Y quienes se exponen frecuentemente a sucesos violentos tienen más probabilidad de desarrollar este trastorno, explicó María Elena Medina Mora, exdirectora del Instituto Nacional de Psiquiatría.
“Dado el alto índice de violencia en el país, es una preocupación que tenemos muchos de cómo podemos evitar y disminuir este riesgo, para también disminuir las consecuencias sobre la salud mental”, dijo en un Simposio de El Colegio Nacional.
En México se ha estimado, por ejemplo, que 68% de los mexicanos han estado expuestos a un evento traumático o a un suceso de violencia. De ese universo, casi 3% desarrolló un Trastorno de Estrés Postraumático.
Es una baja prevalencia. Sin embargo, sin una atención médica adecuada, el impacto negativo en la vida de quienes lo padecen es enorme, mencionó la especialista.
”Este trastorno se asocia con una gran discapacidad. Es decir, la persona se ve impedida de realizar sus actividades diarias y está continuamente visualizando el evento que le ocasionó este sufrimiento y este impacto tan grande en su bienestar. Siente este miedo y este estrés aunque ya no esté en peligro”.
Estima que, cuando el trastorno se prolonga en el tiempo, hasta por cinco años, los afectados tienen 40% más probabilidades de fracaso escolar y 150% más de desempleo. También puede derivar en depresión y ansiedad. O en suicidio, que también aumentó en México, principalmente en adolescentes y jóvenes, por múltiples causas.
Estas cifras, sin embargo, se calcularon antes de que aumentara la violencia por los cambios en la estrategia de seguridad y hace muchos años que México no actualiza sus encuestas de epidemiología psiquiátrica.
La especialista Dení Álvarez indica que, además, es necesario regionalizar las cifras y analizarlas por género. En su investigación en Guerrero, por ejemplo, encontró que las mujeres tenían un 15% de Trastorno por Estrés Postraumático a lo largo de la vida. Mientras que en las mujeres de la población general se calcula entre 2 y 4%.
En 2024, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) reportó la atención médica de 4,800 casos de estrés postraumático, de los que 32% correspondieron a mujeres de 30 a 49 años.
Bullying, violencia sexual y familiar
Y es que, según el tipo de violencia que se viva, mayor será la probabilidad de desarrollar estrés postraumático. Los estudios sugieren que es más alta en casos de violación, secuestro y acoso, delitos que también han ido al alza en México a la par de la inseguridad.
Mientras que la depresión se presenta más en casos de abuso sexual, de persecución y cuando se ve que hieren o matan a alguien con un arma.
Álvarez subraya que otro efecto de la violencia colectiva a largo plazo es la normalización de estos sucesos y un cambio hacia un sistema de valores y de normas sociales que legitiman o naturalizan el uso de la violencia.
Un dato del estudio del CIDE halló algo similar: las personas de municipios que han sido históricamente violentos reportaban tener mejor salud mental que la gente de municipios sin altos niveles de violencia.
Los individuos desarrollan estrategias de adaptación para hacer frente a la violencia”,
Estudio La "guerra contras las drogas" y la salud mental.
Pero la normalización también lleva a prácticas violentas en otras esferas de la vida, como las escuelas y los hogares.
“Cuando hay violencia colectiva, aumentan otro tipo de violencias. Por ejemplo, el bullying o acoso escolar, otro fenómeno que está siendo claro en México, y también incrementa la probabilidad de la violencia intrafamiliar, sobre todo hacia mujeres, niñas, niños, adolescentes, personas que pertenecen a minorías”.
La violencia azota a México desde diferentes frentes. Son 20 años de heridas abiertas por la violencia en el tejido social.