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Gol en propia puerta. La FIFA y su torneo imposible

Hay 48 selecciones, 3 países y 1 planeta en llamas. Perfecto…
vie 13 marzo 2026 06:05 AM
Gol en propia puerta. La FIFA y su torneo imposible
El Mundial de 2026 arrancará el 11 de junio con 48 selecciones, 16 sedes y tres naciones anfitrionas que atraviesan momentos distintos pero igualmente tensos en su relación bilateral y en su vínculo con el resto del planeta, apunta Alberto Guerrero Baena. (YURI CORTEZ/AFP)

El mundo en llamas, el balón en el aire

Cuando la FIFA confirmó que Estados Unidos, México y Canadá serían los anfitriones del torneo más grande en la historia del fútbol, el mundo era otro. Corría 2016 y la pandemia, la guerra en Europa del Este y la reconfiguración violenta del crimen organizado en América Latina eran escenarios que nadie proyectaba con la nitidez que hoy nos obligan a enfrentar.

El Mundial de 2026 arrancará el 11 de junio con 48 selecciones, 16 sedes y tres naciones anfitrionas que atraviesan momentos distintos pero igualmente tensos en su relación bilateral y en su vínculo con el resto del planeta.

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La pregunta que muchos evitan hacer en voz alta merece una respuesta honesta: ¿tiene sentido celebrar este evento en el mundo que tenemos hoy?

Contextos bélicos que no esperan el pitazo inicial

La guerra entre Rusia y Ucrania, que superó ya los tres años de combate sostenido, ha reorganizado la geopolítica europea de un modo que tiene consecuencias directas en la diplomacia deportiva. Rusia fue suspendida por la FIFA y la UEFA desde febrero de 2022, lo que significa que millones de aficionados de una potencia futbolística global quedarán fuera del torneo no por rendimiento deportivo, sino por decisión geopolítica. Eso, en sí mismo, ya fractura la narrativa universal del fútbol.

En el Pacífico, las maniobras militares de China alrededor de Taiwán han escalado a una frecuencia que preocupa a los analistas del Indo-Pacífico. La tensión entre Pekín y Washington —uno de los países sede— tiñe de incertidumbre cualquier acto diplomático que involucre a delegaciones asiáticas.

En el continente americano, la nueva arquitectura de seguridad que Estados Unidos construye desde el Comando Sur excluye deliberadamente a México de sus núcleos más sensibles de inteligencia y cooperación táctica. Las recientes fricciones entre Washington y Ciudad de México por la política frente a los cárteles anticipan una coordinación institucional frágil justo en el umbral del torneo.

Ausencias que sí importan: Irán, Irak y el quiebre de la universalidad

Aquí es donde la conversación se vuelve incómoda para la FIFA y urgente para el análisis político. Irán, que clasificó al torneo y cuyos partidos de grupo están programados en territorio estadounidense, enfrenta una contradicción insalvable: el régimen de Teherán difícilmente autorizará a su selección a competir en suelo de quien considera su enemigo histórico. Las sanciones, la retórica de confrontación y la presión interna hacen que la participación iraní en Estados Unidos sea, en los hechos, una apuesta política más que deportiva.

Si Irán anuncia su retiro, no se irá solo un equipo: se irá un símbolo de que el fútbol ya no puede contener las fracturas del mundo.

El caso de Irak es distinto en su naturaleza, pero igualmente revelador en sus consecuencias. La selección iraquí, atrapada en la complejidad bélica de Medio Oriente, enfrenta restricciones reales de movilidad internacional. La zona de conflicto que rodea a la región impone limitaciones logísticas, diplomáticas y de seguridad que hacen casi inviable que una delegación completa pueda desplazarse con normalidad.

Y el calendario no perdona: Irak debe disputar su repesca intercontinental en Guadalajara en apenas dos semanas. No es un problema administrativo.

Es la demostración más cruda de que la FIFA diseñó un torneo de 48 selecciones sin calcular que el mundo real —con sus guerras, sus sanciones y sus fronteras cerradas— no se detiene para acomodar un fixture.

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Estas ausencias potenciales no son anécdotas marginales. Son síntomas de una enfermedad institucional: la FIFA expandió el torneo de 32 a 48 equipos en un movimiento que mezcla ambición comercial con voluntad inclusiva, pero que en la práctica produce un certamen más vulnerable, más difícil de blindar políticamente y más expuesto a que la geopolítica decida quién juega y quién no, antes de que el árbitro pite el inicio.

La paradoja de la tregua deportiva

Durante décadas, los grandes eventos deportivos funcionaron como pausas tácitas en los conflictos. La "tregua olímpica", concepto respaldado por la ONU desde 1993, asumía que el deporte podía suspender momentáneamente las hostilidades. Esa arquitectura simbólica se ha derrumbado.

Hoy, los eventos masivos no detienen los conflictos: los concentran.

Se convierten en escenarios de propaganda, boicot, amenaza y demostración de poder. Selecciones de Europa del Este ya han expresado reservas sobre compartir espacios con delegaciones de países considerados aliados del agresor ruso.

El fútbol, históricamente territorio de encuentro, se ha convertido en espejo de las fracturas que el mundo no ha logrado resolver por la vía política.

Logística de lo imposible: de 2026 a 2030

El Mundial de 2026 ya es el más complejo de la historia: tres países, husos horarios distintos, sistemas de seguridad incompatibles y una frontera México-Estados Unidos que es simultáneamente la más transitada y la más vigilada del mundo. Agregar a esa ecuación selecciones que no pueden viajar, países que se niegan a pisar suelo enemigo y repescas que deben resolverse en plazos imposibles convierte la logística en una ficción diplomática.

Y sin embargo, la FIFA ya anunció que 2030 se celebrará en cinco países y tres continentes. Si 2026 ya exhibe estas grietas, 2030 proyecta una complejidad que, sin reformas institucionales profundas, amenaza con ser inmanejable.

México como parte de la solución

Antes de rendirse al escepticismo fácil, vale proponer. México puede asumir un liderazgo diplomático-deportivo activo, promoviendo ante la FIFA y la ONU un protocolo hemisférico de seguridad que incluya mecanismos de inteligencia compartida entre los tres países sede, con respeto irrestricto a la soberanía nacional.

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Primero, en el caso específico de selecciones en conflicto como Irak, México podría ejercer un rol de facilitador neutral: sus tradiciones diplomáticas, su política histórica de no intervención y su capacidad para establecer corredores humanitarios lo colocan en una posición única para gestionar traslados, acreditaciones y condiciones de participación para delegaciones en zonas de riesgo.

Segundo, el gobierno mexicano tiene la oportunidad de convertir sus tres sedes en laboratorios de seguridad pública con enfoque de derechos humanos, demostrando que la presencia del crimen organizado no impide la construcción de espacios seguros cuando hay voluntad política real.

Tercero, la FIFA debe ser presionada, por México y Canadá si Estados Unidos no lidera, para establecer una "tregua diplomática deportiva" vinculante que suspenda retóricas bélicas durante el torneo y abra canales de comunicación entre delegaciones de países en conflicto.

No es ingenuidad: es pragmatismo preventivo.

¿Vale la pena el partido?

El futbol no resolverá la guerra en Ucrania, no detendrá las ambiciones de Pekín sobre Taiwán, no traerá paz a Medio Oriente ni reparará la relación entre México y Washington. Pero la pregunta ya no es si el torneo será perfecto, sino si será legítimo.

Un Mundial donde las ausencias las decide la geopolítica y no el rendimiento deportivo, donde una selección no puede salir de su región porque hay bombas en el camino, y donde la FIFA sigue ampliando el número de participantes como si el mundo fuera un espacio estable y ordenado, es un torneo que le debe una explicación honesta a sus propios aficionados.

El Mundial de 2026 puede ser un fracaso anunciado o una apuesta arriesgada que vale la pena correr. La diferencia no estará en el césped, sino en si quienes lo organizan tienen la valentía de mirar el mundo como es, y no como quisieran que fuera.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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