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#ZonaLibre | Ayotzinapa, el oscuro holocausto

Las historias que han impactado al país han sido manoseadas y tergiversadas con el propósito de confundirnos y de alguna forma hacernos olvidar. Esto ya sucede con el tema de los 43 estudiantes.
mié 28 septiembre 2022 11:59 PM
caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa en riesgo por filtración y renuncia del fiscal
La trágica noche de Iguala, Guerrero, sigue siendo un pandemónium, persiste doliendo como aquel 26 de septiembre del 2014. Que sigue clamando justicia y mostrando al mundo entero que la verdad puede ser corrompida una y mil veces, señala Caleb Ordóñez.

Sin la misma fuerza de antaño, pero con la misma rabia, las consignas se escuchaban por todo Reforma: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. A ocho años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el tema está más enrarecido que nunca.

La izquierda mexicana, que levantó con furia la manifestación masiva por exigir justicia al gobierno, del entonces presidente Enrique Peña Nieto, ahora vive una fractura y por eso ya las voces han menguado. Muchos han decidido callar, ante la falta de resultados del actual gobierno lopezobradorista.

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Son ocho años de haber escuchado un sin fin de historias distintas. Donde se conjugó el apetito político, electoral y la búsqueda de impunidad. Promesas de campaña, donde el actual Ejecutivo prometía que en un año se resolvería el caso que ha fustigado al país, a nivel internacional. Hoy no se sabe fidedignamente quiénes participaron directa o indirectamente en el macro-asesinato.

Leer el artículo de opinión de la periodista Peniley Ramírez, en el periódico Reforma, causa indignación, combinada con dolor y temor. El reporte que le “filtraron” es tan crudo y detallado que abre de nuevo la herida, que nos hace reflexionar en la inmensa maldad con la que pueden actuar aquellos que ostentan alguna pizca de poder.

Todos los personajes mencionados tienen una participación demoniaca. En el Informe se relata la participación directa de los policías y el presidente municipal de Iguala José Luis Abarca con los grupos criminales de la zona –que incluso son antagónicos-, las autoridades federales y algunos mandos militares, quienes se encargaron de esconder los cuerpos terriblemente torturados.

No fue la “verdad histórica” que contó al país entero, el exprocurador –hoy preso- Jesús Murillo Karam. No hubo bolsas con cenizas, ni una hoguera que disipó los cuerpos de los muchachos. La matanza fue brutal.

El contenido del documento ha horrorizado al país. No puedo imaginar el sufrimiento de los padres, que han recorrido miles de kilómetros y ahogado sus gargantas durante tantos años, para conocer una verdad tan incómoda y lastimosa.

Ellos, víctimas de la manipulación de datos; utilizados como bandera política; esperanzados una y otra vez, con mentiras y falsas investigaciones. Que tuvieron que conocer a través de una columna política cómo terminaron con la vida de sus amados hijos.

Casi inmediatamente después de que el informe fuera publicado, se viralizó en redes sociales, ahí mismo fue la primera respuesta del gobierno de la llamada 4T, a través del subsecretario de gobernación Alejandro Encinas, quien en un talante enérgico exigió a la Fiscalía General de la República (FGR) que iniciara una indagatoria para identificar y castigar a quien resulte responsable por una “grave filtración” de información del informe del Caso Ayotzinapa.

¿Él ya sabía de todo este informe y no lo había manifestado a los familiares de los estudiantes? ¿Había intención de seguir callando los resultados de la investigación a fin de que no hicieran daño políticamente al debate de la militarización que se pretende ejercer y se votará próximamente en el Senado de la República? ¿Por qué el enfado y la afrenta contra la FGR que encabeza Alejandro Gertz Manero? ¿Quién difundió el informe y para qué?

 

Todas las anteriores interrogantes siguen siendo parte del embrollo político que tiene atado el caso de los 43 normalistas.

Por ejemplo, mismo presidente López Obrador tomó cartas en el asunto y buscando poner orden tomó una decisión salomónica: a Encinas Rodríguez se le entregó la cabeza de Omar Gómez Trejo, quien se desempeñaba como el fiscal de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el caso Ayotzinapa (UEILCA).

Da a entender de alguna manea que Gómez participó en la filtración, además de su férrea negativa a aprobar 21 órdenes de aprehensión de militares y funcionarios públicos presuntamente involucrados en los asesinatos. Además de que buscaba liberar de cargos a Murillo Karam. Gómez Trejo fue el primer removido luego de la polémica.

Para Gertz Manero, AMLO le dio un nuevo espaldarazo al frente de la FGR, oficina desde donde se sigue enfrentando a colaboradores del presidente, en esta ocasión contra Encinas.

La trágica noche de Iguala, Guerrero, sigue siendo un pandemónium, persiste doliendo como aquel 26 de septiembre del 2014. Que sigue clamando justicia y mostrando al mundo entero que la verdad puede ser corrompida una y mil veces, mientras no exista la voluntad de transparentar ese tipo de holocaustos.

Que la unidad sí existe y sobrepasa los partidos políticos cuando se trata de hacer el mal. Cuando sicarios, policías locales y federales, militares y funcionarios públicos pueden originar un infierno, para aquellos a quienes “sirven”.

 

Y así, en este país nos quedamos con miles de versiones. El país que puede hacer las mejores novelas de las realidades más bizarras. Porque nadie nos supo contar lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968; ni lo ocurrido en Lomas Taurinas, el 23 de marzo de 1994; tampoco la muerte de Ruiz Massieu y el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Las historias que han impactado al país han sido manoseadas y tergiversadas con el propósito de confundirnos y de alguna forma hacernos olvidar. Esto ya sucede con el tema de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Nadie supo contarnos bien el cuento. No se pusieron de acuerdo, ni siquiera los del mismo bando. No les fue posible comprobar nada para dejar a los familiares convencidos.

Y dejaron a su presidente con la promesa incumplida. Porque el caos político genera, entre otros flagelos, oscuridad y violencia.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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