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#ZonaLibre | Badiraguato: pueblo consentido de AMLO

Badiraguato es un cuartel gigante para el Cártel de Sinaloa, esa es una de las razones por las que nadie puede aplaudir que el presidente acuda a la tierra donde ser mafioso es un honor.
jue 29 julio 2021 12:05 AM
Badiraguato
De visita. AMLO informó que irá a Badiraguato para a llevar a cabo tres acciones importantes.

Se sabe más de aquella zona norteña mexicana, por películas y series de Netflix, que muchas hermosas playas del país. Le llaman “El triángulo dorado”. En esa soleada demarcación, se unen los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango. Ahí, entre algunos pequeños pintorescos resalta el de Badiraguato, Sinaloa, que se encuentra en la sierra madre occidental, a cuatro horas de Culiacán y no es fácil el acceso.

Lo que hace famoso al pueblo son tres condiciones: primeramente, la altísima siembra de marihuana. Luego, la sobreproducción de amapola, como precursor de heroína. Pero la tercer y quizá más interesante condición para aquellos que les gustan las historias de mafiosos, es que ese pequeño territorio vio nacer a quien fuera el capo más grande, Joaquín Guzmán Loera el famosísimo “Chapo”.

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La impunidad que gozan los narcotraficantes en Badiraguato ha hecho que sea conocido como “La cuna del narco”. En aquel lugar domina la adoración a la Santa Muerte y a Jesús Malverde, a quien consideran un “Santo patrono” de los delincuentes. Aunque la tranquilidad reina en el pueblo, la herencia del narco y la generación de nuevos talentos para el trasiego de droga y los nuevos sicarios se van forjando día a día.

Badiraguato es un cuartel gigante para el Cártel de Sinaloa, algunos aseguran que ahí vive su “hijo pródigo”: Caro Quintero, a quien le gusta que le lamen “el narco de narcos”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador conoce bien la pequeñita plaza, donde aparecen las palabras coloridas del nombre del poblado debajo de una pequeña estatua de Benito Juárez que tiene la frase mundialmente conocida: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”.

Y conoce bien aquel temido lugar, pues lo ha visitado en distintas ocasiones, solamente como presidente ha ido un par de veces y este próximo sábado acudirá por tercera ocasión.

Lo que ha llamado poderosamente la atención de esta –extraña– supervisión de la carretera “Badiraguato–Guadalupe y Calvo” es que la oficina de prensa del gobierno federal catalogó el evento como “cerrado”, esto significa que no habría acceso a la prensa. Se dijo que no estarán presentes empleados del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie), ni fotógrafos del presidente.

Aunque horas después el vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez, “aclaró” que los eventos de viernes y sábado serán públicos y los del domingo sí serán privados por la consulta del 1 de agosto.

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¿Supervisión o campaña de agradecimiento?

Esta visita sucederá dos días antes de la consulta popular para enjuiciar a expresidentes, donde se requieren 37 millones de votos; una odisea que será imposible tanto para el partido Morena, como para el mismo INE. Se espera un rotundo fracaso para ambas organizaciones que al parecer son los únicos que tienen el interés de promover la participación ciudadana.

La rara visita de López Obrador a Badiraguato (donde también nacieron los narcotraficantes Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo, Ismael “El Mayo” Zambada, Arturo Beltrán Leyva, entre otros) vuelve a traer un recuerdo que ha quedado grabado en la memoria colectiva: aquel apretón de manos con la madre del Chapo Guzmán, doña María Consuelo Loera Pérez, a quien el presidente aseguró tenerle “todo el respeto”. Sucedido el 29 de marzo del 2020.

Esto sucedió unos meses después de que el gobierno federal ordenara la liberación inmediata de Archivaldo Guzmán, hijo del Chapo, tras un fallido operativo de las fuerzas armadas en octubre de 2019.

En Sinaloa, el partido Morena arrasó de manera significativa para ganar la gubernatura del próximo sexenio, en la persona de Rubén Rocha Moya, un conocido y querido personaje en las tierras del océano pacífico.

¿A qué va realmente el presidente a uno de los focos más rojos del país; a una de las zonas donde reina la impunidad y la reproducción de delincuentes?

Una vez más resuena esa controvertida frase que le gusta repetir al Ejecutivo una y otra vez: “Abrazos, no balazos”.

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Pero más allá de una frase debatible, el hecho es que no se ha logrado concretar una estrategia para acabar con la violencia en este ensangrentado país. Tampoco, ningún esfuerzo de la llamada 4T ha logrado que los jóvenes se retiren del negocio de la droga. Todo lo contrario, las organizaciones criminales siguen creciendo de manera exponencial, a tal grado que se estima que más de 30 de ellas se disputan todos los rincones de la nación.

Y a pesar del visible fiasco de la estrategia contra la violencia, y a pesar de los años que ya lleva en el poder, López Obrador insiste en que pacificar al país “no va a ser fácil, ahí vamos poco a poco, pero a lo seguro”, palabras muy distintas cuando en campaña prometía pacificar al país en un año.

La oscura visita de AMLO a Badiraguato es una pésima señal hacia el exterior, principalmente a Estados Unidos, donde la relación sigue siendo distante, pues no se explican, en la Casa Blanca de Washington, por qué el presidente mexicano insiste en mostrarse como amigo de los delincuentes más peligrosos y que causan tanta desgracia por el país entero.

No, nadie puede aplaudir que el presidente acuda a la cuna del narco, a la tierra donde ser mafioso es un honor.

A todas luces, es una nueva provocación del presidente a sus opositores. Pero este tipo de conductas, de clasificar como privada una actividad presidencial y luego corregir son una afrenta a todos los mexicanos, es uno más de los errores, de las decisiones tomadas sin estrategia.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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