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¿Qué tanto resuelven las marchas?

Lo que le ha faltado a este tipo de movilizaciones es una agenda programática, convocantes sólidos, propuestas concretas y acciones que mantengan vivo el tema y aterricen las demandas enarboladas.
mar 22 noviembre 2022 06:00 AM
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CIUDAD DE MÉXICO, 13NOVIEMBRE2022.- Ciudadanos marcharon en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) ante una posible reforma electoral impulsada por el gobierno federal. Los manifestantes partieron del Ángel de la Independencia rumbo al Monumento a la Revolución. Entre las personalidades que se observaron entre los contingentes están Santiago Creel, Héctor de Mauleón, y Claudio X González. La consigan principal fue "Yo vine a defender el INE", ante lo que ellos consideran como un atentado a la democracia. FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

El tema de las últimas semanas ha sido la marcha del pasado 13 de noviembre en defensa del INE. Y a partir del día siguiente, el tema es la marcha que el presidente hará, según dijo, por el cuarto aniversario de su toma de protesta; aunque se ve más como una reacción a la del 13.

En la Ciudad de México ya estamos demasiado acostumbrados a las marchas. Prácticamente hay todas las semanas. Y por un tiempo del sexenio pasado, principalmente durante la discusión de las reformas estructurales, había diario. Es un elemento más de nuestra vida cotidiana. Pero, ¿resuelven algo?

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La gran mayoría de las veces, ni siquiera se sabe por qué es la marcha, solo se sabe que desquician la movilidad de millones de capitalinos. Pero algunas son más significativas, o más sonadas, como la de la paz con Fox, la anti Trump con Peña, las de mujeres con López Obrador; y ahora la del INE.

Por supuesto hay movilizaciones icónicas, por su momento y circunstancias históricas. Como en los años 60 la del personal médico por sus condiciones laborales, y más adelante los estudiantes que lucharon por la democratización. Ambas movilizaciones tuvieron resultados muy relevantes, que serían materia de toda una columna aparte cada una.

Sin embargo, es difícil saber si las marchas cotidianas resuelven la problemática que las provocó. Muchas de ellas resultan de intereses políticos, o de la politización de situaciones sociales. Por lo que en ocasiones, la marcha es solo una manera de hacerse notar para otros fines.

Sobre las que son más sonadas, no queda claro qué tan efectivas han sido, más allá de convocar cantidades importantes de gente preocupada para visibilizar el tema. Me parece que falta mucho en México para que estas marchas tengan resultados concretos y duraderos.

Lo que le ha faltado a este tipo de movilizaciones es una agenda programática, convocantes sólidos, propuestas concretas y acciones que mantengan vivo el tema y aterricen las demandas enarboladas.

A diferencia de las marchas cotidianas, las movilizaciones temáticas más significativas suelen ser convocadas por algún sector de la clase media (ONGs, think tanks, instituciones académicas, etc), por ser a quienes más afectan ciertas problemáticas, o quienes más consciencia tienen sobre ellas.

Sin embargo, este segmento poblacional es también donde hay los medios y recursos para tener mayores niveles de información (aunque no necesariamente es el caso), y para estar conscientes de que los problemas requieren de más que una movilización de una vez.

Rara vez se ha visto una marcha de esta naturaleza que conlleve algo más. La famosa marcha de la paz tuvo alguna agenda al principio, pero derivó en la irrelevancia por los constantes pleitos internos entre los organizadores, que se dividieron en busca de reflectores personales.

La marcha anti Trump fue meramente un desahogo colectivo ante las ofensas que expresó contra México durante su campaña. Visto a toro pasado, no solo no tuvo impacto, sino que en un cierto nivel incluso ayudó a fortalecer su discurso ante su base electoral.

Algo fundamental para una marcha, además de lo ya mencionado hace unos párrafos, es quién y cómo convoca, y el grado de legitimidad que tiene para hacer un llamado de esa naturaleza.

 

Usando como ejemplo la marcha del 13, me parece que hay lecciones muy positivas, pero también mucho que aprender para empezar a tener movilizaciones sociales que no sean solo de salir un día.

Algo muy positivo fue que mucha gente salió a la calle, incluso sin saber quién había convocado, para manifestar su preocupación, y también hartazgo, legítimos sobre la situación del país.

También muy positivo fue que hubiera un solo orador, que además es un personaje de gran experiencia y prestigio, profundamente legitimado para el tema del que se trató.

De gran relevancia fue que afortunadamente se logró evitar episodios de violencia o vandalismo; prácticamente no hubo casos de enfrentamientos con opositores a la marcha o grupos de choque.

Hubiera sido un gran acierto que la convocatoria no viniera de un grupo de personajes visiblemente politizados y abiertamente enfrentados al Presidente. Y que desde el principio se hiciera un llamado a que ningún político, del partido que fuera, participara en la marcha.

Era una marcha ciudadana, con una demanda de cuidar las instituciones democráticas. Por lo tanto, hubiera sido muy positivo pedir que ese día los políticos no protagonizaran (mucho menos tener algunos en el templete del discurso principal), y escucharan el sentir y la exigencia ciudadana.

Otra lección es que, para estos ejercicios, sería de gran utilidad que quien organiza también haga una campaña de información previa. Que se ayude a la ciudadanía a digerir el problema y a tener argumentos sólidos. Así, se evita que una marcha sea un simple desahogo.

Un aprendizaje por demás importante es que se debe estar consciente de que habrá una reacción proporcional del gobierno. En este caso, una “contramarcha” para mostrar capacidad de convocatoria. Eso no se evita, pero debe preverse.

Para eso debe haber agendas más allá de la marcha, acciones posteriores efectivas que neutralicen el efecto de la reacción oficial. Para no caer en una competencia de cantidades y reflectores, que generalmente ganará el presidente.

 

La marcha del 13 de noviembre puede ser de gran relevancia, si se mantiene el momentum, pero con una agenda que tenga como planteamiento central la construcción de ciudadanía activa, reconociendo que como sociedad también nos hemos equivocado y por eso estamos aquí.

Debemos emprender una cruzada profunda por la recuperación de la democracia. Y eso empieza por buscar una sociedad más empática y cohesionada, que con su ejemplo vaya obligando a mejorar el nivel de los políticos y del debate público; dejando atrás la polarización de todos los bandos.

La marcha ya tuvo el primer gran logro de que el PRI públicamente se manifieste contra la iniciativa presidencial. Ahora, trabajemos todos por que este movimiento sea totalmente ciudadano y trascienda a un verdadero esfuerzo por tener un país democrático y justo, empezando por la sociedad.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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