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#ZonaLibre | PRIMOR: Misión cumplida, oposición vencida

El puesto de secretario de Gobernación tiene tintes que se asemejan a las labores que realizaba un vicepresidente; uno de ellos, la negociación política.
mié 14 septiembre 2022 11:59 PM
AMLO
La lealtad y fidelidad que tiene Adán Augusto por su amigo el presidente lo ha catapultado a la escena política nacional, señala Caleb Ordóñez.

La misión era clara desde un principio: hacer política en todos los rincones del país, negociarlo todo, poner orden, demostrar fuerza y posicionar la ideología de la llamada cuarta transformación, incluso en los estados de la república donde gobernara la oposición más crítica.

En ese agosto del 2021, el nuevo secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, tomó la responsabilidad de llevar el mensaje de su jefe y paisano, Andrés Manuel López Obrador, como una especie de cruzada evangelizadora, a fin de que la popularidad del Ejecutivo no solo no descendiera, sino que se elevara por encima de todos sus antecesores.

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López Hernández es un estratega político de toda la confianza en su partido, Morena. Fungió como el flamante negociador, coordinador y estratega en la campaña electoral de la actual gobernante de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en 2018.

Fue enviado por el mismo López Obrador, pues desde el 2006 ha ayudado a coordinar electoralmente diversos estados del país. La Ciudad de México tenía que ser arrasada en votos, cosa que logró la exitosa campaña de Sheinbaum.

La lealtad y fidelidad que tiene Adán Augusto por su amigo el presidente lo ha catapultado a la escena política nacional. Pues, aunque ha tenido diversos cargos, como diputado local y federal, senador y gobernador de Tabasco, su figura siempre fue discreta; es un estratega sin reflectores. El secretario de Gobernación es hoy uno de los precandidatos más aclamados rumbo al 2024, destapado por el mismo Ejecutivo.

En México desapareció la figura del vicepresidente desde 1913, cuando fue asesinado José María Pino Suárez. La vicepresidencia mexicana tenía el común denominador de la traición, por lo que se decidió desaparecerla y dejar todo el poder en manos del presidente de la República.

Sin embargo, el puesto de secretario de Gobernación tiene tintes que se asemejan a las labores que realizaba un vicepresidente. Uno de ellos, la negociación política. Durante decenas de años, el “número dos” de Palacio Nacional ha sido el personaje central para resolver controversias y “alinear” a los opositores, a fin de que el presidente pueda consumar su mandato sin una revuelta o una revolución armada.

Misión: división

Algunos gobernantes de oposición y Morena concuerdan en considerar que Adán Augusto es un hombre de carácter, pero con un talante de negociación y reconciliación. Y aunque ha tenido momentos tensos con algunos gobernadores, actualmente ha logrado “poner en calma” a aquellos que “se atrevieron” en contradecir directamente las políticas de un presidente que suele encender los ánimos desde su atril de la rueda de prensa mañanera.

Quienes se han convertido en un dolor de cabeza, durante los cuatro años de gestión de AMLO, son los dirigentes de los partidos que increíblemente se han aliado, sin importar sus ideologías o causas: PAN, PRD y PRI.

Los tres partidos han buscado de todas las formas posibles mitigar la popularidad del presidente, para no permitirle quedarse con todas las gubernaturas y los Congresos locales en los estados.

Quizá su labor no ha sido la más efectiva, pero han logrado algunas pequeñas victorias que se han convertido en oxígeno puro como oposición. Una de ellas, la más importante quizá, fue ganar más de la mitad de los municipios en la Ciudad de México, bastión del lopezobradorismo.

Ese resultado encendió las alarmas en las huestes de Morena, haciendo que el presidente tomara una actitud mucho más radical contra sus opositores, lo que produjo una polarización política, que se vive intensamente en todo el país.

Quizá el presidente y sus asesores se habrán preguntado: ¿cómo atacar de forma asertiva a los adversarios sin tener que derramarse sangre por cuestiones electorales? La estrategia recayó en Adán Augusto: destruir a la oposición desde adentro, permitir que ellos mismos se aniquilen.

Alguna vez el panista Carlos Castillo Peraza acuñó una frase que se repetiría hasta nuestros días: “Todos llevamos un priista por dentro”. Se refería a esa forma tan peculiar que ha tenido ese partido político para sostener su institucionalidad, para hacer acuerdos con ingredientes que solo la política nacional puede lograr, una herencia del partido tricolor.

 

Negocios tricolores

Los pocos estados gobernados por priistas, desde el 2018, han sido condescendientes y útiles para el presidente López Obrador. Gobernadores como Quirino Ordaz, de Sinaloa; Claudia Pavlovich, de Sonora; Omar Fayad, de Hidalgo; Alejandro Murat, de Oaxaca o Alfredo del Mazo, en el Estado de México, entre otros, coinciden en una misma frase, son “aliados del presidente”.

Para negociar con un priista es necesario haber sido priista. López Obrador lo fue y su secretario de Gobernación también. Desde Palacio Nacional se ha emprendido un plan que ha sido sumamente efectivo para desplomar al partido donde nacieron políticamente.

Morena ha recibido como nunca antes a priistas en sus filas. Fácilmente se han cambiado de bando al oficialismo con puestos públicos de renombre; algunos otros, incluso, siendo nombrados cónsules o embajadores en países de gran estatura y fuertes lazos comerciales. Un ejemplo reciente es el próximo e inminente nombramiento del exgobernador Carlos Joaquín González como embajador de México en Canadá.

Este ánimo separatista vio concretado el triunfo en la llamada “militarización” del país. Cuando los diputados priistas han ofrecido todo su apoyo a la reforma del presidente para unir a la Guardia Nacional y la Sedena, lo que ha provocado un sismo dentro de la alianza “Va por México”, con daños irreversibles y una división franca hacia las importantes elecciones en el 2023 y 2024.

El eslabón débil fue Alejandro “Alito” Moreno, quien haciendo honor a su apellido, decidió unírseles y llevarse consigo al nuevo priismo hacia la llamada cuarta transformación. Una alianza que de dientes hacia fuera podría ser inmoral, pero que solo reúne al PRI nostálgico que representa López Obrador y al PRI pragmático y cadavérico que representa “Alito”, acordando formalmente el llamado “PRIMOR” (PRI y Morena).

El fuerte abrazo que se dieron en el Pleno de la Cámara de Diputados, Adán Augusto y “Alito” Moreno el pasado 1 de septiembre, selló un acuerdo que allana el camino de Morena en sus ambiciosas aspiraciones de implantar su régimen en toda la nación. Un abrazo de 15 segundos, con palabras al oído que solo ellos dos recordarán. Frente a cientos de cámaras que atrapaban el memorable triunfo de Adán Augusto, para poder decirle a su jefe el presidente: “Misión cumplida, oposición vencida”.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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