La conferencia “mañanera” de los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum ha sido más un espacio de evangelización política que un ejercicio sistemático de información pública. Con frecuencia, la mañanera y la realidad del país recorren rutas paralelas sin tocarse. Lamentablemente, la Presidencia parece no advertirlo y, tras más de siete años, ese formato se ha convertido en una camisa de fuerza que le resta flexibilidad y le genera daños autoinfligidos.
La comunicación, una de las bajas en el operativo contra El Mencho
El ejemplo más reciente es el operativo para la detención de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los criminales más buscados por los gobiernos de México y Estados Unidos. Su eliminación constituye, sin duda, el golpe más contundente contra una organización criminal asestado por un gobierno de la Cuarta Transformación. Era el tipo de acción que podía transformar la conversación nacional e internacional sobre la capacidad del Estado para contener y combatir al crimen organizado.
Sin embargo, el manejo informativo del operativo lo hizo mucho menos redituable y dejó al descubierto una comunicación gubernamental sin estrategia. La acción de las Fuerzas Armadas no fue acompañada por un plan narrativo; se permitió que se abrieran espacios de especulación y que una narrativa de violencia y caos opacara la relevancia de la operación.
Hay cinco elementos que evidencian esta falla:
1. Falta de planeación. Si el gobierno había definido con antelación que actuaría contra El Mencho, debió prever distintos escenarios de comunicación: éxito, fracaso, captura parcial, reacción violenta del CJNG. También debió contar con una hoja de mensaje clave, respuestas preparadas para las inevitables preguntas que surgirían en cuestión de minutos y una declaración por parte de un funcionario público que estableciera la versión oficial de los hechos. En operativos de esta magnitud, la comunicación no puede improvisarse.
2. Huecos informativos. El operativo ocurrió la mañana del domingo 22 de febrero. Desde temprano comenzaron a circular en redes sociales reportes de movilización militar en Tapalpa y especulaciones sobre el objetivo. La información oficial dependió de un comunicado de la Secretaría de la Defensa Nacional alrededor de la una de la tarde y un mensaje en X de la presidenta reconociendo a las fuerzas armadas y llamando a la calma, sin mayores detalles. Fueron mensajes escritos, sin respaldo visual ni vocería en video, lo que obligó a televisoras y portales digitales a llenar espacios con otro tipo de imágenes, entre ellas las de bloqueos, incendios y cierres de carreteras. La escasa información oficial convivió —y perdió— frente a la abundante cobertura del caos.
3. La aversión presidencial a los temas de seguridad. Como línea de comunicación, la presidenta Sheinbaum ha optado por distanciarse de los temas de seguridad y remitir preguntas a su gabinete. No se apartó de ese guion en este caso. Pero al hacerlo, transmitió distancia respecto a una decisión central de su propio gobierno y dejó pasar la oportunidad de apropiarse políticamente de un operativo exitoso.
4. La tiranía de la mañanera. El país tuvo que esperar hasta las 7:30 de la mañana del lunes para conocer detalles adicionales en la conferencia presidencial. Esa lógica impidió que la versión del gobierno dominara la conversación del domingo y buena parte del lunes. La mañanera terminó siendo reactiva: no solo explicó el operativo, sino que tuvo que intentar contrarrestar la percepción de inseguridad derivada de la respuesta violenta del CJNG.
5. Aliados a la expectativa. La ausencia de una comunicación proactiva dejó a potenciales aliados —funcionarios públicos, lideres de partidos aliados al gobierno, gobernadores, legisladores, gobiernos de países extranjeros y otras voces afines— sin libreto. Sin información clara, muchos optaron por la cautela. En contextos de alta sensibilidad, el silencio oficial puede, como en este caso, paralizar el respaldo.
En materia de seguridad nacional, la reserva operativa es indispensable, pero el vacío narrativo es un lujo que el Estado no puede permitirse. Cuando el gobierno no explica, otros lo hacen por él: el crimen organizado, los adversarios políticos o los observadores internacionales. La eficacia de una operación se mide tanto por el dominio del terreno como por la capacidad de conducir su relato. Sin política de comunicación, incluso los mayores éxitos corren el riesgo de diluirse.
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Nota del editor: Antonio Ocaranza Fernández es CEO de OCA Reputación. Síguelo en X como @aocaranza y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.