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El espejo de la polarización, ¿lo estamos viendo?

En prácticamente todos los continentes las bases de apoyo de las fuerzas políticas son más proclives a interactuar de formas hostiles que hace algunas décadas.
lun 24 octubre 2022 06:01 AM
El espejo de la polarización
Cerrar las opciones políticas a dos visiones encontradas de un país solo genera mayor división y polarización. El mismo efecto tienen las segundas vueltas electorales, que cierran el espectro de opciones para la ciudadanía, señala Don Porfirio Salinas.

En México se habla mucho de polarización actualmente. Pareciera el tema de moda. Pero muy poco se habla sobre las raíces y las consecuencias de la polarización. Se usa, más bien, como un argumento o herramienta más de la polarización en sí. No estamos viendo el problema de fondo.

Nuestro país no es el único viviendo en polarización. Todas las regiones del mundo están inmersas en este terrible problema. Y cada vez más, lo que deriva de la polarización son efectos profundamente perniciosos y duraderos. Es la experiencia, y en México no la estamos viendo.

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Según el estudio de Carnegie Endowment, “¿Qué pasa cuando las democracias se vuelven polarizadas de manera perniciosa?”, la polarización de “nosotros contra ellos” viene en crecimiento desde 2005.

Y en prácticamente todos los continentes, las bases de apoyo de las fuerzas políticas son más proclives a interactuar de formas hostiles que hace algunas décadas.

En Europa esto es muy visible. Por ejemplo, en el Reino Unido no hemos podido ver un solo gobierno estable a partir del famoso brexit, que fue en sí producto de la polarización. Apenas la semana pasada cayó la Primera Ministra, una más en el cargo, a solo semanas de haber tomado posesión.

Italia es otro ejemplo actual. La victoria de la derechista Meloni se dio entre profundas divisiones entre los votantes, abrumados por los problemas económicos y sociales que se viven en el país de la bota.

Francia recientemente libró una bala importante ante la contienda tan encarnizada de sus últimas elecciones, donde los movimientos ultraderechistas como el de Marine Le Pen representaron un importante riesgo, ante muchas políticas de Macron que están generando un rechazo importante.

Más cerca de casa, en América Latina, la situación no es distinta. Podemos ver los efectos de la profunda polarización en Perú, donde en los últimos años han tenido al menos cinco presidentes. Las pugnas entre pasado y presente, y derecha e izquierda, han generado parálisis económica y social.

Chile es otro claro ejemplo. La victoria de Boric, derrocando a la derecha, generó un cisma. Adicionalmente, el proceso de la nueva Constitución ha quedado descarrilado por los extremismos con que fue escrita, generando un rechazo generalizado que ha amenazado con nuevas protestas.

Brasil se encuentra en pleno proceso de segunda vuelta, ante lo apretado de los resultados electorales entre el izquierdista tradicional Lula, y el actual presidente ultraderechista Bolsonaro. Mayor polarización se espera, al ser lo único que causan las segundas vueltas.

Pero quizá en ningún otro lado se están viendo los estragos de la polarización acelerada como en nuestro propio vecino, Estados Unidos. La supuesta, y autodenominada, democracia más estable del mundo hoy está de rodillas por problemas que acarrea de décadas atrás.

Estados Unidos es la prueba fehaciente de esconder los problemas sociales ni los desaparece ni los resuelve, solo los profundiza y los prolonga. Y hoy, los problemas de Estados Unidos están a raíz de piel, generando los niveles más altos de polarización en decenios.

 

Según Jennifer McCoy, la autora del estudio de Carnegie Endowment citado hace unos párrafos, ninguna democracia consolidada en la historia reciente ha estado tan profundamente polarizada como Estados Unidos actualmente.

Como ejemplo, dos datos interesantes. En una encuesta de 2016 hecha por Gallup se encontró que 60% de los demócratas, y 63% de los republicanos, no estarían de acuerdo en que sus hijos se casaran con gente que apoya al partido contrario. El incremento más significativo desde los años 50 que comenzó la medición.

Por otro lado, hacia la elección de 2020, el prestigioso Pew Research Center publicó que alrededor de 9 de cada 10 estadounidenses que apoyaban, ya sea a Trump o a Biden, consideraban que una victoria de su oponente causaría daño “duradero” al país.

Los efectos de esta polarización en Estados Unidos son más que visibles. Un creciente número de protestas en todo el país. El ejemplo perfecto es lo que pasó con la reciente decisión de la Corte para echar atrás el famoso caso Roe vs Wade. Esto generó clara división en un tema históricamente electoral.

También vemos cada vez más episodios violentos de tiroteos en escuelas y plazas públicas, atribuidos a extremistas. Por supuesto, está el gravísimo episodio de la toma histórica del Capitolio el 6 de enero de 2021 por grupos trumpistas inconformes con los resultados electorales.

El sistema bipartidista de Estados Unidos no ayuda. En el bipartidismo, la polarización es mucho más posible. Cerrar las opciones políticas a dos visiones encontradas del país solo genera mayor división y polarización. El mismo efecto tienen las segundas vueltas electorales, que cierran el espectro de opciones para la ciudadanía.

La polarización política se traduce en polarización social y viceversa. Según el estudio “Política polarizante: amenaza global a la democracia”, de la Academia Americana de Ciencia Política y Social, las sociedades se vuelven perniciosamente polarizadas cuando se dividen en visiones antagónicas de “nosotros contra ellos”; y esto se extiende a sus relaciones sociales, volviéndose parte de la identidad.

 

Según este mismo estudio, desde 1900, aproximadamente la mitad de las veces que un país se ha polarizado, la desconfianza y odio mutuos se han tornado una condición permanente; y para despolarizar, se ha requerido de algún desastre como una guerra civil o una dictadura.

En México estamos en una de las etapas de mayor polarización desde la Revolución. Una guerra entre dos fuerzas que se reducen al gobierno y sus opositores. Lo decíamos en la columna anterior , una lucha de clases, de chairos contra fifis.

No estamos viendo las raíces: pobreza, desigualdad, privilegios, clasismo, y un largo etcétera. Todo lo que Estados Unidos ignoró. ¿Qué queremos para México? ¿Lo mismo? Estados Unidos al menos ha conocido el desarrollo, nosotros no. ¿Tenemos la capacidad de entender y rectificar? ¿Queremos? Estamos a tiempo, pero en el límite del no retorno. Veamos si nos queremos lo suficiente para evitarlo.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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