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#ZonaLibre | No han acabado con el Chapo

El "Chapo" recibe sentencia pero la situación en el país no es distinta de sexenios anteriores, la Guardia Nacional en las calles lo confirma, escribe Caleb Ordóñez.
mié 17 julio 2019 06:00 AM
El Chapo
El Chapo. Este miércoles, Guzmán Loera recibe sentencia.

17 de Julio del 2019, será recordado como el día más terrible de su vida, Joaquín Guzmán Loera un mexicano de 61 años, encontrado culpable de 10 delitos relacionados con el narcotráfico, recibe la peor condena de su vida. Se trata del más brutal, sanguinario, despiadado y temido capo mexicano del que se tenga memoria. Su imperio se ha ido rezagando, más no por eso desapareciendo.

Consta de ramificaciones mundiales, su cártel controla un engranaje que permite desplazar cocaína colombiana a Ghana o metanfetaminas hechas en México hasta Tailandia. En Sinaloa, controla puertos enteros, cargas de toneladas de cocaína que serán llevadas hasta la frontera norte para llegar a los Estados Unidos ya sea por túneles, drones o migrantes desesperados que llevarán en sus hombros cargamentos.

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El “Chapo” controla un ejército de sicarios, secuestradores, extorsionadores, niños y adolescentes “halcones”, policías corruptos, así como jueces y políticos en prácticamente todos los puestos. El poderío de Guzmán pareciera no tener fin, a pesar de que sus días terminarán en una pequeña celda e incluso con problemas mentales que refieren sus abogados.

La edificación de su reinado en los bajos mundos de las drogas prevalece con el liderazgo de Ismael “El Mayo” Zambada, quien, con un perfil bajo, sigue generando una riqueza incalculable para el cártel de Sinaloa, sin dejar a un lado a sus socios, Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán, hijos del “Chapo”, conocidos como "Los Chapitos".

¿Cómo fue que un humilde e inculto sembrador de amapolas se convertiría en el capo más grande del mundo? La respuesta podría tener tres siglas: P.A.N. La responsabilidad de los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón en cuanto al crecimiento como espuma de Guzmán Loera es evidente.

El Chapo Juicio
Las pruebas. Documentos de la Fiscalía que estaban sellados y que contenían testimonios no presentados ante el jurado durante el proceso fueron abiertos a varios medios.

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En la era Fox, Guzmán salió de prisión, fugándose entre sábanas sucias, a través de un operativo corrupto que tuvo a varios responsables en prisión y otros han sido asesinados. A partir de ahí, la relación del narcotraficante con los gobiernos panistas llamó poderosamente la atención a periodistas incluso de otras partes del mundo.

En ese entonces el jefe de jefes era Juan José “El Azul” Esparragoza, quien al morir dejó en manos de Zambada y Guzmán el negocio del cártel.

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Fue en el inicio del sexenio de Felipe Calderón, que el “Chapo” tomaría el liderazgo del grupo delictivo sinaloense. Esto relata la periodista Anabel Hernández en su libro “Los señores del narco”.

Guzmán Loera se consolidaría como el más grande, cuando la mano derecha del expresidente, Juan Camilo Mouriño, entonces jefe de la Oficina de la Presidencia se reuniría con el general Mario Arturo Acosta Chaparro, para señalarle la misión de convencer a los capos de disminuir la violencia que la estrategia generó, a lo cual, se apostaría por apoyar al cártel de Sinaloa, ya que tanto el cártel de Juárez, la Familia Michoacana, los Beltrán Leyva y Los Zetas no estaban dispuestos a una tregua con el gobierno para darle el poder a Guzmán.

Acosta Naranjo fue asesinado en abril del 2012 mientras acontecía el proceso electoral para renovar la Presidencia de la República. Ese mismo año, en una carta que envió Edgar Valdés Villarreal, “La Barbie” al periódico Reforma, aclara que efectivamente, Calderón quería pactar con los grupos criminales, además de acusar al entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, de haber recibido millones de dólares por parte del narcotráfico. Esto ha sido desmentido de manera tajante por parte de Calderón Hinojosa.

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Todo esto pudiera haber sido un guión más para una narconovela, de esas que tanto critica el actual canciller Marcelo Ebrard, si no fuera porque en el juicio contra Joaquín Guzmán en Nueva York testigos hablaron del tema, incluso el pasado 15 de enero, un testigo llamado Álex Cifuentes Villa aseguró que el “Chapo” entregó más de 100 millones de dólares a Enrique Peña Nieto. Ante estas acusaciones, Francisco Guzmán, el exjefe de la Oficina de la Presidencia de la República durante el mandato de Peña Nieto calificó las declaraciones de Cifuentes como “falsas, difamatorias y absurdas”. Acerca de esto el presidente López Obrador se limitó a decir que “Nosotros no tenemos información adicional. No podemos juzgar si no tenemos pruebas".

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López Obrador, amenazado

Ante la caída del reinado de Joaquín Guzmán, la vista se centra ahora en los reacomodos y ajustes dentro de los distintos cárteles de droga en el país. El presidente López Obrador ha repetido en varias ocasiones que no quiere voltear hacia atrás, que la guerra contra el narcotráfico había sido oficialmente terminada, que busca reducir la violencia y homicidios más que capturar a grandes capos.

Sin embargo, más allá de las declaraciones, la situación en el país no es distinta de los sexenios anteriores, la Guardia Nacional en las calles es un ejemplo de que hay un nerviosismo por la creciente actividad criminal en el país. No se sabe mucho de cuál es la estrategia del actual gobierno para acabar con la disputa entre los siete grandes grupos criminales del narcotráfico, como el cártel de Juárez, el cártel de Sinaloa, el cártel del Golfo, la organización Beltrán-Leyva, el cártel de Tijuana, los zetas o Jalisco nueva generación. Éstos últimos colocaron anuncios en Facebook y mantas en diversos lugares ofreciendo desde $30,000 hasta $100,000 pesos a los policías federales que hoy se manifiestan por no querer ser parte de la Guardia Nacional.

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López Obrador señala una y otra vez que encontró un país en llamas; sin embargo, él mismo ya ha sido amenazado en un par de ocasiones desde que llegó al poder. Responsabilizan al narcotraficante José Antonio Yepez “El marro” de ordenar colgar una manta en un puente que decía: "Andrés Manuel López Obrador te exijo que saques a la Marina, Sedena y Fuerzas Federales del estado, si no voy a empezar a matar gente inocente para que veas que este no es un juego y que en Guanajuato no los necesitamos. Ahí te dejo un regalito en mi refinería para que veas cómo se van a poner las cosas y si sueltas a mi gente que se llevaron y si haces caso no van a valer madre" .

En Tijuana, Baja California, el pasado 8 de febrero, apareció una nueva narcomanta dirigida al presidente: "Ni con toda tu puta gente nos van ha hacer nada. Sálgase a chingada de Tijuana. Aquí no lo queremos, si no se sale les empezaremos a pegar en su madre. Esta no es una guerra de ustedes, y ahorita estamos más fuertes que nunca", se leía en el mensaje firmado por La nueva alianza Lobo alfa 20, Tabo y Flaquito de Tijuana.

Incluso el pasado 2 de julio, el mismo presidente dijo haber sido amenazado una tercera ocasión, con una narcomanta colocada enfrente de su casa. "Sin balandronadas, puedo decirles que soy un ser humano y que tengo miedo, pero al mismo tiempo puedo decir también que no soy un cobarde", dijo al respecto.

El cáncer sigue vivo

El reto del nuevo régimen contra el crimen organizado es colosal y debe permanecer en la mesa de debate el tema, pues la droga sigue fluyendo por todo el país y sin recato al vecino del norte, porque las organizaciones en lugar de menguar, siguen creciendo de manera aterradora y los capos de hoy buscan ser más grandes que el “Chapo”.

El ocaso del Guzmán Loera debería de ser un ejemplo de lo que la droga hará en la vida de cualquier ser humano: la prisión o la muerte. Sin embargo, la narcocultura arraigada en el país, lo podría convertir en una especie de mártir y en una “leyenda” admirada por miles de jóvenes. Un ejemplo de esto es la colección de playeras, gorras, protectores de celulares y sudaderas que llevan la imagen del narcotraficante y con la que ganará cientos de miles de dólares su esposa, Emma Coronel.

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El llamado es a educar a millones de jóvenes de forma distinta y alejarlos del negocio de las drogas, para que un nuevo “Chapo” Guzmán no regrese en alguno de los muchachos que hoy tienen el futuro negado a causa de la miseria y el hambre. Recuperar las vidas de miles de niñas que ven con admiración a un sicario y desean un día casarse con un narco. El reto es que el “Chapo” no vuelva jamás. Programas sociales como “Jóvenes construyendo el futuro” y otros de la 4T deben tener empeñado su esfuerzo en esa misión.

Por que de nada servirá que un capo esté en prisión, por más importante que sea, mientras la pobreza, la zozobra, el peligro y la tentación por salir de la miseria a través de hacer el mal siga atrapando y robando a los niños y jóvenes mexicanos, que hoy, tristemente, quieren ser como Joaquín “Chapo” Guzmán.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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