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Las intermedias de EUA no cambiarán mucho el mapa político

Los datos no muestran que los Demócratas estén bien posicionados para aprovechar el descontento con el actual gobierno.
Trump como protagonista
Hay incluso analistas que se aventuran a vaticinar una victoria apabullante. Otros, más moderados, pronostican un cambio seguro en la cámara baja, y mayor incertidumbre en el caso del Senado. (Andrew Harnik/Getty Images)

En noviembre serán las elecciones intermedias de EUA, en las que se renovará un tercio del Senado, toda la Cámara de Representantes, algunas gubernaturas y congresos locales. Actualmente, está la plena época de elecciones primarias para definir esas candidaturas.

En este contexto, se ha hablado mucho tanto allá como acá de los bajísimos índices de popularidad del Presidente Trump, y de cómo eso lleva a que los Demócratas recuperen la mayoría del Congreso.

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Hay incluso analistas que se aventuran a vaticinar una victoria apabullante. Otros, más moderados, pronostican un cambio seguro en la cámara baja, y mayor incertidumbre en el caso del Senado.

Sin embargo, entre los analistas se ve muy poco, o nada, el escenario de que no haya cambios sustanciales. El argumento mayoritario es que la historia de las intermedias siempre implica cambio, como si las elecciones actuales siguieran la misma lógica.

Hace un par de semanas salió uno de los poquísimos análisis ( https://www.foxnews.com/politics/fox-news-power-rankings-voters-say-theyre-economic-pain-democrats-gain ) que ponen en duda la relación directamente proporcional entre la popularidad presidencial y la victoria demócrata. Si bien es de una encuesta de Fox News, proclive a los Republicanos, vale la pena el análisis de los números nacionales y estatales.

En EUA, como en México, suele cometerse el error de “analizar” las encuestas solo en lo relacionado con la popularidad o aprobación/desaprobación gubernamental, sin entrar en las preguntas de control y el contexto social, que a veces revelan mucho más.

En lo económico no hay sorpresas en la encuesta. 46% está inconforme con el incremento en los costos de vida; y 68% desaprueba el manejo actual de la economía. Estos números podrían indicar que el partido en el poder naturalmente perdería espacios electorales importantes.

Pero cuando se revisa el dato de filiación partidista, no hay una diferencia importante. 47% demócratas y 43% republicanos. No parece una distancia apabullante, sobre todo recordando que los Demócratas vienen de una caída muy importante en su filiación partidista.

Los datos no muestran que los Demócratas estén bien posicionados para aprovechar el descontento con el actual gobierno. Por ejemplo, para el Senado, hay un empate técnico. Cabe recordar que, en caso de empate, el Vicepresidente en turno de EUA es el asiento de desempate en el Senado.

El escenario en la cámara baja no es muy distinto, aunque con una ligera ventaja para los Demócratas. Pero con poca claridad de qué puede pasar en los famosos estados bisagra, que generalmente definen el resultado final de la elección.

Esto nos lleva al componente local. En cualquier elección nacional, lo local es determinante, pero se suelen analizar poco los procesos a nivel estatal, donde es fundamental el tipo de candidatos que contenderán. El análisis de Fox solo toma como ejemplos Michigan, Iowa y Texas.

Pero en EUA, hay un tema estatal aún más relevante: el famoso y poco democrático gerrymandering. Esto se refiere a los procesos de redistritación electoral, que a diferencia de México, allá son hechos por los gobiernos y congresos estatales en turno, no por una autoridad electoral local o nacional.

Desde que regresó Trump, uno de sus principales objetivos es cambiar el mapa electoral local para darle más ventaja a los Republicanos. Como también en su momento lo han hecho los Demócratas.

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En esta ocasión, los estados gobernados por republicanos han tenido más éxito que los demócratas, logrando ventaja en entre 9 y 16 distritos, contra entre 4 y 6. Con la actual composición tan apretada de la cámara baja, estas diferencias serán un factor clave en los posibles resultados de noviembre.

Pero quizá lo más importante a considerar, más allá de encuestas y los datos, es que los Demócratas no han logrado una narrativa contundente para capitalizar los errores de Trump, ni han generado liderazgos suficientemente sólidos y con credibilidad.

Además, su crisis interna y de identidad los está llevando a radicalizarse al interior, lo que solo provoca errores importantes en la definición de líneas discursivas y en la selección de candidaturas.

Michigan, uno de los estados bisagra más importantes y fundamental en la relación con México, evidencia perfectamente esta realidad. Mañana martes será la primaria del estado, y la definición de candidatura para el Senado está resultando de alto riesgo.

Los radicales del partido a nivel nacional, como Sanders, Warren y Ocasio Cortez, impulsan a Abdul El Sayed, un candidato de ideas extremas que apoyó a Kamala, se opone a la solución de Dos Estados en Israel-Palestina, y busca la polémica universalización de la salud.

La Gobernadora Whitmer y el Senador saliente apoyan a la moderada Haley Stevens, con probado éxito electoral recuperando un distrito republicano, que impulsa la idea de buscar puntos comunes entre los polos, y de una necesaria reforma al sistema de financiamiento de campañas.

Michigan es un estado tradicionalmente “morado” (dividido entre ambos partidos), donde los extremos nunca han caído bien, y con característico voto diferenciado. La selección de candidatura debería parecer evidente si se entiende al electorado.

Esta problemática demócrata se ve a nivel nacional, con una preocupante tendencia de candidaturas de izquierda radical, como supuesta respuesta a Trump. Una fórmula claramente riesgosa.

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Esto se parece mucho a lo que hemos vivido en México desde 2018 con la 4T y la deficiente oposición. Ni partidos opositores ni los críticos de gobierno están preocupándose por entender a sus votantes; están más ocupados en radicalizarse contra el oficialismo que en ganar votos.

En ambos países pueden ser muy malos los gobiernos, pero mientras no haya una opción viable del otro lado, que entienda a su país y a su sociedad, con narrativa adecuada, liderazgos sólidos y credibilidad, la oposición seguirá de espectadora, mientras el oficialismo se mantiene, o incluso avanza. Con todas las implicaciones que eso tiene para la actual coyuntura bilateral.
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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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