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#ZonaLibre | Muñoz Ledo, el rebelde

Al dejar la presidencia de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo reivindicó su propia historia y también a la política, analiza Caleb Ordóñez.
mié 04 septiembre 2019 10:45 AM
Caleb Ordóñez promo
Abogado, comunicador y especialista en Periodismo digital por la Universidad Complutense de Madrid.

No. Nadie se atrevería a decir que México vive tiempos de tranquilidad. La inseguridad sigue castigando a la sociedad, la fractura social es evidente, el cambio de régimen polariza y enfrenta cada vez más a los grupos sociales.

Ante estas condiciones, es común que la antipolítica triunfe. Si el país está mal, si nosotros estamos mal; entonces, ante esta lógica, todos los políticos son igual de detestables. Mientras se pelean por ver quién es mejor, o el “menos peor” en esta endeble democracia en la que vivimos. Podríamos pensar que la política es la causa de nuestros problemas.

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La sensación generalizada de frustración está plenamente justificada, especialmente tras el lento avance de una fuerza política que llegó al gobierno prometiendo refundar a la República y ,en pocos meses, transformar el rostro de México completamente.

La realidad es que las cosas no han cambiado como todos quisiéramos. Las estadísticas de la descomposición social siguen siendo indignantes y lacerantes.

El presidente López Obrador entregó su primer informe oficial ante el Congreso de la Unión sin muchos logros que se puedan alardear. Aunque para los aplaudidores de Andrés Manuel criticarlo sea un agravio directo y que, prácticamente, aquel que no le rinde pleitesía, es un enemigo del país.

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Sin embargo, la actitud crítica ante los políticos y ante el funcionamiento de las instituciones es buena para la democracia. Una ciudadanía vigilante es el mejor antídoto contra la corrupción, la ineficiencia y los desvíos de poder.

La política es, sin duda, una actividad imperfecta, como lo son todas las actividades humanas. También es cierto que ser gobernante, nunca será fácil y los errores son tan comunes, como tan común es para todo ser humano errar.

El problema es cuando damos un paso hacia el rumbo de la descalificación de la política como actividad y olvidamos su significado más allá de las insignificantes “corrientes políticas”.

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La política tiene solución

“¿Pensabas que no iba a cumplir? No, compañerito; yo soy un hombre de palabra”, me dijo Porfirio Muñoz Ledo en marzo de 2006. Estábamos en el pequeño teatro de la facultad de derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua, a donde lo invité a dar una plática sobre la situación política del país de ese entonces. ¡Y claro que pensaba que don Porfirio no iba a llegar, pues ya había pasado más de una hora y media de la hora pactada y no sabíamos si se aparecería!

El auditorio estaba expectante, había decenas de estudiantes afuera esperando que alguien dejara su asiento por la larga espera. Cosa que no sucedió pues todos prefirieron soportar el calor y perder alguna clase que dejar de escuchar al afamado y siempre polémico político.

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Me tocaba el turno de presentar a Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, quien dirigió el PRI y el PRD, que fuera dos veces secretario de Estado, representante de México ante la ONU y la Unión Europea, candidato presidencial, senador y diputado.

Muñoz Ledo tomó el micrófono para usar la elocuencia y buen oratoria que lo ha hecho trascender por más de 50 años en la política mexicana: “La política se ha desvanecido, se ha apartado de sus principios. La solución a nuestros problemas no consiste en negar la política, sino en mejorarla”, comenzaba su discurso.

Necesitamos que la sangre nueva se una a la política. Una sociedad tiene una mejor política cuando consigue que su mejor gente se involucre en ella, y tiene una peor política cuando los más valiosos le dan la espalda”.

Sinceramente, no recuerdo lo suficiente para citar más de aquel discurso. Sin embargo, fueron esas palabras suficientes para ver a Porfirio Muñoz Ledo como un joven en el cuerpo de un adulto mayor, que luego de tanto transitar por los canales oscuros, arriesgados y expuestos de la política mexicana, aún le existía esa llama por llamar a la gente a reivindicar y mejorar la política, a partir de la educación y la refundación del país.

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Incómodo y verdadero crítico

En 2018, Porfirio, con la bandera de la Cuarta Transformación, volvió al poder y lo hizo desde lo más alto de la Cámara de Diputados, siendo un presidente incómodo en muchas maneras. Desde el inicio, Muñoz Ledo dejó en claro que sería el presidente de la Cámara y no un siervo del gobierno federal. En septiembre de 2018, cuando iniciaba la actual legislatura de la Cámara de Diputados, el diputado Gerardo Fernández Noroña le confrontó, acusándolo de traidor, junto con Martí Batres, por haber asistido al informe del presidente Enrique Peña Nieto.

En la sesión, pidió la palabra, Muñoz Ledo se la negó lo que provocó una confrontación verbal. Noroña acusó a Muñoz Ledo de insolente y éste le dijo que era un golpeador.

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Tiempo después, Porfirio fue un fuerte crítico de la Guardia Nacional que fue desplegada a las líneas fronterizas mexicanas. Dijo, incluso, que la Guardia Nacional “es como la virgen de Guadalupe, pero con pistola”. Después y ante el intento del gobernador electo de Baja California Jaime Bonilla –quien busca quedarse cinco años en el gobierno-, Muñoz Ledo propuso desaparecer poderes en ese Estado para que no se cometa esa infame y antidemocrática bajeza.

Porfirio ha sido tan tajante que ha repetido: “esperemos que la 4T no vaya a convertirse en un cuarto trancazo”.

El pasado martes 3 de septiembre, Muñoz Ledo reivindicó su propia historia. Algunos mencionaban que era su interés perpetuarse en la presidencia de la Cámara de Diputados. Pero nos dimos cuenta de que realmente no era así; Porfirio, siempre rebelde, desnudó que el “agandalle” era responsabilidad del partido Morena. Ante la cara de sorpresa y descrédito de sus compañeros de partido.

“Toda mi vida he pensado que la principal virtud de un político es la congruencia, también que se puede tener el poder y no pasar a la historia. Se puede pasar a la historia sin tener el poder”, sentenció Muñoz Ledo, evitando una crisis institucional que podría hacer mucho daño al país.

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Pero también dando un mensaje a las nuevas generaciones: de generosidad y humildad. Lo que lamentablemente no existe en las estériles peleas de redes sociales, donde increíblemente, son los más jóvenes quienes se disfrazan de dinosaurios políticos, desgarran sus vestiduras para defender a las figuras políticas y han olvidado lo más importante: se trata de reivindicar y hacer mejor a la política, no de darle la espalda.

Lo hecho por Muñoz Ledo es también un llamado, a todos los que han olvidado que la política se creó para unir a las personas en sus coincidencias y no para polarizar con sus diferencias. Que se trata de llegar a acuerdos y no de debilitar al país o a sus instituciones. Pues, finalmente, ese es el triunfo de la política.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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