En este nuevo año que inicia, es bueno hacer una remembranza de lo que queda atrás y lo que viene en un futuro, de lo que nos formó como seres humanos y como sociedad en general, por lo que, es importante recordar que México es una nación cuya riqueza cultural, histórica y social encuentra uno de sus pilares fundamentales en la existencia y permanencia de sus pueblos indígenas.
México, nación pluricultural y multiétnica sustentada en sus pueblos indígenas
De hecho, no olvidemos que lejos de concebirse como un Estado homogéneo, el orden constitucional mexicano reconoce su origen y expresión pluricultural, una característica que se sustenta originalmente en sus pueblos indígenas, herederos de civilizaciones milenarias que anteceden a la conformación del Estado moderno, un reconocimiento que no sólo queda en la historia ni en lo simbólico ya que el artículo 2° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que la Nación tiene una composición pluricultural basada en sus pueblos indígenas, los cuales descienden de poblaciones que habitaban el territorio nacional al iniciarse la colonización y que conservan, total o parcialmente, sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas.
El artículo 2° constitucional representa un parteaguas en la concepción jurídica del Estado mexicano, al transitar de una visión integracionista a un modelo que, al menos en el plano normativo, reconoce la diversidad étnica y cultural como un valor esencial; en efecto, la pluriculturalidad implica el reconocimiento de la coexistencia de múltiples culturas dentro de un mismo Estado, mientras que la multietnicidad alude a la presencia de diversos pueblos con identidades, lenguas, cosmovisiones y formas de organización propias. En México, esta realidad se refleja en la existencia de al menos 68 pueblos indígenas y múltiples variantes lingüísticas, lo que convierte al país en uno de los más diversos culturalmente en el mundo.
De hecho, los pueblos indígenas no sólo representan una herencia del pasado, sino que constituyen sujetos vivos, dinámicos y activos en la construcción del presente y futuro nacional. Sus saberes tradicionales, su relación armónica con la naturaleza, sus sistemas normativos internos y sus formas comunitarias de organización aportan perspectivas valiosas frente a los desafíos contemporáneos, como la crisis ambiental, la desigualdad social y la pérdida de cohesión comunitaria.
Desafortunadamente, en la realidad encontramos diversos problemas con la pluriculturalidad, ya que, a pesar de estar reconocida en la Constitución Federal, existe una profunda desigualdad, ya que de forma histórica, los pueblos indígenas han enfrentado exclusión, discriminación estructural y marginación económica, lo que ha limitado el ejercicio efectivo de sus derechos. A pesar de los avances normativos en materia de derechos humanos y del fortalecimiento del marco jurídico internacional, la pluriculturalidad no debe entenderse únicamente como una declaración constitucional, sino como un principio rector que oriente las políticas públicas, la función jurisdiccional y la actuación de todas las autoridades del Estado.
Por tanto, la consolidación de un México verdaderamente pluricultural exige por un cambio de paradigma: pasar del reconocimiento formal a la implementación sustantiva de los derechos indígenas. Esto requiere voluntad política, diálogo intercultural y una reinterpretación del concepto de igualdad, no como homogeneidad, sino como el respeto y la protección de la diversidad.
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Nota del editor: Francisco Aja García es Doctor en Derecho. Síguelo en todas las redes sociales como @SoyFcoAja Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.