Aunque no es el escenario ideal, es importante recordar que sí estamos ante uno de los tres escenarios previstos en el propio texto del T-MEC. En este caso, se tiene previsto que el T-MEC dure 10 años más, hasta 2036, con revisiones anuales o cualquier formato de revisión que acuerden los tres países.
También hay que recordar que, sea vía revisiones anuales u otro mecanismo de diálogo, este escenario permite que en cualquier momento los tres gobiernos, tras alcanzar los consensos necesarios, pueden acordar que se extienda el Tratado, por lo que no es un escenario fatalista.
El mejor escenario hubiera sido que los tres países decidieran extenderlo, al tiempo que trabajaran en resolver las diferencias y desacuerdos que se han tenido. Y, por supuesto, estaba el escenario de que alguno decidiera salirse, lo que le daría seis meses para materializar su retirada.
Vale la pena tener este contexto, porque a pesar de que esta revisión está resultando mucho más complicada de lo que quisiéramos, Estados Unidos no ha dejado de reconocer la importancia del T-MEC, aunque sí ha sido claro en que hay muchas cosas que no le gustan sobre su implementación.
Queda claro que hasta el momento Estados Unidos ha definido el ritmo de la revisión, incluso desde mucho antes con la imposición de aranceles, particularmente los 232. Y también queda claro que es el país que ha sido más vocal sobre sus inconformidades en varios aspectos, más de México que de Canadá.
Pero también es evidente que Estados Unidos no ha cumplido cabalmente con el T-MEC, desde su arranque. Su conveniente cambio de interpretación de las reglas de origen automotriz, que le quitan de 3 a 5% de capacidad de cumplimiento a México y Canadá, fueron motivo del primer panel del Tratado.
A pesar de haber pasado primero por el proceso de consultas, y después por un panel que finalmente le dio la razón a México y Canadá, Estados Unidos ha decidido no hacer caso de esa resolución, emitida desde diciembre de 2022.
Otro aspecto en el que, si bien no han violado propiamente pero sí han tenido abusos, es el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida. Un mecanismo en su momento impulsado por los Demócratas y los Sindicatos, y que Jesús Seade, con gala de impericia, aceptó sin chistar.
Este mecanismo, desde su diseño, fue inequitativo para México al no darle acceso parejo como lo tienen Estados Unidos y Canadá. Y ha servido de instrumento político a los sindicatos de Estados Unidos para intervenir en la vida sindical mexicana, respaldando a organizaciones muy poco transparentes.