractualmente de su historia —no por sus victorias, sino por miedo al costo de despedirlo— y con solo un 3% de la afición convencida de que el equipo hará buen papel.

Al mismo tiempo, México cerró 2025 con más del 60% de su población sintiéndose insegura en sus propias ciudades, según el Inegi, cifra que desnuda una brecha abismal entre los números gubernamentales y la percepción ciudadana cotidiana.

Dos espejos, un solo reflejo: el de un país que no se permite planear.

Bielsa y Lavolpe, dos filosofías que México nunca supo elegir

Marcelo Bielsa construye desde los cimientos.

No entrega resultados espectaculares de inmediato; entrega instituciones, identidades, estilos de juego que persisten décadas. Su método es paciente, ordenado, estructural.

Ricardo Lavolpe, en cambio, llega con lo que encuentra, lo organiza con agresividad táctica y lo implementa sin demora.

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Son filosofías complementarias, no contradictorias: Bielsa pone los ladrillos, Lavolpe levanta las paredes.

México, en el futbol y en la seguridad, ha sido incapaz de adoptar ninguna de las dos con coherencia. Ha preferido el director técnico de moda, el operativo de impacto mediático, el anuncio de cifras sin arquitectura detrás.

Cambia de técnico cada ciclo, diseña estrategias de seguridad cada sexenio que empiezan desde cero, y celebra como logros históricos lo que en cualquier país medianamente organizado sería el piso mínimo de funcionamiento.

El SESNSP, el árbitro que nunca pitó

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública existe en papel como el gran articulador institucional de la política de seguridad mexicana.

Su diseño normativo es impecable: autónomo, técnico, coordinador entre los tres órdenes de gobierno. En la práctica, es una oficina de acuerdos que se acuerda de existir cuando el Consejo Nacional sesiona.

No genera doctrina policial duradera. No construye indicadores de gestión con continuidad transexenal. No forma cuadros profesionales que sobrevivan al cambio de gobierno.

Es, en el mejor de los casos, un repositorio estadístico sofisticado que nadie consulta para tomar decisiones de fondo.

Si hubiera un Bielsa institucional en la seguridad mexicana, sería el SESNSP. Pero el Secretariado no tiene esa vocación ni ese músculo político. Aprueba acuerdos que se publican en el Diario Oficial y mueren en el papel. Coordina programas que se renombran cada administración. Administra fondos federales cuya distribución responde más a negociaciones político-electorales que a diagnósticos criminológicos.

Es el técnico que dibuja jugadas en la pizarra y nunca sale al campo.

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García Harfuch, el método que merece más territorio

En contraste, la trayectoria de Omar García Harfuch —primero en la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la capital, hoy al frente de la SSPC— ilustra lo que puede ocurrir cuando alguien aplica sistemáticamente algo parecido a una metodología.

Cuatro ejes claros, inteligencia policial integrada a la operación, dignificación del policía como condición de eficacia, proximidad comunitaria como estrategia y no como slogan. Sus cifras capitalinas eran verificables.

Su modelo tiene lógica interna. Pero su problema es el mismo que el del mejor delantero en un equipo sin estructura: puede hacer goles, no puede ganar campeonatos solo.

La reactivación de Plataforma México en 2025 y la reestructura de la SSPC son señales de que se quiere construir algo duradero. El Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica 2025-2030 tiene la arquitectura de un proyecto Bielsa.

Lo que falta es que el país le dé continuidad más allá del siguiente cambio de gobierno, algo que en México históricamente no ocurre.

Lo que hay que hacer: de la reactividad a la prospección

Hay cinco medidas concretas que podrían cambiar la lógica estructural de la seguridad mexicana.

La primera es blindar institucionalmente la carrera policial mediante un servicio civil de carrera de alcance nacional que sobreviva a los ciclos electorales, con evaluaciones de competencia técnica y no de lealtad política.

La segunda es convertir al SESNSP en una agencia técnica con autonomía real, con mandato de seis años no coincidente con el sexenio presidencial, al modelo de los órganos reguladores.

La tercera es establecer por ley un presupuesto mínimo garantizado para prevención social del delito —no solo para operativos— vinculado a indicadores de resultado medidos por organismos independientes.

La cuarta es crear observatorios regionales de violencia con participación académica, civil y comunitaria que generen información territorial en tiempo real y alimenten decisiones operativas.

La quinta, quizás la más difícil, es terminar con la práctica de arrancar desde cero cada sexenio: que los programas exitosos tengan mecanismos de continuidad institucional sin importar quién gane la elección.

El partido ya empezó

El Mundial 2026 se jugará en junio. Ni los estadios están listos. Tampoco está listo el equipo. La seguridad tampoco.

En ambos casos, México llega al mayor escaparate de su historia reciente con más dudas que certezas, más improvisación que estructura, más narrativa de éxito que evidencia de transformación real.

La diferencia entre un proyecto y un deseo es el tiempo que se está dispuesto a sostenerlo. México tiene el talento, tiene la inteligencia y tiene, en algunos funcionarios y técnicos, la vocación de construir algo duradero.

Lo que le falta es la voluntad política de proteger ese proyecto de sus peores instintos: el cambio de estrategia por presión mediática, la lealtad política sobre la competencia técnica, el anuncio sobre la institución.

Bielsa diría que antes de ganar hay que saber jugar. Lavolpe diría que hay que jugar con lo que hay, pero jugarlo bien. Ambos tendrían razón. México, por ahora, no hace ni lo uno ni lo otro.

Y el árbitro ya está mirando el reloj.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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