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Nuevo León ante un nuevo sexenio perdido

Si Samuel fuera inteligente, desistiría de imponer a Mariana, y daría la sorpresa con una candidatura fresca, lo que le daría amplias posibilidades de ganar.
Adrián de la Garza, Clara Luz Flores y Mariana Rodríguez aparecen frente al Palacio de Gobierno de Nuevo León.
Quienes conocen y entienden Nuevo León, saben bien que, para aspirar a ganar, siempre es importante tener buena relación con su comunidad empresarial, opina Porfirio Salinas. (Fotos: Facebook)

La designación por parte de Morena, anticipada como las otras 16, de Clara Luz Flores como su candidata al gobierno de Nuevo León deja ver una terrible realidad para el estado, y un grave error de estrategia por parte de la Presidenta, o tal vez simple desinterés electoral.

Clara Luz repite como candidata después de perder estrepitosamente en 2021, quedando en un lejano cuarto lugar con sólo 14% de los votos, contra 37% de Samuel (500,000 votos más que ella), 28% del PRI (300,000 más), y 18% del PAN (100,000 más).

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Cuando una candidatura tiene resultados tan malos, resulta al menos extraño que repita. Eso sucede cuando la persona cambia de partido, cuando estando en el mismo partido no hay más perfiles, cuando no hay oportunidad de ganar, o cuando no se quiere ganar.

En los últimos dos supuestos, hay un componente adicional muy mexicano. Como se sabe, las campañas en nuestro país son de las más caras del mundo, y muchos de sus recursos provienen de dudosa procedencia por el anticuado esquema de financiamiento y la falta de fiscalización.

Esto se combina, entonces, con nominar candidaturas que se saben perdedoras, pero que tienen el objetivo ulterior de beneficiarse, particularmente de aquellos recursos no fiscalizados. No es nuevo.


Por eso llama más la atención la designación de Clara Luz, ya que por primera vez Morena tenía posibilidades reales de ganar el estado, y no estaban vacíos de perfiles para lograrlo, a diferencia de hace seis años que realmente no tenían ni gente ni competitividad.

Para 2027, la 4T sí tenía un perfil altamente competitivo: el senador Waldo Fernández. Un político de larga trayectoria, experto en temas de seguridad que le urgen al estado, y de los pocos políticos reconocidos y respetados de izquierda, en un estado poco proclive a esa corriente.

Waldo es, además, un empresario que tiene gran cercanía con los grandes empresarios tradicionales de Nuevo León, esos que durante mucho tiempo fueron factor determinante en los destinos del gobierno estatal, influyendo de manera contundente en construir el éxito que ha tenido el estado.

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Quienes conocen y entienden Nuevo León, saben bien que, para aspirar a ganar, siempre es importante tener buena relación con su comunidad empresarial. Más que en votos directos, su peso ha sido por acompañamiento importante al gobernar, y contrapeso claro a malas decisiones.

Si bien el empresariado actual de Nuevo León está muy lejos de aquellas épocas de gran involucramiento y liderazgo por convicción, y dejó de ser un contrapeso efectivo en los últimos tres sexenios, sigue siendo un factor de gran relevancia a los ojos de los ciudadanos del estado.

Las contribuciones empresariales al estado han sido muchas durante décadas. Las últimas de relevancia fueron, por un lado, la creación de la Fuerza Civil ante el claro abandono de Felipe Calderón en la peor época de inseguridad de 2009-2011 que vivieron por su famosa guerra.

Y por otro lado, la Ley de Planeación estatal, única en el país, que creó al Consejo Nuevo León. Un organismo facultado para hacer planeación del estado a largo plazo, con participación ciudadana, académica, empresarial y gubernamental. Aunque el actual gobierno poco lo respeta.

Electoralmente, Waldo fue candidato a senador en 2024, ganando el primer lugar para sorpresa de todos. En un estado con poca presencia de la 4T, y hasta aversión hacia lo que representa.

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En su elección a senador, obtuvo casi 785,000 votos, es decir, casi los mismos que Samuel para la gubernatura en 2021, y mucho más del doble de los 300,000 de Clara Luz. Por lo tanto, la 4T tenía competitividad y tenía perfil, pero la Presidenta prefirió repetir con la opción perdedora.

Clara Luz es una figura de muchos años en Nuevo León, aunque nacida en Coahuila. Hizo toda su carrera en el PRI, siendo diputada Local y alcaldesa. Pero nunca con empaque para una Diputación Federal, Senaduría o la gubernatura; ni para al menos presidir el partido en el estado.

En 2020 se va a Morena, siendo aún alcaldesa por el PRI. Eso le alcanzó para ser hoy Diputada Federal, después de pasar por la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública en el último bienio de AMLO.

Sus vínculos políticos no son los más reconfortantes. El principal es Abel Guerra, su esposo y mentor. Es uno de los dinosaurios expriistas más cuestionados y desprestigiados de Nuevo León, quien la impulsó a la Alcaldía de Escobedo, y después la acercó a Morena.

Con esta candidatura fallida, Morena le deja el campo abierto a Adrián de la Garza, actual Alcalde de Monterrey, para ser el candidato natural del PRI, y cada vez con más posibilidades de abanderar una alianza con el PAN, con amplias posibilidades de ganar la gubernatura.

Esto, en sí mismo, es otro mal augurio para Nuevo León. Adrián pertenece al grupo más obscuro que ha tenido el PRI en el estado, liderado por Francisco Cienfuegos, exdiputado Local y exalcalde de Guadalupe que no pudo aspirar a la reelección en 2018 por sus malos resultados.

Lo más importante de Adrián y Cienfuegos es que ambos fueron muy cercanos a Rodrigo Medina, de los peores gobernadores del estado. Y tomaron el control del PRI estatal desde entonces, marginando a todo priista destacado, prestigiado y con trayectoria.

Tomaron control de muchas posiciones tanto en el poder judicial estatal como en el Legislativo. Y se volvieron de los personajes más cercanos a Alito Moreno, siendo de sus más importantes benefactores, “apoyando” en campañas de otros estados.

Adrián compitió por la Alcaldía de Monterrey en 2018, ganándola en tribunales. No logró la reelección en 2021, perdiendo contra Colosio Junior. En 2024 vuelve a aspirar, ganando por los escándalos de Samuel y su esposa Mariana, la candidata, en las últimas semanas de campaña.

Esos son los candidatos de Nuevo León, y lo que parece el destino inevitable de un cuarto sexenio al hilo de corrupción y mal gobierno. Si Samuel fuera inteligente, desistiría de imponer a Mariana, y daría la sorpresa con una candidatura fresca, lo que le daría amplias posibilidades de ganar. Pero se antoja imposible que eso pase. ¡Pobre Nuevo León!
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Nota del editorial: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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