La desigualdad de tiempo por género
La pobreza de tiempo afecta más al sexo femenino. Mientras una mujer del 10% más pobre de la población dedica 11.5 horas de su día a labores de cuidados, los hombres de cualquier nivel de ingresos dedican solo entre 4.2 y 4.7 horas a las mismas tareas.
Rosa Quiroz vende pan y café afuera de la estación Santa Marta de la línea A del metro. Despierta entre las 7:00 y 8:00 de la mañana, prepara el desayuno, alista a su bebé de cuatro meses de edad y sale junto a su esposo a trabajar en su puesto.
Atiende clientes hasta las 11 de la noche, mientras, en un canguro, carga a su hijo. Entre venta y venta, se da tiempo para alimentar a su bebé, lo cambia y juega con él. Antes de la medianoche, limpia y cierra su puesto, su esposo va por ella y regresan a su casa en Los Reyes, Estado de México. Tras una larga jornada, se mete a la cama cerca de la una de la madrugada.
El caso de Quiroz refleja también otro aspecto de los distintos frentes de la pobreza de tiempo: la informalidad que afecta más a las mujeres. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, el 55.9% de las mujeres que tenían un empleo al tercer trimestre de 2025 estaban en esa condición.
“Ahí encuentran una mayor flexibilidad que les permite compaginar la carga de cuidados con la participación laboral”, detalla Fernanda García, directora de Sociedad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Este tipo de casos se debe a que, socialmente, a las mujeres se les ha asignado la responsabilidad de las tareas de cuidados y del hogar, trabajo que no es remunerado. “Ese tiempo que se dedica a esas actividades impide la realización de otras, como la participación educativa, económica, política, social y de autonomía personal. Es lo que genera pobreza de tiempo”, detalla Mónica Orozco, directora de la organización GENDERS e investigadora asociada del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
Ante el déficit de lugares públicos para la atención de niñas y niños, así como para personas de la tercera edad y con discapacidad, desde los gobiernos se han hecho esfuerzos para hacer frente a la necesidad. La Ciudad de México, el estado de Jalisco y el municipio de Monterrey, en Nuevo León, por ejemplo, han comenzado con la construcción de sus sistemas públicos de cuidados; mientras que, a nivel federal, la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa la consolidación del Sistema Nacional de Cuidados.
Pese a los cambios que se han impulsado desde la sociedad civil, como la reforma para reducir a 40 horas por semana la jornada laboral, García advierte que las personas que trabajan en la informalidad deben laborar más horas al percibir menos ingresos, carecen de acceso a seguridad social, de certidumbre jurídica, de ahorro para el retiro y de los derechos establecidos en la Ley Federal del Trabajo.