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#ColumnaInvitada | La caja de Pandora Papers

Cuando aparecen casos como los Pandora Papers, siempre salta la duda de si los dueños de ese dinero quieren incrementar sus enormes patrimonios y/o si también quieren ocultar algo y evadir impuestos.
jue 07 octubre 2021 12:08 AM
Investigación Pandora Papers
La transferencia de recursos de manera irregular es el principal hallazgo de los Pandora Papers.

El fin de semana se dio a conocer la filtración de más de 11 millones de documentos que contienen las historias de varios personajes de las más altas cúpulas económicas a nivel global, quienes han trasladado una parte de sus fortunas a paraísos fiscales a través de empresas offshore, muchas de ellas creadas exprofeso, existiendo sólo en el papel.

Dentro de la investigación de los Pandora Papers –realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación – se localizaron los nombres de miles de mexicanos; es importante señalar que el hecho de aparecer en esos documentos no implica, en principio, ninguna ilegalidad. En México, las personas tenemos la libertad de invertir nuestro dinero en donde queramos. Claro que invertirlo en empresas offshore no es sencillo ni barato, pues se requieren cantidades que muy pocos en el mundo tienen.

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Ahora bien, sacar el dinero de México y enviarlo a paraísos fiscales puede estar relacionado no sólo con querer generar más riqueza –lo cual, insisto, no reviste ninguna ilegalidad–, sino también con evitar pagar impuestos o esconder de las autoridades nacionales el producto de posibles crímenes o actos de corrupción. Y es que los paraísos fiscales no se llaman así gratuitamente. En esos lugares se mantiene la secrecía de los movimientos del dinero, del origen de estos, de quién o quienes son sus propietarios y, sobre todo, de los posibles decomisos que las autoridades nacionales puedan realizar en caso de que alguno de esos empresarios o inversionistas sea encontrado culpable de algún delito. Entonces, cuando una se entera de estas filtraciones, a una le salta la duda de si los dueños de ese dinero quieren incrementar sus ya de por sí enormes patrimonios y/o si también quieren ocultar algo y evadir impuestos. Es casi imposible no pensarlo.

También es difícil no pecar de suspicaz cuando uno de estos acaudalados personajes adquiere la calidad de servidor público y su nombre sale en alguna de estas filtraciones, en especial cuando son parte de gobiernos que celebran e imponen la austeridad como sinónimo de honestidad, integridad, anticorrupción y transparencia.

La situación no es menor si recordamos que las personas servidoras públicas tienen la obligación constitucional de presentar sus declaraciones patrimoniales y de intereses. ¿Para qué? Para que las autoridades contraloras, como la Secretaría de la Función Pública o las contralorías de los estados, sepan con qué volumen patrimonial entran al servicio público y con cuál salen. La diferencia no puede ser muy grande, pues –contrario a lo que el presidente López Obrador considera– los salarios y las prestaciones de los servidores públicos nunca se han caracterizado por enriquecer a quien las recibe.

Sin embargo, hay casos como el de Julio Scherer, exconsejero del presidente, que cuando entró al servicio público ya contaba con una masa patrimonial muy voluminosa. Y nuevamente reitero que no es ilegal ser un servidor público millonario, lo ilegal es no declararlo arguyendo que ganaron su fortuna antes de ser servidores públicos. Las declaraciones patrimoniales deben reflejar todo lo que una persona tenía antes de ser servidor público, durante y al terminar su servicio, de lo contrario no sirven para nada.

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Ni hablar de los funcionarios públicos que obtuvieron su puesto a través de la elección popular, como los gobernadores o los legisladores. Gente que hace campaña jurando y perjurando que son honestos y transparentes, y que perseguirán sin tregua a los corruptos. Este es el caso de Armando Guadiana, legislador de Morena, quien recientemente exigió públicamente que la Unidad de Inteligencia Financiera investigue los recursos de la UNAM y de las universidades, pues está preocupadísimo por el uso que los científicos y académicos malandrines dan a esos recursos. Sin embargo, al senador se le olvidó declarar las millonarias inversiones en dólares que tiene en las Islas Vírgenes: “Me atonté en el asunto de la Declaranet”, fue la frase que este servidor de la nación manifestó cuando se le cuestionó su aparición en los Pandora Papers. ¡El colmo de la deshonestidad y la hipocresía!

En México, los Pandora Papers no sorprendieron a las multitudes. De hecho, han servido para reafirmar que la deshonestidad y la proclividad a la corrupción no se adquiere ni se elimina por pertenecer a un cierto partido, pues hay gente de todos los colores políticos cuyas fortunas son dudosas, por decir lo menos. Lo que sí hace esta investigación es demostrarnos que el combate a la corrupción va a seguir sin dar frutos si seguimos ciñéndola al ámbito nacional. La gran corrupción es un fenómeno transnacional y es en ese ámbito donde deberíamos estar actuando.

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Nota del editor:

La autora es directora ejecutiva de la ITAC Iniciativa de Transparencia y Anticorrupción del Tec de Monterrey.

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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