6. Fortalecer la inteligencia humana. Más allá de plataformas, se requiere formación de analistas, investigación de campo y coordinación real con fiscalías. La tecnología sin criterio analítico es ruido, no inteligencia. Un sistema de cámaras sin investigadores, o una base de datos sin fiscales capaces de usarla, no combate al crimen: lo observa.
VIII. Entre la narrativa y la realidad
La Estrategia Nacional de Seguridad, a un año de su implementación, no es un fracaso absoluto ni un éxito rotundo.
Es algo más preocupante: un proyecto que ha normalizado la distancia entre lo que se anuncia y lo que ocurre, entre el informe y la experiencia de quienes viven en territorios donde el Estado llega tarde, mal o no llega.
El engaño no está en cada dato. Está en cómo se articulan para construir una historia de éxito que no corresponde con lo que vive la ciudadanía. Está en los municipios sin policía que no aparecen en las conferencias de prensa. Está en las víctimas de extorsión que no denuncian porque saben que denunciar no sirve. Está en los fiscales sin recursos, en los peritos sin laboratorios, en las comunidades que negocian su seguridad directamente con quien controla el territorio porque el Estado nunca llegó a disputárselo.
A un año de la estrategia, México no tiene menos crimen organizado: tiene uno más fragmentado, más disperso y, en varios territorios, más violento.
Los indicadores agregados pueden mostrar una curva a la baja en homicidios en ciertas regiones, pero esa curva no captura la extorsión sistemática, el desplazamiento forzado, el control de mercados locales ni la captura de gobiernos municipales.
El crimen no desapareció: se reorganizó. Y la estrategia no lo siguió.
México no necesita una estrategia perfecta.