A pesar de los “argumentos” que invitan a ignorar la obesidad como un claro problema de salud pública y personal, los terribles daños que esta genera en la salud de las personas y las sociedades son evidentes, medibles e incontrovertibles. No se ha sabido a la fecha que ninguna persona haya perdido medio gramo por solo consultar la báscula que le reitera que sigue estando obesa. Claramente la báscula es una herramienta muy útil para la prevención de cuadros patológicos de múltiples enfermedades, pero si no se hace nada más allá de verificar lo que ya sabemos (de estar obesos) nada pasará, bueno, nada bueno.
México, índice de Percepción de Corrupción 2025, la báscula y el ejercicio
Este artículo se escribe un par de días previo a la publicación de la última edición del índice de percepción de corrupción de transparencia internacional. No sabemos aún la posición precisa que tendrá México ni el nivel de impacto de la desaparición de organismos esenciales como el INAI; sin embargo, la experiencia nos enseña que tres cosas pasarán: voceros oficiales y oficiosos del régimen pretenderán descalificar o menoscabar lo que el índice muestra bajo fórmulas tan bajas como predecibles, el propio régimen hará eco en las voces que el mismo propició (y sufraga con nuestros impuestos), pero no moverá un solo ápice los acuerdos de impunidad que sostiene con los cabecillas de la facción saliente, toda vez que estos cuentan con evidencias que hundirían al segundo piso de la transformación hasta el sótano del desprestigio. Por último y aún más lamentable, buscarán chivos expiatorios de su propia negligencia, pero no tomarán ninguna medida significativa. Ojo: las purgas también ocurren al interior de regímenes corruptos, la Rusia estalinista es el mejor ejemplo.
El problema no es que la báscula nos grite que necesitamos ayuda, sino que la conducción (es un decir) de nuestro Estado esclerótico no tome en serio nada que no le implique un jalón de orejas o coscorrón desde Washington. Resulta por lo menos hipócrita echarle la culpa al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) de los escasos resultados cuando las partes a cargo de la investigación, sanción y castigo son y han sido instruidas desde las alturas a usar el combate a la corrupción como instrumento de coacción facciosa hacia críticos u opositores, pero jamás de rendición de cuentas hacia responsables. El SNA era la membresía para usar un GYM con aparatos de vanguardia e instrucción experta, pero tras optar por no pararse ni un día, insisten que el gimnasio es responsable de su obesidad.
En tanto que instituciones y titulares habilitados para proceder en acreditados o presumibles casos de corrupción sigan dependiendo de la voluntad y capricho del poder, jamás ocurrirá nada de consecuencia, no importa cuántas denuncias performativas se presenten para apuntalar egos, distraer incautos o atacar la facción saliente del mismo régimen.
Desde 1995 el índice de percepción de corrupción es muy estable a nivel internacional. Mientras que los primeros lugares se alternan en la cúspide, dos terceras partes de los países estudiados seguimos atorados en lugares decepcionantes. Solo que existe una clara diferencia entre estar estancado en piso firme y estarlo en arenas movedizas, juzgue usted cual es nuestro caso. Lo cierto es que el año anterior logramos llegar al peor lugar de nuestra historia (con 26 sobre 100 puntos), como también cierto es que desde que México es evaluado, nuestro promedio ha permanecido en la parte superior del último tercio (con 31.3 puntos de promedio). Cierto también es que las peores cinco mediciones han ocurrido desde 2018, evidentemente eso de barrer escaleras, constituciones morales, hipocresías franciscanas o credos cansones no han servido de mucho.
Seríamos injustos, sin embargo, si suponemos que esta estasis es única de nuestro país, porque puede apreciarse que 118 de las 180 naciones estudiadas no han experimentado un cambio significativo desde la recalibración metodológica del índice en 2012. Aunque no es un dato menor que 34 países han empeorado su desempeño, seguro asociado a la autocratización global.
Ante este panorama el fatalismo, conformismo o ‘whaboutismo’ (X robaba más) no sirve de mucho, de hecho, más bien abona al problema. Lo que debe efectivamente preocuparnos en el caso mexicano es que ahora las mafias del narcotráfico han encontrado en la corrupción misma no solo el instrumento facilitador de su actividad sino de varios nichos delincuenciales aún más rentables. Debe preocuparnos el desmantelamiento en los hechos del derecho al acceso a la información que vive sus peores tiempos y el cierre de espacios ciudadanos vía la cooptación, infiltración, anulación o aniquilamiento desde el poder (o por implosión deliberada de quien “pague por que lo alquilen”).
En suma, preocupación sin ocupación nos mantendrá en el último tercio de la tabla por siempre. ¿Queremos seguir ahí o nos animamos a ir al gym por fin?
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Nota del editor: Las opiniones publicadas en este artículo corresponden exclusivamente al autor.